La ciudadanía donostiarra y los retos del futuro de San Sebastián.

Por diferentes canales aparecen comentarios de preocupación sobre la marcha y el futuro de nuestra ciudad. Y compruebo, leyendo y escuchando opiniones, que hay por medio cuestiones de envergadura sobre las que se deberán tomar decisiones que marcarán el futuro de Donostia-San Sebastián. Para ello, será necesaria una deliberación abierta y un liderazgo claro.

Es innegable que durante once años, tras la derrota del terrorismo en 2011, han ido surgiendo pisos turísticos y nuevos hoteles, como setas, en edificios significativos. Mientras, se han paralizado desde el Ayuntamiento actuaciones que se habían acordado para promover vivienda protegida y de precio tasado para los jóvenes y familias, operaciones que formaban parte de la herencia que dejamos quienes gobernamos hasta 2011.

Por fin, se ha iniciado el proceso para la revisión del Plan General de Urbanismo de la ciudad. Un plan que ha de permitir avanzar -espero que con acierto- en una ordenación urbana sostenible sobre los usos y desarrollos del escaso suelo disponible en Donosti. Se trata de afrontar colectivamente los nuevos retos de San Sebastián, algunos de ellos guardan relación con la problemática e incertidumbres globales del planeta. Se necesitan respuestas a la imprescindible cohesión social del municipio, la emergencia climática, la demanda de vivienda pública, la protección del medio ambiente y las necesidades de una economía basada en la innovación científica y tecnológica.

En estos años se han acordado cesiones y ocupaciones de suelo público que considero desacertadas y se ha carecido de ideas tractoras para potenciar una ciudad de vanguardia cultural. Claro que se despreció primero y luego se desaprovechó, desde la Alcaldía, la enorme oportunidad que ofrecía la Capitalidad Europea de la Cultura en 2016 para crear nuevas redes, inercias e iniciativas culturales. Nadie rindió cuentas de aquella pobre celebración en una ciudad que parecía adormecida.

Por otra parte, distintos proyectos locales y territoriales se han aparcado o caído en el olvido por ausencia de ilusión. Finalmente, el Plan Estratégico 2030 se ha actualizado, de manera acelerada, con escasa participación y sin conclusiones precisas.

La ciudadanía debe saber que las decisiones estratégicas no pueden estar condicionadas por intereses económicos particulares, por actitudes políticas partidistas o por la posición de grupos de vecinos que se desentiendan de una visión global de los intereses generales de la ciudad. Será preciso liderar un amplio consenso cívico y político, así como priorizar los valores de la solidaridad y la convivencia, en la gobernanza democrática municipal.

El futuro no está escrito. ¿Queremos una ciudad equilibrada y controlada en su desarrollo turístico? ¿Crecerá el deterioro de los servicios públicos y del mantenimiento urbano? ¿Cambiará la movilidad en una dirección sostenible -con ayudas de los Fondos Europeos- garantizando que los procesos de cambio sigan pautas de participación? ¿Podrán los jóvenes dejar de soñar y accederán a un piso en esta ciudad? ¿Se logrará la inclusión de la diversidad fruto del fenómeno demográfico? ¿Se atenderán las necesidades de cuidados a los más mayores?

Nuestra ciudad no puede morir de éxito turístico. Antes tenemos que cuidar y enriquecer su identidad y patrimonio y evitar que se nos vaya de las manos; implicar en las decisiones a la ciudadanía y a los agentes; promover valores humanitarios en un planeta lleno de incertidumbres; avanzar en la transición energética, ecológica y digital; fomentar la creatividad, la innovación y la convivencia; y atender las demandas sociales de la población. Porque Donostia-San Sebastián les pertenece.

 

 

Odón Elorza / Diputado del PSE-PSOE por Gipuzkoa

Donostia-San Sebastián, 22 de junio de 2022 / Publicado en El Diario Vasco el 23 de julio de 2022

Odón Elorza

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