La hipótesis de un Gobierno de Bildu en Euskadi.

Si en las elecciones vascas del 21 de abril la victoria de EH Bildu sobre el PNV fuera clara, pongamos que alcanza un 36% de voto y saca 4 puntos a un PNV que ya no ilusiona, ¿no se debería valorar la opción de dejarle gobernar en Euskadi? ¿O por el contrario, sea cual fuere el resultado, habría que asegurar el continuismo del ciclo con la Lehendakaritza en manos del PNV y consagrar por encima de cualquier otra consideración un nuevo Gobierno de coalición con el PSE-PSOE?

La encuesta del CIS se acerca a un escenario nuevo y se dan distintas claves que cuestionan la firme decisión de apostar por un apoyo -fuera de toda duda- del PSE al PNV, que podría incluso necesitar la concurrencia del PP. Sería un error predeterminar que “todo el pescado está ya vendido”. 

Pertenezco a una generación de demócratas a la que, desde la anunciada derrota de ETA en 2011 que supuso su desaparición, le resulta imposible votar a Bildu; entre otras razones porque mantenemos viva la memoria de lo acontecido en los 34 años de terrorismo. También por no haber obtenido de los herederos de HB un suficiente ejercicio político de rechazo y condena a los atentados de ETA y un reconocimiento de la complicidad de HB en la extensión del terror entre la población.

Sin embargo, como demócrata soy consciente de que hoy los votos a Bildu representarían una voluntad de cambio de una parte creciente de la sociedad vasca. Un cambio en favor de un gobierno con nuevas políticas ante el agotamiento real del proyecto del PNV y la pérdida de su hegemonía. Y lo digo tratando de ser objetivo en mi condición de espectador de la política vasca pero también como ciudadano que experimenta el fracaso de la gestión en áreas de servicios públicos sensibles que son de la competencia del Gobierno Vasco; destacaría la mala gestión en sanidad, vivienda y educación. Esta afirmación también arrastra consecuencias negativas para el PSE como socio de la coalición.

Por otra parte, ha adquirido valor el apoyo clave que Bildu viene prestando al Gobierno de Pedro Sánchez, lo mismo que un PNV que tiene que compartir protagonismo en las negociaciones con Moncloa. A la vez, el comportamiento de Bildu en el Congreso le ha aportado una imagen nueva -para algunos atractiva- en el conjunto de España, al haber optado por jugar un papel casi socialdemócrata con un discurso menos soberanista y más de izquierda en los acuerdos con el PSOE.

Como consecuencia de lo anterior se reduce el papel del PSE y se produce un desgaste y una cierta falta de motivación electoral. Se da por supuesto que el PSE garantiza que el PNV seguirá gobernando Euskadi a sus anchas. También desde las tres Diputaciones Forales.

Un escenario en el que los socialistas vascos no hemos obtenido, como factor de estabilidad en estos largos años de coalición, un reconocimiento del electorado. Tampoco hemos logrado una especial incidencia en las políticas sectoriales ni tampoco especial protagonismo político en los grandes proyectos del País Vasco. 

El paso del tiempo lleva a la desmemoria y las nuevas preocupaciones e incertidumbres que afectan a la ciudadanía juegan a favor de Bildu a quien se considera fuera del sistema. Quizás hayamos llegado a una coyuntura con cambio de ciclo político en la que Bildu pudiera gobernar con sus resultados. Esto permitiría airear la política vasca y no limitar las variables del juego de la democracia. Sería un gobierno en minoría que dependería en sus decisiones de la voluntad democrática y mayoritaria del Parlamento Vasco.

En este sentido, recuerdo el precedente de un PNV que, en una situación similar a la hipótesis hoy contemplada, no dudó en permitir que Bildu se hiciera con la Alcaldía de San Sebastián en 2011. Decisión estratégica del PNV que yo nunca critiqué.

 

Odón Elorza

San Sebastian, 11 de abril de 2024.

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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