Ernest Lluch: el hombre que se atrevió a dialogar.

ETA dinamitó, hace 20 años, el mejor puente para el diálogo sobre el problema vasco. Ernest Lluch se jugó la vida al convertirse en un “político peligroso” para los terroristas. Peligroso porque desde la palabra y el diálogo trataba de convencer a los sectores con más perfil político en el mundo de la izquierda abertzale - el entorno de ETA - que en el autogobierno estaba la solución al llamado conflicto vasco y que el terrorismo nunca ganaría a la democracia ni obtendría ventaja alguna tras provocar tanto sufrimiento.

Pero también resultaba un socialista incómodo para algunos dirigentes del sistema político porque era un hombre inquieto y hablaba con libertad, rigor y audacia. Lluch había dejado el ejercicio de la política para trabajar en la Universidad, tras su gran labor como Ministro de Sanidad en el Gobierno de Felipe González entre 1982 y 1986.

Ernest Lluch investigó y estudió en su condición de intelectual, dialogó sin miedo con expertos y gentes muy diferentes del nacionalismo vasco, hasta plantear una tesis sobre el constitucionalismo útil para dar una salida constitucional al problema vasco y lograr la total deslegitimación del terrorismo ante su mundo radical. Algunos de aquellos con los que practicó el diálogo, hoy están al frente de BILDU haciendo política. Por su parte, ETA se vio obligada a reconocer en 2011 su derrota sin condiciones.

Tuve la fortuna de conocer bien al profesor Lluch, de hablar horas o mejor dicho de aprender escuchándole hablar de todo. Sus muchos amigos sentimos, desde entonces, una gran orfandad política. No ha sido un político reemplazable. Nadie ha alcanzado su autoridad moral, su dimensión humana, su generosidad intelectual y las ganas de saber y de buscar soluciones a los problemas, ni la sencillez de un ex-ministro que viajaba en la litera del tren, ni su honestidad personal.

Trabajador infatigable, investigador, profesor humilde enamorado de la labor docente, melómano y persona de gran cultura mantenía una relación de intenso cariño con la Euskadi plural llevado por su afán de encontrar respuestas.

De ahí que se atreviera, en un gesto de audacia, a explicitar la teoría de los derechos históricos y la foralidad liberal, de la mano de su amigo Miguel Herrero de Miñón, para "hacer posible una lectura y un desarrollo de la disposición adicional de la Constitución que permitiera un Pacto de Estado sobre un marco jurídico actualizado y pensado para la Europa del siglo XXI".

El Profesor Lluch era un socialdemócrata consecuente y catalanista, ejerciendo como un defensor de la Constitución de la que siempre buscaba alguna puerta para tratar de resolver el problema vasco. El político federalista, habría advertido a tiempo y de manera tenaz a los hombres de estado, a la ciudadanía catalana y a la sociedad española del riesgo de fractura en Cataluña.

Lo dijo muchas veces sobre Euskadi: "la situación no se arreglará sin la práctica del diálogo político. Porque la estrategia del enfrentamiento desde posiciones frentistas, con el aislamiento de los sectores de población más moderada, no hará sino imposibilitar una salida".

Nos queda la memoria de otra víctima del terrorismo que, por una vez en su vida, se exaltó en público, de puro entusiasmo, en aquel acto de paz que celebramos al inicio de mi campaña a las elecciones municipales, en mayo de 1999, en la donostiarra Plaza de la Constitución. Ocurrió al lado de su querida librería Lagun y aguantamos la lluvia de insultos y amenazas de la gente de HB. Vivíamos días de tregua -la alimentada por Aznar que puso en marcha el acercamiento de presos- y Ernest creía que Otegi conduciría a "aquella tropa" al abandono del terrorismo. Su deseo se adelantó a los tiempos.

En agosto de 2000, Ernest Lluch se sentía inquieto por la intensa actividad terrorista de ETA. De hecho había pedido escolta para andar por San Sebastián pero el Gobierno del PP se la había denegado. Me lo contó y no daba crédito.

Me lo imagino hoy, en plena pandemia, con los fondos de ayuda de la UE pendientes de los excesos de gobernantes ultras y atareado con sus investigaciones a modo de ratón, no de bibliotecas sino de internet. Y muy preocupado, en esta época plena de amenazas para la democracia, ante la expansión del trumpismo autoritario, los problemas y contradicciones de la globalización, la gestión de la transición ecológica y digital, la corrupción sin limites, el crecimiento de las desigualdades y la pobreza, los populismos extremistas, la reforma pendiente de la Constitución y el conflicto en Cataluña o la amenaza del yihadismo.

Lluch estaría inquieto, organizando debates en la universidad y en foros cívicos, promoviendo trabajos de investigación, escribiendo reflexiones libres con conocimiento y aportando rigor y pedagogía en las tertulias -lo que ahora falta- sobre las causas y posibles soluciones para cada conflicto. Le echamos de menos; también su atrevimiento y espíritu crítico. 

 

Odón Elorza / Diputado Socialista por Gipuzkoa

San Sebastián 21 de noviembre de 2020.

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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