Reflexiones sobre la manifestación de Barcelona del 8 de octubre.

Había mucha gente hoy en Barcelona en una manifestación de transversalidad; esto es, con la presencia de un amplio espectro de fuerzas políticas. Seguro que no fue cómodo para la militancia del PSC caminar con determinados gritos, personajes de la derechona y hasta con grupos de la extrema derecha. 

Pero, una vez que Podemos ha dejado de ser realmente puente hacia el diálogo tras su rebuscada posición final, con la alcaldesa de Barcelona, basada en legitimar la movilización-consulta del 1-O que daría pie, según sus convocantes, a una irresponsable y antidemocrática DUI, el PSC no podía aislarse y dejar de apoyar, con reservas evidentes, una manifestación en defensa del Estado de Derecho, la integridad territorial y la CE. 

Es cierto que nuestra posición -bien diferente del PP y C's - en favor del diálogo y la negociación no estaban recogidas en la convocatoria. Por eso tiene más mérito y resulta muy generosa la presencia de gentes del PSC y de Borrell, en particular, que estuvo muy acertado y valiente en su intervención final.

En todo caso, esta manifestación era una representación del pluralismo de la sociedad catalana y la oportunidad para dar cauce a la necesaria expresión del sentimiento de millones de personas en Cataluña que no son independentistas. No importa si en esa multitud había más o menos personas que en manifestaciones de otro signo. Esta no es la cuestión para resolver el dramatico conflicto que padecemos.

Pero sí es importante la manifestación ciudadana para hacer reflexionar a quienes quieren imponer la secesión por medio de una DUI. Y también para ayudarles a que se lo piensen dos veces antes de despreciar la sensatez y las consecuencias de semejante irresponsabilidad.

Me refiero a otra posible decisión ilegal de Puigdemont y del Parlament que no guarda similitud alguna con ningún caso de pueblos que hayan roto con el Estado al que pertenecían. Porque Cataluña no es una colonia, ni se encuentra en la situación de ataques a los derechos humanos que se vivía en Kosovo. Al contrario, tiene un autogobierno que se enmarca en un sistema democrático, aún soportando todas las debilidades de nuestro Estado de Derecho por culpa de Rajoy y con unas políticas antisociales del Gobierno del PP que combatimos desde el PSOE.

No es demócrata quien pretenda consumar la ruptura de la convivencia de este modo. Evitar la división de un pueblo exige la búsqueda de soluciones políticas desde el diálogo y la negociación, respetando las reglas de juego. Y si no gustan no cabe otra vía en democracia que luchar en el marco del Estado de Derecho para cambiar dichas reglas.

Los socialistas del PSOE, con Pedro Sanchez a la cabeza, estamos manteniendo una actitud de coherencia en la crisis constitucional que vivimos, en lo social, territorial y en el terreno de la regeneración política. Una crisis que es particularmente grave en Cataluña. Por eso defendemos, desde hace tiempo y casi en soledad, la reforma de la Constitución con propuestas concretas, la federalización del modelo territorial, la regeneración democrática y un proyecto programático alternativo al que representa Rajoy y el PP.

Existe un relato para la reconstrucción de España desde el nuevo PSOE. Y ello ha de ser motivo de confianza.

8 de octubre de 2017. 

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