Un Parlamento con máscaras y mascarillas.

La crisis desatada por el coronavirus dejará en España y medio mundo un panorama plagado de incertidumbre con miles de personas fallecidas, muchas preguntas sobre la capacidad de resistencia de los sistemas sanitarios, efectos sociales que incrementarán la desigualdad y el desempleo y pérdidas económicas cuantiosas con cierre de miles de empresas. Aún no ha acabado la pandemia global y no sabemos qué sucederá en Africa y si podría afectar como un rebrote a España.

Mientras, el tono y el fondo de las intervenciones de VOX y PP que escuchamos en los debates de los Plenos con el Presidente Pedro Sánchez y el conjunto del Gobierno, no presagian nada bueno. Porque afrontar los efectos del COVID-19 exigen, como única respuesta politica, una nueva dinámica parlamentaria basada en la búsqueda de consensos lograr grandes pactos, en especial sobre un presupuestario plurianual que haga posible la recuperación de España.

Pero ello resulta una quimera si continúan prevaleciendo las actitudes partidistas y la intoxicación de la vida pública. Son tiempos muy duros para la inmensa mayoría de la población que exige de los políticos unidad, lealtad, renuncias de las partes con generosidad y altura de miras.

Las máscaras y las mascarillas deben desaparecer lo antes posible del escenario parlamentario. Las primeras ocultan sectarismo, crispación y odio unido a tentaciones neogolpistas; todo lo contrario al interés general. Las mascarillas se retirarán algún día gracias al esfuerzo colectivo y al éxito de las medidas acordadas para vencer al virus con el sacrificio y gran trabajo de los profesionales de la Sanidad y Seguridad públicas.

Harán falta grandes acuerdos entre los grupos políticos para fortalecer los pilares del Estado de Bienestar porque la salida de esta crisis no puede repetir lo ocurrido en la crisis económico-financiera de 2008 que se saldó con recortes sociales, paro y precariedad y un mayor enriquecimiento de las élites.

Ahora no se puede repetir semejante error. Lo que obliga a pactar, en medio de una crisis politica desconocida por la presencia tóxica de la extrema derecha, una transición justa hacia la reconstrucción económica y social en el marco de la transición energética, sin olvidar que tenemos que reducir la brecha digital y ganar la difícil batalla de la cooperación solidaria de la Unión Europea. 

Además, en un Estado compuesto es necesario que los acuerdos se trasladen, también, al ámbito de los Ayuntamientos y las CCAA para sumar esfuerzos económicos y avanzar todas las instituciones en la misma dirección. Todo ello debiera hacerse poniendo en valor la importancia de lo público y manteniendo la defensa del interés común.


Odón Elorza / Diputado del PSOE por Gipuzkoa.

San Sebastián, 10 de abril de 2020 / Versión actualizada de la publicada en InfoLibre.

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

Copyright © 2014 - 2018 - Odón Elorza. Todos los derechos reservados.