La calidad de la democracia en España.

De repente, en medio de la tensión electoral catalana, se reparten bofetadas y descalificaciones de manera improvisada en una polémica desenfocada sobre la calidad de nuestra democracia. Sin embargo, la creciente desafección ciudadana hacia la politica y los políticos, sumada a los recientes acontecimientos en USA que desembocaron en el asalto al Capitolio, como una tentativa golpista del trumpismo contra la democracia, debieran llevarnos a un debate sosegado y riguroso, huyendo tanto de la autocomplacencia como del derrotismo.

De entrada, no conozco ninguna democracia en el mundo (y no son demasiadas) que sea perfecta y no aspire a mejorar sus mecanismos y resolver carencias. Aunque se puede hablar de grados en la calidad de la democracia, los análisis y evaluaciones de numerosos organismos no son siempre coincidentes con la percepción de la sociedad ni suficientemente aclaratorias.

El semanario británico The Economist en su informe “democracy index” de 2020 sitúa a España en el puesto 22 entre 167 países, con 8,29 puntos (bajando seis puestos respecto del año anterior) y dentro del bloque que esta entidad considera como “democracias plenas”. Llama la atención que a partir del puesto 24, con solo unas décimas menos, se inicia el bloque de las “democracias imperfectas” que incluye, entre otros, a Francia, Portugal e Italia. ¿Imperfectas? Desconozco el baremo que utiliza The Economist para esa división. 

Por su parte, la Fundación Alternativas, en su Informe de 2019 realizado por expertos sobre el índice de la democracia en España, otorga una puntuación de 6,1 a una democracia que considera consolidada formalmente pero con fallos estructurales, advirtiendo que tiene un largo recorrido en el terreno de los aspectos sustanciales y señalando sus debilidades. 
[https://www.fundacionalternativas.org/public/storage/publicaciones_archivos/d994940308e236897d22a70475c6fefb.pdf ]

Cuestión diferente sería la percepción ciudadana. Así, el CIS recogía en su encuesta de mayo de 2019 el grado de satisfacción -en una escala de 0 a 10- con el funcionamiento de la democracia por parte de la ciudadanía, con un 32% de insatisfechos, un 45% de satisfechos y un 19,5% que se situaban en el valor 5, a mitad de la escala. En otra encuesta, de septiembre 2018, el grado de satisfacción alcanzó el 42,6% mientras que la insatisfacción era de un 54,8%. Sin duda, se producen opiniones cambiantes en función de la realidad política y económica del momento.

Estoy convencido de que los demócratas queremos seguir perfeccionando los mecanismos y estructuras de la democracia, favoreciendo el diálogo parlamentario, ampliando las libertades, la igualdad, integridad, transparencia, participación, cohesión social y territorial. De esa manera aumentará la confianza de la sociedad en un sistema que sirve para ordenar mejor nuestra convivencia, organizar la defensa de los intereses generales y fijar las bases del Estado de Derecho.

Para fortalecer la democracia es muy importante la forma de entender y ejercer la política por parte de los políticos y los partidos. En este punto hay que distinguir las diferentes actitudes de las organizaciones politicas. Me refiero a aquellos comportamientos que atacan los valores democráticos y se vinculan con el desprecio a la práctica del diálogo, la utilización de la mentira como arma de respuesta, la gestión institucional ineficiente de los bienes y servicios públicos, la actitud condescendiente con la corrupción y el ejercicio de estrategias de odio y confrontación para polarizar aún más la sociedad. Todo ello perjudica a la democracia. 

Tenemos que fortalecer la democracia cada día, conscientes de que su salud está vinculada a la capacidad del Estado Social, con todas sus administraciones, para resolver conflictos y atender a tiempo buena parte de las demandas y necesidades ciudadanas en un tiempo de crisis económica e incertidumbres.

En conclusión, no olvidemos que defender la democracia exige un activismo colectivo para responder a amenazas como la corrupción, la creciente desigualdad, el trumpismo populista y ultranacionalista, la desinformación, la ausencia de consensos parlamentarios, la ruptura de la legalidad constitucional y el debilitamiento del principio de la separación de poderes.

San Sebastián 12 de febrero de 2021

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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