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Desde mi experiencia municipalista. Reflexiones para un día como el de hoy.

En tal día como hoy, superadas las tensiones tras el Pleno de constitución de la nueva Corporación, y cuando iniciaba un nuevo mandato municipal como alcalde de San Sebastián, sentía la necesidad de evitar que al día siguiente, de vuelta al despacho, todo fuera igual.

Debía replantearme tareas, quería reemprender el camino con más fuerza y siendo menos sectario, con una visión de la ciudad más abierta, con ideas y proyectos innovadores mejor planificados desde el reinicio, con cambios en favor de una relación más cordial con la oposición, con las personas de mi grupo y con la ciudadanía. Me recordaba la noche de cada 31 de diciembre.

Los buenos propósitos me empujaban a intentar reinventarme para los próximos cuatro años, consciente de que el paso del tiempo te puede ir quemando ante la ciudadanía. Buscaba cómo alimentar mi pasión municipalista con nuevas ideas para disfrutar más del cargo y contagiar de ilusiones a la ciudad. En mi caso, la gestión en San Sebastián estaba muy mediatizada por los atentados de ETA y mi sueño, una utopía, fue siempre que en aquel nuevo mandato se acabara el terrorismo. Esto no lo conseguí a tiempo.

Los primeros días, las primeras semanas eran decisivas para poner a prueba aquellas intenciones. Para contar con un programa de gobierno trabajado de forma participativa y deliberativa con otros grupos políticos y colectivos ciudadanos, para situar a las personas más idóneas en cada delegación, para sorprender a la oposición con una generosidad democrática en la negociación de las tareas de la Gobernanza. Más aún si para gobernar con mayoría absoluta tenía que pactar el gobierno local a dos o tres bandas. El reto era hacer de la necesidad virtud.

Los gestos humanos pendientes, los deberes incumplidos por arriesgados era mejor empezar a hacerlos, bien medidos, al principio del mandato. Sin esperar a que nadie te obligara a ello más adelante. Para conseguirlo sabía que debería ir acompañado de algunas consultas y de complicidades.

Por último, me parecía muy importante fijar como objetivo el adelantarme a la explosión de los problemas, con iniciativas que pudieran ser compartidas, con una relación más personal con los adversarios políticos, con los altos funcionarios responsables del Ayuntamiento y con representantes del universo de la ciudad. Para ello tendría que buscar los momentos y usar la distancia corta.

Se trataba de incorporar el hábito de invitarles a tomar un café distendido y dialogar. Algo que solo se puede hacer bien cuando crees que le has cogido el punto al significado de ser alcalde de una gran mayoría. Si lo haces bien, te dará más legitimidad, más fuerza moral y encontrarás mayor respeto a los ojos de los demás.

En aquellos 20 años como alcalde, solo alcancé una parte de mis propósitos.

Hendaia 15 de junio de 2019

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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