¿ Abandonar la red X o Resistir ?
- Escrito por Odón Elorza
- Publicado en Blog
Hay razones ideológicas o de principios que empujan a irse de la red X tras el funcionamiento manipulador de sus algoritmos y de la toma de partido de Elon Musk con su red en favor del ultraliberal Trump en las recientes elecciones de EEUU. Sus negocios en sectores como el espacial, automóvil, inteligencia artificial y energético estarán ahora mucho más protegidos y más desregulados. Y la democracia más amenazada.
Pero creo que, en este oportuno debate que alimenta en España con rigor el movimiento +Democracia, la opción a tomar depende de lo que cada cual busca cuando abre una cuenta en una red social. Las motivaciones son muy diferentes. Lo mismo que para decidir migrar a otra plataforma digital o resistir de un modo activo.
En todo caso, el debate hay que extenderlo a la manipulación y bulos que discurren por TikTok, X, Instagram, YouTube, Facebook, Telegram, WhatsApp, etc. En todas esas grandes plataformas se dan incumplimientos habituales de la regulación aprobada en 2022 por la Unión Europea, sin que hasta el momento los mecanismos de control y denuncia estén dando resultado. Otra cosa es comprobar si los Estados “le ponen ganas” a la tarea de supervisar el funcionamiento de las redes sociales.
Si los demócratas renunciamos a comunicar opiniones en la red X, si dejamos de formular denuncias en territorios difíciles, si abandonamos a quienes se quedan en X por pereza o porque les compensa, vamos a desconectar de muchas personas y a volar vínculos que han llevado años.
En mi opinión, una salida masiva dejaría sin opciones a millones de personas que buscan en X cuentas de referencia democrática y mensajes no contaminados por ideas ultras o noticias falsas. No podemos olvidar el foco de referencia que, con millones de seguidores, suponen algunos medios de comunicación, periodistas, organizaciones, intelectuales, políticos, expertos, agentes sociales o ciudadanos comprometidos, que hacen aportaciones de gran interés para la defensa, en las redes, de una sociedad democrática. Sería desconcertante si desaparecieran de X en un escenario global de avance del populismo ultra y del fascismo.
Apostar por migrar a otra red con quienes piensan parecido nos evitaría sobresaltos y nos sentiríamos muy cómodos. Cierto. Pero estaríamos en una burbuja, ajenos a la realidad del planeta. ¿Se trata de eso, conscientes de que ellos utilizan las redes como herramienta clave para eliminar la democracia?
Es muy posible que la salida de las cuentas de perfiles progresistas y demócratas, “gente molesta”, es lo que busca Musk. Estas bajas no le suponen ningún perjuicio económico a un multimillonario que ha incorporado millones de norteamericanos trumpistas a X tras su apoyo al Tío Trump. Más le podría preocupar el papel que va a jugar y el espacio que ocupará la red Truth Social que pertenece a Trump y a la que puede dar sus primicias informativas.
Seguir en X, hasta el límite de lo soportable, supone un ejercicio de resistencia que como “activistas por la democracia” podríamos hacer. Lo anterior se complementa con abrir otra cuenta en la ventana de Blueski o Mastodon para fomentar hilos de conversación sin tensiones, sin insultos.
Por cierto, ante la oferta de redes con vocación social y ética digital, dentro de un modelo alternativo a las pertenecientes a las corporaciones gigantes del capitalismo digital, corremos el riesgo de desperdigarnos en esta migración. Ahora bien, quienes elegimos seguir en la red de Musk, para ejercer de “activistas por la democracia”, tenemos que estar organizados y contar con una estrategia de acción que sea eficaz.
La defensa de los valores democráticos no ganará con nuestra salida de X. Tampoco servirá para que desaparezcan los contenidos ilegales, la desinformación, las teorías conspiranoicas y los bulos en las plataformas digitales. Por cierto, gran trabajo de control, verificación y denuncia el que hace Maldita.es.
Se precisa una aplicación rigurosa de la regulación aprobada por la Unión Europea, una supervisión eficaz del funcionamiento de las plataformas digitales por parte de los Estados y la Comisión Europea, así como desarrollar planes de formación digital; en especial sobre el significado de la desinformación y dirigida con preferencia a los adolescentes. También resulta necesario que las instancias de la UE otorguen carácter de Código de Conducta al actual Código de Buenas Prácticas de 2022 en materia de desinformación que hoy tiene sólo un carácter de autorregulación voluntaria para los agentes del sector y plataformas signatarias.
Por su parte, los medios de comunicación con larga trayectoria en su apuesta por la democracia, deberían implementar su actual presencia en las redes mediante post, vídeos y enlaces a informaciones en abierto contra la desinformación, usando formatos innovadores y una narrativa didáctica que atraiga a una mayor diversidad de usuarios.
La historia se repite y la batalla en favor de la democracia se juega en el terreno de la comunicación digital. Por ello, si en el análisis de lo acontecido en 2024 se constatan incumplimientos reiterados de la normativa europea por parte la mayoría de los gigantes tecnológicos, se debiera plantear una reforma del Reglamento de Servicios Digitales (DSA) por “insuficiente”. La reforma llevaría a tipificar los supuestos de ilicitud para los casos de desinformación y bulos que constituyan, por ejemplo, un peligro real para la convivencia ciudadana, los procesos electorales y la salud y seguridad de la población.
Como se trata de una cuestión delicada y resbaladiza, habría que hacerlo sin lesionar el derecho a la libertad de expresión y en consonancia con los principios del Estado de Derecho. Esa reforma tendría que incorporar la responsabilidad de las plataformas por la difusión de contenidos ilícitos y discursos de odio. Lo mismo que por su inacción o reacción tardía en eliminar contenidos ilícitos, bulos o informaciones de gravedad. Son criterios trascendentales no recogidos o no concretados en el actual Reglamento.
Hay, además, una tarea urgente por hacer. Se trata de reclamar al Gobierno que formalice las competencias a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) para que realice la función de Coordinador de Servicios Digitales que le ha delegado, de acuerdo con lo señalado en la DSA. Le corresponde supervisar la aplicación del Reglamento en el Estado y denunciar ante Bruxelas los incumplimientos de obligaciones que tienen las grandes plataformas digitales. Ha pasado un año y la CNMC no ha empezado a realizar esa labor.
Sería inadmisible que España no hubiera elevado a la Comisión Europea denuncias, con expedientes formales, para sancionar a las corporaciones tecnológicas que no hubieran retirado o etiquetado de inmediato los graves bulos difundidos en diversas redes, con ocasión de la DANA, y visionados por millones de personas. Igualmente debe llevar ante la Justicia a sus autores.
Odón Elorza / Licenciado en Derecho y ex Diputado por Gipuzkoa
San Sebastian, 4 de diciembre de 2024 / Publicado en eldiario.es