Carta de Pedro Sánchez en una democracia amenazada.

La alarma ante los peligros que amenazan la democracia ya sonaba cuando Pedro Sánchez ha dirigido su carta personal a la ciudadanía. ¿Cuántas veces hemos rechazado el clima de confrontación, incluso entre instituciones, la crispación extrema y las descalificaciones de todo tipo que se han instalado en el Parlamento?

En las últimas sesiones de control al Gobierno, celebradas en el Congreso y en el Senado, se había llegado al límite con las acusaciones respectivas de corrupción como elemento central de la vida parlamentaria. Y aunque todas las partes han contribuido con el uso generalizado de la estrategia de echarse basura unos a otros (el “y tú más”), ha sido la derecha quien ha utilizado la desinformación y la propagación de bulos y calumnias, convirtiendo el Parlamento en lo peor de una red social. Claro que, como consecuencia, entre los políticos y también entre su entorno ha habido damnificados. Ahí está el injustificable acoso a Begoña Gómez.

Pero no podemos dejar de preguntarnos sobre los efectos de semejante bronca parlamentaria en la convivencia ciudadana, entre la gente de la calle. Más aún en un tiempo en el que la polarización y el sectarismo han alcanzado sus límites. Considero que es urgente recuperar el Parlamento como un espacio de respeto entre las personas, de escucha y debate constructivo: necesitamos un escenario que apueste por el diálogo.

Solo así se podrá contribuir a fortalecer entre la ciudadanía los valores de la democracia. En España arrastramos un déficit de democracia aunque nos digan repetidamente que vivimos en una democracia plena. No es cierto. Hay déficit democrático en el funcionamiento del poder judicial y en el comportamiento de un sector de los jueces, en la prensa que desinforma, en los usos parlamentarios que fomentan el odio y la confrontación y en la práctica de una política en la que todo vale.

El Congreso es la institución más representativa de la democracia y el centro de la actividad política. Por tanto, es quien más puede hacer para revitalizar y profundizar la cultura de la democracia en España. Para lograrlo, los líderes políticos del gobierno y la oposición así como los grupos parlamentarios tienen que seguir comportamientos éticos. De lo contrario, el Parlamento y la función de la política pierden credibilidad y contribuyen a incrementar una sensación de fatiga social ante el mundo de la política y el hastío creciente hacia los políticos.

En este sentido, la creación a la vez de dos comisiones de investigación, enfrentadas y sobre el mismo tema (casos de corrupción en la contratación de mascarillas) aunque con diferente enfoque, es inaceptable en una democracia madura. Su puesta en marcha viene precedida de pronunciamientos previos partidistas y da la impresión de que asistimos a un intento de contraprogramación por lo que sus trabajos podrían resultar inútiles y sus conclusiones carentes de credibilidad.

Llama la atención que nadie haya planteado la creación de una comisión de investigación conjunta entre Congreso y Senado para investigar un asunto de tanta relevancia. Garantizar el rigor, la objetividad e imparcialidad en el desarrollo de los trabajos de investigación son claves que parecen olvidadas.

El problema que vivimos en España no se va a resolver con la carta ni con la decisión que adopte el lunes el Presidente Pedro Sánchez. Esa carta no provocará una catarsis. Se requieren compromisos de reformas y un plan de actuaciones concreto en favor de un trabajo permanente por fortalecer la democracia frente a quienes insisten en debilitarla mediante estrategias trumpistas. Por eso Sánchez, entre otras razones, no debe dimitir; si lo hiciera, les dejaría el camino libre.

 

Odón Elorza / Ex diputado del PSOE

28 de abril de 2024 / Publicado en La Voz de Galicia. 

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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