Las vacunas : ¿son un bien de negocio o un bien público universal?

Hemos superado los tres millones de muertos y ciento cuarenta millones de personas contagiadas del virus COVID-19. La pandemia ha provocado un escenario de emergencia planetaria inimaginable y su erradicación llevará tiempo. Porque inmunizar con celeridad a toda la población del planeta exige trabajar con una estrategia de solidaridad humanitaria y cooperación global por parte de los Estados y  Organizaciones Internacionales como la OMS y la OMC.

Esta pandemia y sus consecuencias en la salud y la economía se verán mitigadas en los países occidentales si se cumplen las previsiones de las campañas de vacunación. Pero esto no basta porque más allá de la razonable prisa de los Estados más fuertes por inmunizar a su población, el  VIRUS SOLO SE CONTROLARÁ cuando todos los países accedan masivamente y sin demoras a las vacunas. No olvidemos que en los próximos meses y años, ante la aparición de nuevas variantes más agresivas del virus en cualquier rincón del planeta o para reforzar la eficacia de las anteriores vacunas, ya dicen que habrá que seguir administrando miles de millones de vacunas de segunda generación.

Debe quedar claro que acelerar la derrota del coronavirus requiere una producción masiva de vacunas, lo que exige la colaboración de las grandes farmacéuticas, hoy preocupadas por evitar la menor competencia y acogiéndose para ello a los derechos de exclusividad de producción y de propiedad intelectual que les otorgan las patentes reguladas por la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Con millones de vidas en juego, la vacuna no puede convertirse en un bien de negocio ni en objeto de puja, como sucedió al inicio de la pandemia con la compra de los equipos de protección para personal sanitario, respiradores y materiales de protección para la población. En situaciones de pandemia los intereses de la salud pública deben prevalecer sobre los derechos exclusivos de producción que conllevan las patentes. Si bien, la normativa de la OMC también contempla medidas de acción como la concesión de licencias obligatorias por cada Estado a terceras empresa para ampliar la producción de vacunas y cabe también una suspensión temporal de los efectos de las patentes.

En este escenario, el lobby farmacéutico, que funciona como un oligopolio, no está respondiendo con actitudes claras de colaboración a las iniciativas de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Es el caso del programa solidario COVAX para recibir vacunas y financiación de los Estados más fuertes y de las farmacéuticas con el fin de acelerar el suministro gratuito de vacunas seguras y eficaces a los países del Sur.

Con la creación de un “banco voluntario” o C-TAP la OMS quiere recoger información voluntaria sobre tratamientos, tecnología de las vacunas, datos de los ensayos, etc; en definitiva,  conocimientos que aporten las farmacéuticas así como otros laboratorios, investigadores y universidades. De ese modo podrían ser accesibles y compartidos por todos los países que necesiten y tengan infraestructura para producir vacunas con garantías de calidad.

La OMC es partidaria de una flexibilización de los derechos de producción exclusiva que otorgan las patentes. Supone una tercera vía que prima los acuerdo entre los Estados y las farmacéuticas para aumentar el mecanismo de la cesión de licencias voluntarias (que no sean restrictivas y excluyentes hacia otros países necesitados de vacunas), incluida la transferencia de tecnologías, a todos los laboratorios capacitados en países del Sur. Se trata de utilizar toda la capacidad de fabricación global existente y la posterior exportación de vacunas a otros países incapaces de producir vacunas por sí mismos.

Las farmacéuticas, en medio del drama de la pandemia, no pueden seguir buscando su beneficio y protegiendo con celo la exclusividad de la producción. Esa actitud miserable puede desencadenar el mecanismo legal de la concesión de licencias obligatorias, con indemnización a las farmacéuticas titulares de las patentes. Ún vía legal, posible pero lenta, contemplada en el artículo 35 de los acuerdos ADPIC de la OMC sobre propiedad intelectual.

Mientras, crece un fuerte movimiento en favor de una medida más radical pero con riesgos. Lo apoyan un gran número de países en vías de desarrollo, personalidades con premio Nobel, ex altos mandatarios políticos y las más importantes organizaciones humanitarias. Solicitan a Biden, a la Unión Europea y a los Estados miembros de la OMC que suspendan temporalmente los derechos de propiedad intelectual de las patentes para permitir copiar y conseguir la máxima producción de vacunas. Añaden, además, que destacadas farmacéuticas ya obtuvieron importante financiación pública para las fases de investigación y ensayos de las vacunas y ahora siguen firmando contratos monopolísticos. Pero ese proceso de suspensión de patentes no es nada sencillo de materializarse si las farmacéuticas se cierran a compartir todos los conocimientos.

Por cierto, el nuevo contrato de compra de 1.800 millones de dosis de Pfizer que ha negociado -por un importe desconocido- la Presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, debiera ser absolutamente transparente y recoger cláusulas de condiciones a las farmacéuticas que garanticen aumentar la producción mediante nuevas concesiones de licencias con transferencia de conocimientos, permiso de exportaciones a las terceras empresas productoras en los Estados del Sur y un precio justo.

Si la solución consiste en una producción masiva de vacunas, la disyuntiva no puede estar entre negociar con las farmacéuticas o confrontar mediante la suspensión temporal de las patentes. Tiene que haber una estrategia acordada en la OMC que combine diferentes líneas de acción. Esto es; la denuncia pública de las ONG’s, la presión de los Estados y la negociación con las farmacéuticas sin ceder en premisas básicas . Y si esta combinación no fuera posible a corto plazo, optar por la aplicación de medidas drásticas que requieren el consenso en la OMC de los Estados más fuertes y luego un tiempo para desarrollar con garantías el proceso de producción de genéricos.

Nos enfrentamos a un reto para toda la humanidad, un esfuerzo y compromiso real de solidaridad que resulta obligado. De lo contrario, la historia juzgará duramente a la UE y USA. 

 

Odón Elorza / Diputado del PSOE por Gipuzkoa

San Sebastián 25 de abril de 2021 / Publicado en El Diario Vasco / Actualizado el 8 de mayo. 

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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