Un VAR para el Congreso : entre la realidad y la ficción.

Las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC), con sus potencialidades, sirven para innovar y perfeccionar un modelo parlamentario. El siglo XXI ha traído retos y amenazas a la democracia que nos exigen actuar con decisión.

Los cambios no pueden esperar. Van desde redefinir la función de la web del Congreso para facilitar el acceso público a toda la información, el uso de aplicaciones y programas para crear vías de participación de organizaciones y ciudadanía en los procesos legislativos y mejoras en el sistema de control al gobierno de turno, hasta la regulación para que sus señorías voten de modo telemático en situaciones especiales y celebren reuniones on line, pasando por ayudar a la transparencia e integridad o favorecer la interacción entre representantes y representados para alimentar la relación de la política con la sociedad.

Lo anterior es solo una pequeña muestra de cómo las TIC permiten mejorar el funcionamiento de la vida parlamentaria y dar respuestas a la crisis institucional y a la desafección ciudadana. El objetivo central es garantizar el principio de separación de poderes y reforzar los mecanismos de una democracia debilitada; en España y a nivel global.

Con imaginación, considero que habría sido de gran interés disponer de un sistema VAR en las sesiones porque hubiera permitido a la Presidencia, Mesa y Portavoces del Congreso revisar algunas actitudes, discursos y decisiones. Bien para rectificar en favor de reforzar los grandes acuerdos de país en un caso o bien para imponer sanciones ante discursos de odio y ataques al código ético de comportamiento. Se da la circunstancia de que no existe un capítulo de sanciones en el Reglamento del Congreso. Y así nos va.

Es cierto que el VAR tiene sus detractores en el mundo del fútbol. Pero a caballo entre la realidad y la ficción, tras ver repetida con calma una jugada parlamentaria polémica, algunas rectificaciones hubieran corregido errores de trascendencia que han atacado el interés general y la calidad de la democracia.

Esta reflexión va unida a la necesidad de una reforma en profundidad del Reglamento del Congreso que data de 1982. Una asignatura pendiente entre las medidas de regeneración institucional que sirva para adecuar el funcionamiento de la Cámara a los requerimientos de un Parlamento adaptado a las necesidades que plantea el siglo XXI.

Necesitamos un Congreso que sea innovador y conectado a un proceso de transformación de sus reglas organizativas para mejorar sus funciones: deliberativa, legislativa, de control e informativa. Un Congreso abierto a una democracia de participación que fortalezca su legitimidad.

No planteo nada parecido a una reforma de la Constitución, algo muy necesario pero que hoy no resulta posible en un escenario de crispación, enorme confrontación y cerrado a un consenso transversal para reformar la Carta Magna. En cambio, si veo posible afrontar la reforma de las reglas de juego parlamentario en España. Debemos intentarlo frente al resurgir de tendencias autoritarias.

El Congreso es quien más puede hacer por transitar la vía hacia una sociedad democrática avanzada, como señala la Constitución. Por tanto, es obligación de quienes nos sentamos en sus escaños promover los trabajos parlamentarios que permitan alcanzar un amplio consenso en torno a las reformas que precisa el Reglamento del Congreso.

La reforma del Reglamento conllevaría cambios de gran interés en capítulos y disposiciones. De modo indicativo señalo las siguientes: sobre el funcionamiento de la Cámara y los Grupos, los trámites de la función legislativa, la mejora de los mecanismos de control al gobierno, las reglas éticas y de integridad parlamentaria, las herramientas y aplicaciones tecnológicas para la participación y transparencia.

A la vista de las lagunas detectadas, las carencias observadas con ocasión de la pandemia y en contraste con los cambios en otros Parlamentos, la reforma del Reglamento es una urgente necesidad. Sin duda, contribuirá a la existencia de un Parlamento Abierto y a la cohabitación entre democracia representativa y democracia participativa.

Esta tarea se verá impulsada por las aportaciones de los letrados y letradas de la Cámara en un documento de bases, abierto y riguroso, dirigido a la Presidencia del Congreso, a la Comisión de Reglamento y a la Ponencia que se constituya para deliberar y consensuar la dimensión y contenidos de la reforma. El proceso de trabajo ha de contar con la comparecencia en dicha Comisión de organizaciones y expertos que enriquezcan la deliberación para avanzar en la democracia parlamentaria.  

 

Odón Elorza / Diputado del PSE-PSOE por Gipuzkoa / Miembro de la Comisión de Reglamento.
San Sebastián, 22 de mayo de 2022 / Publicado el 1 de junio en diariovasco.com  

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