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El coronavirus debe cambiar los hábitos de compra y consumo en España.

Las duras semanas de confinamiento en los domicilios, consecuencia del coronavirus, han traído una serie de reflexiones sobre nuestros hábitos de vida, las prácticas de compra y consumo poco sostenibles y, a la vez, enseñanzas sobre la necesidad de asumir nuevos comportamientos en defensa de la comunidad de sentimientos e intereses de la que formamos parte.

El escenario provocado por el COVID-19 nos obliga a buscar una salida justa y sostenible a una crisis que, formando parte de las crisis globales interrelacionadas que amenazan el planeta, ha generado graves daños a la economía y un aumento de la precariedad. Llegan tiempos duros para el empleo, la subsistencia de miles de familias y el conjunto de la economía española.

Vivimos un tiempo propicio para que, desde las diferentes administraciones, organizaciones sociales, económicas y empresariales, en una acción concertada, intenten concienciar a la población para que sepa valorar las ventajas de comprar mercancias, productos y alimentos de proximidad y de marca nacional. También es preciso animar a la elección de destinos turísticos en nuestro país para reconstruir un sector clave.

No se trata de dificultar la libre elección de la ciudadanía ni de obstaculizar el libre comercio y los acuerdos internacionales existentes. No se plantea poner sobre la mesa medidas proteccionistas, como establecer restricciones, imposición de aranceles o barreras comerciales. Se trata de fomentar la compra del producto propio y las ofertas en el mercado de nuestras empresas frente a lo que ha sido, hasta ahora, una compra más despreocupada sobre el origen y la marca del producto.

También tiene que haber una respuesta racional ante la poderosa campaña publicitaria de ofertas por parte de grandes plataformas on line, comerciales y tecnológicas, que han incrementado mucho sus ventas a través de internet y que a día de hoy dichas plataformas tributan cantidades anormalmente reducidas a nuestras Haciendas. Porque eluden sus obligaciones fiscales.

En su día, se produjo la deslocalización de empresas en la búsqueda de rebajar el coste de la mano de obra y aumentar los beneficios. Esa tendencia se incrementó con el avance de la globalización que ha aportado ventajas pero también inconvenientes. En ese sentido, con la pandemia global hemos constatado que la producción de equipos sanitarios de protección personal había quedado en manos de países que monopolizan el mercado internacional, con lo que ello supone de inseguridad, guerra de precios y riesgo de desprotección en la defensa de la población. Esta dependencia del exterior ha llevado al Gobierno a gestionar la capacidad de diversificar su producción por parte de fábricas españolas para atender nuestras necesidades urgentes de EPIs.

Hay una buena parte de la ciudadanía que, en materia de consumo, no tienen más opción, por razones de capacidad adquisitiva, que acudir a la compra del producto más económico. No tiene la posibilidad de valorar su origen ni el beneficio que se queda en nuestro país ni la responsabilidad social corporativa de la empresa ni la calidad real del producto ni su condición ecológica o los impactos al medio ambiente.

La marca España tiene la oportunidad de fortalecer sus objetivos para afianzar la calidad del producto, la transparencia de su trazabilidad y la mejora de la competitividad. Pensamos en los productos agroalimentarios de proximidad, ropa, equipamientos personales, mercancias diversas, destinos turísticos o tantos otros ejemplos. En función de la elección se ayudaría a reactivar la economía local y nacional. Esto significa ayudar a los agricultores y productores del territorio así como a las empresas españolas o radicadas en España que pagan con regularidad sus impuestos. Y conviene no olvidar el papel dinamizador que juega en las ciudades el pequeño comercio, acosado por las grandes superficies y la venta por internet.

Por tanto, tenemos que conseguir que sectores más numerosos de la población se habitúen a conocer y buscar en sus compras el origen de los productos y a valorar la compra preferente del producto de proximidad y de mercancías de marcas nacionales. El objetivo ha de ser, también, el de educar en un consumo responsable y sostenible, una enseñanza imprescindible para afrontar el reto de la supervivencia de la humanidad.

Son necesarias campañas de las administraciones para que el consumidor tenga en cuenta más criterios en sus compras, de modo que su elección no se centre únicamente en el precio de las cosas. Ha de ser consciente de que, de esa manera, ayudaría a reactivar la economía local y nacional para crear empleos, manteniendo el pequeño comercio y apoyando el producto de nuestras zonas agrícolas y sector industrial. El COVID-19 nos obliga, además, a adoptar una posición activa en defensa de la sostenibilidad y la reducción de los impactos medioambientales.

 

Odón Elorza / Diputado del PSOE por Gipuzkoa

San Sebastián 1 de mayo de 2020 / Publicado en InfoLibre el 3 de mayo de 2020.

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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