Una valoración autocrítica de los resultados del 4M.

Cuando el PSOE se lanzó junto a C’s a presentar las mociones de censura en Murcia y Castilla y León, algunos estaban convencidos del éxito de la iniciativa. ¿Fue ingenuidad o un error de cálculo no valorar las malas artes que podía utilizar el PP ante un partido en proceso de descomposición? En todo caso, aquella operación de desalojos llevaron a Diaz Ayuso a tomar la delantera y convocar elecciones en la Comunidad de Madrid, conocedora de encuestas favorables.

El resultado final se consumó el 4M y el balance es un desastre. Para el PSOE y para la política democrática. En especial, tras lo ocurrido en la Asamblea de la Comunidad de Madrid donde el PSOE pierde 13 escaños, pasando de 37 a 24. Siete escaños han ido a parar a las otras izquierdas, produciéndose el increíble y meritorio sorpasso de Más Madrid sobre el PSOE, y otros seis pasan al PP, sin lograr rascar ningún voto de C’s como se pretendía al inicio de la campaña.

La pérdida socialista de 10 puntos (pasa de un 27 al 17% de voto) obliga a una reflexión abierta, sincera y autocrítica sobre las razones de la derrota y los errores concretos cometidos.

La ciudadanía arrastra una fatiga pandémica por los efectos del virus en el empleo y en la vida de las personas por las lógicas limitaciones a la movilidad personal. Pero, además, la contienda electoral se ha producido en un escenario muy polarizado y con una Presidenta nacional populista e irresponsable, acostumbrada a lanzar en tiempos duros los mensajes frívolos que un sector de la población quiere escuchar.

Se ha constatado que valores como el bien común, la fortaleza de lo público, la solidaridad humana, la equidad fiscal, la responsabilidad y una gestión transparente han decaído ante el más puro individualismo y la defensa de una falsa libertad para tomar cañas a cualquier hora y moverse a placer. Hoy, la idea de libertad ha sido ridiculizada y secuestrada por la caverna de Génova, por los liberticidas. Sin embargo, nos han barrido.

En ese escenario, no hemos logrado que el debate en la calle se centrara en la alternativa que ofrecía el PSOE a la ciudadanía de Madrid sobre un gobierno y modelo de sociedad que proteja la vivienda social, la sanidad pública, la educación para todos y una fiscalidad progresiva frente a la política ultraliberal de Ayuso.

La propuesta para mejorar la vida de las personas con políticas públicas quedó desdibujada y oculta entre las ocurrencias y el carisma de Ayuso, la confrontación interesada con Sánchez y el trazo grueso de la forzada disyuntiva “fascismo o democracia”. En definitiva, el marco de juego electoral fue el que interesaba a la extrema derecha y al PP. Es más, si releemos las fallidas previsiones de la encuesta del CIS, realizada con entrevistas telefónicas los días 19 y 20 de abril, la campaña nos ha hecho perder votos.

Son tres cuestiones - una alternativa difusa, la fatiga pandémica y una campaña crispada y con un guión cambiante para los socialistas - las que han podido pasar factura al PSOE con la candidatura de Ángel Gabilondo, un hombre que algunos veían como culto y serio, soso y aburrido. En realidad se trata de un político responsable, honesto y poco amigo de frivolidades y tanganas. Pero es sabido que de la derrota se huye como de la peste. Quizás por ello el donostiarra/madrileño Gabilondo “compareció solo” la noche del 4M.

Tras los resultados, toca analizar con calma lo sucedido y reflexionar sobre los cambios a introducir, contando con la participación activa de la militancia, como recoge el modelo de Partido Socialista aprobado en el 39 Congreso. Para relanzar el proyecto Socialdemócrata, elegir nuevos liderazgos y acordar la estrategia a desarrollar en los próximos dos años. De esa manera, el PSOE de Madrid saldrá más sabio, más cohesionado internamente y en plena interacción con la sociedad.

Estos resultados se producen con una gran participación electoral. Por eso considero que no hemos sabido transmitir lo que estaba en juego ni motivar suficientemente el voto en torno a un modelo de sociedad y de valores democráticos que nos permita combatir las desigualdades, la precariedad y a la vez profundizar en una democracia participativa y recuperar la economía para crear empleo de calidad. Lo cierto es que tampoco hemos podido capitalizar las acciones del Gobierno para crear un escudo social. Pero no nos resignamos.

 

Odón Elorza / Diputado del PSOE

Publicado el 7 de mayo de 2021 en El Obrero.

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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