Putin provoca la guerra en una Europa débil tras la pandemia.
- Escrito por Odón Elorza
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Escuché el miércoles con mucha atención la comparecencia del Ministro de Exteriores en la Comisión del Congreso para explicar la situación del conflicto de Ucrania. Sus palabras hicieron que saliera de la reunión muy pesimista.
En la madrugada del jueves, Putin empezaba una guerra contra Ucrania tras evidenciar que, en las pasadas semanas, nunca quiso resolver el conflicto por la vía dialogada y diplomática porque la decisión de atacar la tenía tomada. Ahora pienso en la ciudadanía que aún no es consciente de las graves consecuencias humanitarias y económicas inmediatas que conlleva la guerra provocada por Rusia. Tampoco se alcanza a evaluar la terrible amenaza dirigida a otros naciones fronterizas que estuvieron sometidas a la brutal dictadura comunista durante 45 años.
Con su decisión, Putin hace saltar por los aires el respeto a los derechos humanos, el derecho internacional, la estabilidad del orden internacional y la soberanía de los Estados. Y todo parece indicar que las sanciones económicas anunciadas por la UE tendrán una eficacia muy dudosa y que sus efectos reales caerán también sobre la población europea que trataba de superar la tragedia y las pérdidas provocadas por la pandemia. La historia se repite.
La dimensión del conflicto nos trae nuevas subidas del precio de los combustibles y de las energías, materias primas, trigo, una mayor inflación, el pánico y la caída de la Bolsa, ciberataques y desinformación. En definitiva, negros nubarrones sobre los planes de recuperación económica pensados para combatir los efectos de la pandemia en la vida y el empleo de la ciudadanía de la UE.
Esa vida cotidiana de la gente se va a complicar en grado extremo. Y ya era muy difícil. Por eso tenemos la necesidad de creer en la alta Diplomacia y en el diálogo sereno de políticos alejados de intereses inconfesables como los mejores instrumentos para frenar el horror global. Me refiero al peor horror para la humanidad que es una guerra abierta que aún hoy nos negamos a aceptar, aunque los datos son cada minuto más desalentadores. Basta con leer las últimas noticias sobre los múltiples ataque de los rusos en territorio de Ucrania y la toma de Kiev.
Nuestro planeta vive una etapa en la que nos jugamos la supervivencia de la humanidad a causa de la crisis climática. Sin embargo, no imaginábamos que el riesgo real de una guerra estaría tan cerca. Hoy nos estamos jugando, además, la pervivencia de una democracia molesta para los tiranos.
Tras las incertidumbres provocadas por una pandemia muy dolorosa, nos enfrentamos ahora a una guerra sofisticada y tecnológica (veremos cómo de selectiva o de cirugía) con enormes consecuencias económicas difíciles de evaluar y controlar. Lo que está claro es que, además del máximo sufrimiento de la población de Ucrania, las repercusiones económicas recaerán en la UE sobre una población ya muy fatigada por la incidencia de la COVID. Pero, además, esta crisis nos pilla con una UE más débil, más dividida y con problemas de liderazgo tras la salida de Angela Merkel.
Por tanto, garantizar la unidad de acción de la Europa democrática, en colaboración con EE.UU. y desde una estrategia europea autónoma, será decisiva para tratar de superar una agresión desestabilizadora de toda Europa provocada por el expansionismo nacionalista del dictador Putin. No va a ser una tarea fácil ni con garantías de éxito.
No olvidemos que habrá otros efectos derivados de este conflicto en las próximas elecciones de Francia, en la actitud del yihadismo en este escenario, en el favorecimiento del papel de China en el mundo y en la confusión ante la desinformación en las redes. También en las elecciones legislativas a mitad del mandato de Biden en EE. UU, con Trump preparando su revancha.
¡Ojalá que este negro panorama solo forme parte de un mal sueño! ¡Ojalá que no estemos asistiendo a la antesala de una guerra abierta y global! En todo caso, la ciudadanía debe estar bien informada por el Gobierno y ser consciente de que habrá que echar mano de la épica, los valores de la solidaridad y la resiliencia.
Odón Elorza, Diputado del PSOE por Gipuzkoa
25 de febrero de 2022