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Diez meses con un gobierno en funciones.

El escenario, si se produce, es una temeridad. España no habría podido afrontar, como mínimo durante diez meses - sí contamos de abril a enero - los problemas acumulados y que son propios de la gestión de un gobierno con todas sus atribuciones.

Esto sucedería en el caso de tener que acudir a unas elecciones anticipadas el 10 de noviembre. Pero ya hemos perdido demasiado tiempo, de manera que todos los partidos tenemos la responsabilidad de evitar que continúe el bloqueo en la formación de un gobierno de progreso según la voluntad reiterada en las urnas.

A los problemas internos pendientes de las pensiones, la necesidad de unos presupuestos sociales, la reforma laboral, la situación imprevisible que provocaría la sentencia sobre el procés, las nuevas políticas fiscales y la financiación de las autonomías, se añaden la incertidumbre económica que provoca la amenaza de la recesión - en parte, por las guerras comerciales -, un Brexit duro y nuestro papel en la UE, las respuestas urgentes a los desafíos globales de la crisis climática y la transición energética, así como la otra crisis que sufre EUROPA por su falta de cohesión ante el fenómeno de las migraciones o ante el crecimiento del populismo antieuropeo.

Este panorama exige de inmediato un gobierno de progreso con Pedro Sánchez a la cabeza. La simple posibilidad de que unas nuevas elecciones no resolvieran las dificultades de la aritmética parlamentaria surgida de las elecciones del 28A, que viene afectando a la obtención de alianzas y acuerdos de investidura, me resulta trágica para los intereses del país y de la ciudadania. Además, provocaría más desafección política de la sociedad, descrédito de políticos y partidos, junto al debilitamiento de la democracia y una mayor desconfianza hacia sus principales instituciones.

El plazo final de la investidura se acorta y la sensación de vértigo y desánimo se acrecienta en la calle. Especialmente entre los sectores que esperaban, con ilusión, un entendimiento entre el PSOE y UP, con una u otra fórmula, para sacar el país adelante y frenar el asalto a La Moncloa del Frente Nacional.

Conociendo la probada irresponsabilidad de las tres derechas y su programa de involución, corresponde a los partidos de izquierda junto a otras fuerzas de progreso afrontar, con generosidad y realismo, el diálogo y la negociación para superar un bloqueo parlamentario que si continúa nos llevaría a una crisis política de consecuencias incalculables.

Nunca fue tan necesario practicar a fondo la cultura de pacto. Sobre todo frente a las incertidumbres que plantean unas elecciones anticipadas al 10N a la hora de hacer posible un Gobierno de progreso, fuerte y estable. Nadie sabe realmente, ni siquiera las encuestas, el panorama político que nos podemos encontrar en enero de cara a una investidura. 

Odón Elorza / Diputado del PSOE por Gipuzkoa

San Sebastián, 31 de agosto de 2019.

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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