La pandemia y el sufrimiento de millones de personas no nos han hecho mejores.

Siento la necesidad de reflexionar en este blog, aún a riesgo de equivocarme o de no ser bien comprendido. Hecho en falta debates de altura, constructivos y creativos en un Parlamento que, sin dejar de efectuar por la oposición el control y la crítica debida al Gobierno, acoja debates respetuosos y propuestas que sirvan para sacar este país adelante frente a los retos e incertidumbres que constituyen la auténtica preocupación ciudadana.

Sin embargo, aumentan la crispación política y los discursos de odio en el Congreso que asiste a hechos tan graves como el bloqueo, por parte del PP, de la renovación del Tribunal Constitucional y del CGPJ.

Porque hemos convertido nuestro Parlamento en un recinto ruidoso y tremendista en el que se alimenta una estrategia de crispación para extenderla a la población. No puede haber una auténtica convivencia en España si en el Parlamento se saltan todas las reglas del respeto parlamentario. Y es que todo vale con tal de incrementar hasta el infinito el acoso al Gobierno de izquierdas.

El Congreso debería acoger siempre con celeridad el debate de las iniciativas y medidas políticas más importantes. Sin embargo, parece que buscamos las plazas, los medios de comunicación, las redes sociales o los teatros para lanzar propuestas o hacer política partidista en detrimento del protagonismo del Parlamento. Es patente que, para las derechas, la defensa del interés general no es la prioridad sino que se ve superada por intereses de poder.

Los demócratas no podemos contribuir a aumentar el desprestigio del Congreso y las anomalías que acontecen. La izquierda, las izquierdas, tenemos que hacer un gran esfuerzo por defender la dignidad del Parlamento como casa de la palabra y de representación de políticas que alimenten la esperanza en el progreso.

Esta tarde, esa extrema derecha de la piel de toro y banderas imperiales ha dicho con total desvergüenza en el Pleno del Congreso que con la aprobación de los indultos “hoy se ha consumado un golpe de Estado.” ¡Un golpe de Estado! Y los ultras, reconfortados por las intervenciones acomplejadas de sus socios, PP y Cs, se quedan tan anchos. Los ultranacionalistas viven aún con la obsesión del golpe de Estado y para ello utilizan falsedades y fake news.

Las consecuencias de los discursos de intolerancia, de la agresividad verbal y, casi sin darnos cuenta, de los discursos de inmovilismo y odio, son el debilitamiento de la democracia y la pérdida de credibilidad de las instituciones. ¡Menos mal que vivimos en una democracia plena! ¿O no tanto?

Es muy cansado y desalentador constatar cada semana, en cada Pleno, que la agresividad no tiene límites. Yo mismo me siento alterado y confuso al escuchar tantas provocaciones. ¡Y ojo, se lanzan desde distintas trincheras en un juego de retroalimentación de los nacionalismos! 

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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