Broncas en el Parlamento y degradación de la democracia. ¿Qué hacer?

Las situaciones que degradan la democracia y fomentan la antipolítica se viven con frecuencia en los Plenos del Congreso y exigen que la Presidenta de la Cámara y los Grupos reflexionen sobre las medidas a adoptar. Entre ellas, la reforma de su Reglamento mediante la tramitación de la Proposición de Ley presentada por el Grupo Socialista, una iniciativa cuya toma en consideración por el Pleno fue aprobada hace 18 meses.

La activación de esta Proposición permitiría debatir, en Ponencia y con calma, sobre los incidentes que se repiten en las intervenciones y sobre las respuestas que debe aplicar la Mesa. Parece que no nos damos cuenta de la gravedad de la situación a la que hemos llegado y que afecta a la calidad de la democracia. Porque utilizando la más alta institución del sistema democrático, hay grupos que promueven en la sociedad la crispación, la polarización extrema y la confrontación como única estrategia. 

Desde octubre de 2020, y después de que instancias europeas como GRECO del Consejo de Europa nos lo reclamaran con insistencia, el Parlamento dispone de un Código de Conducta que enumera seis principios pero no desarrolla pautas de comportamiento de sus señorías en Plenos, Comisiones y en los diferentes ámbitos de la vida parlamentaria. No incorpora sanciones para los comportamientos contrarios a los principios del Código, incumplimiento de algunas obligaciones y de deberes relacionados con la transparencia, porque lo deja como materia propia del Reglamento.

Por otra parte, en mayo de 2021 el Pleno del Congreso aprobó la toma en consideración de una Proposición de Ley, presentada por el Grupo Socialista, en la que se planteaba la regulación con detalle de la actividad en el Congreso de los grupos de interés o lobbies.

Pero, además, con esa Proposición el PSOE pretendía aprovechar la oportunidad para incorporar un apartado al Reglamento que clarifique las reglas a seguir en los debates y en el trabajo parlamentario, así como una ampliación de las sanciones (añadir las de tipo económico y ampliar los supuestos de suspensión del art. 101) para quienes incumplan de modo grave esas reglas de conducta, los deberes establecidos y las faltas de transparencia. También procedería efectuar una mayor concreción del procedimiento sancionador para que sea garantista.

En la actualidad, el Reglamento del Congreso contempla como sanciones (en sus artículos 16, 70.3 y del 99 al 106) la retirada de la palabra, las llamadas al orden, la expulsión del Pleno por una sesión o por más tiempo y la suspensión de funciones. Estas últimas son sanciones “delicadas” porque eliminan por un tiempo el derecho a voto del diputado sancionado. Quizás por ello raramente se aplican.

Sin duda, una revisión de las normas de autorregulación sobre la disciplina parlamentaria debe contar con el consenso y el compromiso político de la inmensa mayoría de la Camara. Se trata de garantizar la supervivencia, por largo tiempo, de lo que se apruebe.

Sin embargo, después de año y medio, la Proposición socialista permanece atascada y aún no ha podido tramitarse para debatir las enmiendas de los Grupos. Es algo inexplicable. Hace falta una labor de mediación para lograr el encuentro de posiciones, en especial entre el PP y el PSOE, que permita que avance la tramitación.

Soy testigo directo de tanta bronca como un ejercicio de la antipolítica que provoca desafección. Son necesarias normas claras y criterios de interpretación que pongan límites a los excesos verbales de los oradores, los discursos de odio, las expresiones de violencia política y los insultos a gritos hacia el interviniente. Y, también, a los incumplimientos éticos.

Es imprescindible un acuerdo compartido por la gran mayoría de la Cámara sobre cómo evitar el desprestigio de la institución por culpa de comportamientos parlamentarios ultras. Un acuerdo que podría recogerse en el actual Código de Conducta. Sin ese acuerdo y sin incorporar los mecanismos precisos de sanción en el Reglamento, a la Presidenta y a la Mesa del Congreso le resultará difícil acertar en la interpretación de los hechos y en la toma de decisiones.

En la reflexión pendiente juega un importante papel el respeto a la libertad de expresión, que ha de ser amplia pero no absoluta. Dicho sin complejos, ha de tener algún límite ante el papel y los valores que debe representar un Parlamento democrático que no puede funcionar como si buscáramos la captación de espectadores ávidos de bronca.

Cuesta admitirlo pero los debates en el Congreso hace tiempo que desterraron los valores del diálogo y el intercambio de ideas. Es continuo el desprecio a la cortesía parlamentaria, no hay respeto al adversario ni el mínimo cuidado en las formas ni un ejercicio de tolerancia. Por eso me rebelo y hablo de la degradación de nuestra democracia.

 

Odón Elorza / Diputado del PSOE por Gipuzkoa

San Sebastián 31 de noviembre de 2022 / Publicado en eldiario.es

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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