El Gobierno Vasco extermina el Centro de Investigación sobre Envejecimiento.

Odón Elorza, Ex Alcalde de San Sebastián (1991-2011) 

Olga Rivera, Ex Viceconsejera de Calidad, Investigación e Innovación Sanitaria del Gobierno Vasco (2009-2013); 1a Presidenta del CNIE; Catedrática en Competitividad e innovación de la Universidad de Deusto.  

             Leemos en el B.O. del País Vasco la esquela del CNIE, que no muere de enfermedad natural, ni de vejez prematura, ni por dejar paso a proyectos con mayor capacidad de futuro. El CNIE no muere por falta de dinero, ni siquiera por falta de visión (o mejor cabría decir ceguera) de los máximos dirigentes de la investigación sanitaria del país. Muere porque su nacimiento está asociado a un Gobierno, el de Patxi López bajo la estrategia de cronicidad de Rafa Bengoa (asesor de Obama), cuya memoria se quiere borrar.

Schumpeter, el famosos economista vienés y profesor de Harvard, habló de la destrucción creativa como un proceso del que emerge la innovación. Lamentablemente no es este el caso de la destrucción del Centro Nacional de Investigación sobre el Envejecimiento (CNIE), uno de los proyectos-país y ciudad con mayor potencial científico, empresarial y de salud de los que se han abordado en Europa en los últimos años.

El CNIE nació en 2012 para ser una estructura científica de excelencia internacional capaz de avanzar los límites de la ciencia en el conocimiento del proceso de envejecimiento humano como fuente de la mayoría de las enfermedades crónicas que padecemos actualmente. Y en la investigación de cómo paliarlo e incluso evitarlo. El objetivo no era otro que aumentar a largo plazo, de forma sostenible, no sólo nuestra esperanza de vida -como hasta el momento- sino, sobre todo, nuestro tiempo de vida libre de enfermedad. El proyecto recabó fondos europeos y estatales (con Cristina Garmendia), y con el liderazgo del Departamento de Sanidad del anterior Gobierno Vasco.

El interés práctico del proyecto era innegable: el País vasco tiene la población más envejecida de Europa y más el 85% de nuestros recursos sanitarios se orienta a atender pacientes crónicos que ya no podremos curar. A la vez, la Unión Europea anunciaba la orientación de una cantidad ingente de fondos para hacer investigación capaz de aumentar en 2 años el tiempo de vida libre de enfermedad.

La ubicación del CNIE en Miramón-San Sebastián reconocía la posición única del sistema sanitario público vasco, así como se sus estructuras de atención social, para promover y orientar una investigación sobre el envejecimiento con datos poblacionales y una perspectiva de análisis de metadatos. No olvidemos que el período 2009-2012 vio la puesta en marcha de una estrategia de trasformación de nuestro modelo de atención sanitario y social, la Estrategia de la Cronicidad, que requirió dotar a los profesionales sanitarios y sociales de nuevas herramientas asistenciales.

Fue en esos años cuando se extendió al 100% de la población la historia clínica electrónica y la receta electrónica, se diseñó la historia socio-sanitaria, se realizó una estratificación del nivel de riesgo de la población capaz de resumir en un único indicador un conjunto muy complejo de datos de salud, se desarrolló la teleasistencia y la telemedicina, comenzaron a considerarse variables relacionadas con el estilo de vida como registros sanitarios de primer orden, y se pusieron en marcha más de 150 proyectos de innovación en el modelo de atención socio-sanitaria cuyo impacto en resultados de salud debía ser medido.

Toda esta inversión no sólo mejoraba la calidad y los resultados del sistema sanitario y social en su perspectiva asistencial; multiplicaba además de forma exponencial la calidad y cantidad de datos potenciales para la investigación. Este potencial investigador sin precedentes, unido a las infraestructuras de investigación bio-médicas, así como a entidades tecnológicas y sociales, y vinculado a la apuesta realizada por el gobierno de San Sebastián en 2011, generó una oportunidad única para la ciudadanía, para nuestro entorno científico y para nuestra capacidad de emprendizaje, tan sediento de áreas de oportunidad y desafíos de crecimiento.

El proyecto nació con padrinos de talla científica internacional- baste citar a María Blasco o a Valentin Fuster- que lo han acompañado hasta su último suspiro, centrado en proyectos de colaboración con equipos internacionales de larga trayectoria en el ámbito del envejecimiento como el Albert Einstein Institute, y con toda una línea de promoción y apoyo a los equipos locales que estuvieran trabajando en este ámbito, así como de atracción de talento internacional reconocido para investigar sobre la realidad del Pais Vasco.

En este tiempo se han dado hitos muy significativos en la investigación sobre el envejecimiento: en 2013 María Blasco publicó los 9 grandes procesos que influyen en el envejecimiento molecular en mamíferos. Blackburn, tras investigar los telómeros de más de 105.000 afiliados a Kaiser Permanente ha conseguido medir su edad biológica de forma consistente. En junio de 2015 se publicó un estudio sobre más de 1.000 neozelandeses de 38 años cronológicos, cuantificando su edad biológica... entre 28 y 61 años! Este estudio podríamos haberlo hecho nosotros en Euskadi, marcando con ello estrategias preventivas específicas para la población, de la misma forma que lo hicimos estratificando su nivel de riesgo.

Reflexionen con nosotros por qué el CNIE ha permanecido mudo todo este tiempo, y por qué un ejecutivo que dice defender nuestros intereses decide exterminar, sin transparencia, un proyecto estratégico ya nacido. Y hacerlo por muerte violenta, extinguiendo la Fundación CNIE y descabalgando con ello a Euskadi de su papel pionero en un área incipiente con capacidad de liderazgo mundial. Si creen que este centro y su potencial de investigación y captación de recursos públicos y privados debe desarrollarse en Euskadi, no duden en firmar esta declaración. El CNIE no descansa en paz. (https://goo.gl/forms/xSAkzT3qVtJ5QOox2)

Publicado hoy en El Diario Vasco, San Sebastián a 29 de julio de 2016.

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