El caso Hasél y los riesgos de una explosión social.

Pongamos atención al proceso de desesperanza y radicalización -no hablo de un proceso de violencia- que se está dando entre la juventud ante los efectos de la pandemia en el empleo precario de los jóvenes, las limitaciones que impone el virus a sus hábitos de sociabilidad y las incertidumbres que provoca el sistema en sus proyectos de vida. La pandemia dificulta aún más su emancipación en base a un trabajo estable, conseguir una vivienda a precio razonable o aspirar a alcanzar pensiones dignas. 

Los jóvenes violentos no dejan de ser una minoría. Pero los problemas que aquejan a la juventud vienen desde la crisis de 2008, de ahí que el malestar general y la desconfianza hacia el sistema y las instituciones se ha extendido entre los jóvenes en medio de una bronca política agotadora para la sociedad española que supone un pésimo ejemplo para afianzar la convivencia democrática ciudadana. En paralelo, 
asistimos al avance de los discursos populistas ultranacionalistas con sus dosis de desinformación y discursos plagados de mentiras. 

Algunas personas jóvenes aprovechan hoy la bandera de la libertad de expresión para convertirla en una válvula de escape a su enfado. Pero digamos una y mil veces que la libertad de expresión en una democracia no se defiende con actitudes injustificables de violencia y vandalismo callejero. Y menos aún pueden utilizar la violencia en nombre de la cultura.

Hoy es la prisión para Hasél, o mejor dicho la defensa de la libertad de expresión con toda su complejidad, mañana puede ser una movilización para denunciar el proceso de precariedad que sufren los jóvenes con una tasa de paro insostenible que se acrecienta por el impacto de la pandemia en una generación que se puede perder, o incluso podría darse una respuesta ante el hartazgo por la corrupción.

Vivimos en medio de una tormenta política perfecta, con problemas muy serios que pueden convertirse en la chispa que genere, con ayuda de los discursos populistas, una explosión social.

La cuestión reside en cómo responder desde la política para que la radicalización de la juventud no se convierta en irresoluble. Se trata de sacar el país adelante, haciéndolo con responsabilidad, ética democrática y una gestión eficiente y transparente de los recursos presupuestarios asignados a políticas públicas y de los fondos europeos destinados a la recuperación social y económica.

Atravesamos un tiempo político con demasiadas turbulencias, tanto en España como a nivel global. Ante ello, todas las fuerzas democráticas deben colaborar para superarlas, fortaleciendo la democracia en vez de crispar más la vida política en las instituciones, en la calle o en las redes.

Para que pasen las turbulencias, nada como cumplir los compromisos de un gobierno de coalición de izquierdas que tiene la responsabilidad histórica -que es a la vez una gran oportunidad- de saber gestionar una situación plagada de emergencias, aplicando medidas dirigidas a reforzar la cohesión y los valores de una democracia que ha de seguir avanzando y perfeccionando.

En esta coyuntura, una ruptura del Gobierno de coalición supondría entregar el poder a la extrema derecha.

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

Copyright © 2014 - 2018 - Odón Elorza. Todos los derechos reservados.