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Odón Elorza

Odón Elorza

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Del abuso de poder a la transparencia.

Si algo espera la sufrida ciudadanía, tanto del Presidente Pedro Sánchez como de este Gobierno Socialdemócrata, es decencia y un cambio de cultura política en el ejercicio del poder. Porque además de las dolorosas consecuencias provocadas en millones de familias por la crisis económico-financiera, se han vivido años de opacidad, corrupción y amiguismo, abuso de poder, prepotencia y desprecios al Parlamento.

La herencia del PP es una democracia de baja calidad y un aumento de las desigualdades y de la precariedad. Ahora se trata, entre otras prioridades sociales, de fortalecer la democracia y recuperar la confianza ciudadana en el sistema democrático y el prestigio perdido de las instituciones. Todo forma parte de la regeneración democrática.

Seguimos transitando por el desempleo, la devaluación salarial y los recortes en medio de una corrupción generalizada en el PP y el enriquecimiento de unos pocos; sin olvidar otros casos que implican a más partidos. Hemos soportado, además, noticias y denuncias sobre personas del mundo empresarial, del deporte o la cultura en escándalos de elusión y fraude fiscal. Nos hemos tragado una amnistía fiscal tratada como un secreto de Estado. Y el resultado final es una crisis de valores en nuestra sociedad que las derechas intentarán aprovechar en temas sensibles como las migraciones o crispar con exaltaciones de nacionalismo español.

Por eso, la calle reclama al nuevo Gobierno la máxima transparencia y un alto nivel de moralidad política. Esto se traduce en devolver a la política las reglas democráticas y los comportamientos decentes que se encontraban en riesgo en España. Son demandas ciudadanas que no suponen coste económico ni encontrarán grandes dificultades en el Parlamento. Pero que precisan, por parte del gobierno, voluntad política para aplicar unos códigos de conducta moral junto a una ética personal de fuertes convicciones en valores democráticos. Y este Gobierno las tiene, del mismo modo que aspira a mejorar la Ley de Transparencia.

Ahora le corresponde al Presidente liderar una auténtica catarsis de la vida política institucional, introduciendo en el día a día una nueva cultura en el uso del poder político. Las ideas claves de este deseado cambio se resumen en una Gobernanza cívica que se caracterice por :

- la práctica del diálogo y la búsqueda del pacto con los grupos del Parlamento para devolver la dignidad a la vida de las personas;

- la interlocución con la sociedad y sus agentes;

- el respeto al pluralismo desde los medios públicos de comunicación;

- la transparencia en sus decisiones de gobierno y una conducta honesta;

- la búsqueda de la colaboración y la eficacia en las administraciones;

- la elección de los responsables de los órganos constitucionales en base a los principios de mérito, capacidad, consenso amplio e independencia; la rendición de cuentas sobre el programa de gobierno;

- el sometimiento al control del Parlamento;

- y una concepción práctica de la democracia que desarrolle sus dimensiones representativa, participativa y deliberativa.

Hablamos de la buena Gobernanza (aquella que suma transparencia, colaboración e integridad) que ha de extender la responsabilidad, la participación y la colaboración hacia el poder legislativo y los Gobiernos de los Territorios. En un plano más personal y a través del Portal de transparencia, quienes componen el equipo de Pedro Sánchez darán a conocer sus declaraciones de renta, bienes, intereses e incompatibilidades, la agenda de actividades, los viajes que realizan con dinero público y su cometido.

Frente a la opacidad o a las restricciones a la democracia, la transparencia de las instituciones públicas obliga a dar cuenta, con rigor, de los actos y decisiones del gobierno. Y ello es mucho más que una información o publicidad activa de los acuerdos. Se deben justificar las razones de por qué se adoptan o de por qué no, cómo se gestionan las decisiones, con quien se han consultado y cómo se utilizan los recursos presupuestarios. Es preciso perfeccionar la página web de cada ministerio y el Portal de transparencia del Gobierno -hoy muy poco visitado- para convertirlos en espacios abiertos y de referencia, con formatos accesibles a la inmensa mayoría ciudadana y con una información tratada para hacerla comprensible y reutilizable por el gran público.

La transparencia no es compatible con una actitud pasiva de la ciudadanía. En los nuevos tiempos que llegan la transparencia hay que vincularla a procesos que buscan la educación de la ciudadanía, para construir una democracia madura, y a la era digital ante las potencialidades que ofrecen para ello internet y las redes sociales. La transparencia aporta mayor legitimidad a un Gobierno abierto y significa un instrumento clave para la prevención de la corrupción y para la rendición de cuentas, haciendo posible el control democrático del poder, tanto por parte de la ciudadanía como, en especial, del Parlamento.

Confío en que el Gobierno del PSOE supere el desafío que supone hacer política desde la cultura de la transparencia y de la redistribución, aunque no será una tarea fácil. Y más aún cuando se trata de un Gobierno, referente hoy de la Socialdemocracia en Europa, que nace con muchos frentes abiertos por la herencia de Rajoy, limitaciones y condicionantes claros.

Odón Elorza / Diputado socialista por Gipuzkoa

Secretario del área de Transparencia y Democracia Participativa en la CEF del PSOE

San Sebastián, 21 de junio de 2018 / Publicado en infolibre.es

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La nueva Socialdemocracia tiene como referente al Gobierno de Pedro Sánchez.

El Presidente Pedro Sanchez ha logrado configurar, en un tiempo récord, un Gobierno solvente, progresista, feminista y europeista que cumple con el primer objetivo: provocar confianza entre la ciudadanía y levantar expectativas. A pesar de la demagogia del portavoz del PP, Rafael Hernando, el gobierno Frankestein ha nacido inspirando ternura.

Su composición aporta credibilidad a un Gobierno que surge en condiciones muy difíciles para lograr la gobernabilidad. Nadie niega la gran complejidad del escenario que tiene que afrontar el nuevo Gobierno del PSOE ni los límites objetivos que acompañarán al equipo ministerial del Presidente. A ello sumaremos la crispación y la intoxicación informativa que las derechas van a promover sin descanso. Unas derechas hoy descolocadas que vivirán enfrentamientos internos, en el caso del PP por la sucesión de Rajoy, y un sinfín de posiciones contradictorias y muy escoradas a la derecha más patriotera por parte de Ciudadanos.

Ante este complejo panorama se impone la práctica de la resiliencia en el PSOE, a quien corresponde liderar una auténtica catarsis de la vida política institucional que permita la regeneración democrática. Será preciso completar los instrumentos para prevenir y acabar con las tramas de corrupción, recuperar el prestigio de las instituciones, la función legislativa del Parlamento, devolver la profesionalidad y la independencia informativa a RTVE, así como un funcionamiento abierto y transparente del Gobierno para, en definitiva, fortalecer un sistema democrático en decadencia por los comportamientos inmorales e ilegales de Rajoy y el PP.

Por otra parte, veremos una planificación de las prioridades en un programa corto de gobierno para su aplicación en un tiempo limitado. Esto exigirá diseñar un itinerario de diálogo y concertación con todos los partidos, en especial con Podemos y PNV, para garantizar la aprobación de las leyes. Para ello, ya ha anunciado el Presidente que una de las primeras tareas será levantar el veto a las leyes que impuso Rajoy y paralizadas por el PP y Ciudadanos en la Mesa del Congreso. Proposiciones de Ley relacionadas, en particular, con la igualdad de género, la reforma laboral, las ayudas a los parados mayores de 52 y a la dependencia, la Memoria Histórica, la Ley Mordaza, el SMI o las pensiones.

El equipo del Presidente quiere proponer una agenda social que priorice los objetivos de emergencia para esta media legislatura, especialmente los que exigen un desarrollo legislativo. Para ello, habrá que medir de antemano los tiempos de cada tramitación, concertar los pactos necesarios -a trabajar desde el primer minuto- para que se aprueben las leyes y una evaluación presupuestaria del coste de aplicación en cada caso. Estás actuaciones, dirigidas a fijar una orientación justa al proceso de recuperación económica y a revertir los recortes en derechos básicos, han de ir unidas a una redistribución de la riqueza para combatir las desigualdades, acabar con el empleo precario, la devaluación salarial y el temor de los pensionistas.

Como izquierda de Gobierno y alternativa a los modelos neoliberales, Pedro Sánchez tratará de reforzar el papel del Estado de Bienestar en una democracia ética, defenderá avanzar hacia un modelo federal de cohesión territorial para este país y un nuevo modelo económico productivo para España que se adecúe, con las medidas precisas de innovación, a los tiempos de la transición energética y de transición a la robótica.

Por otra parte, como ya anunció Pedro Sanchez en el debate de la Moción de Censura, en una de las réplicas a las intervenciones en clave de colaboración de Pablo Iglesias, se abordará con inmediatez el trabajo de elaboración del proyecto de Presupuesto para 2019. Sería imprescindible que empezará a identificarse con los ejes centrales de la Alternativa Socialdemócrata del PSOE y se vinculará a una necesaria revisión de la actual fiscalidad. Sabido es que unas cuentas públicas que incorporen mayores ingresos y una más eficiente gestión de las administraciones para el cumplimiento de nuevos objetivos, son el único instrumento para cambiar la vida de millones de familias hoy sumidas en la precariedad, la indignidad y la incertidumbre.

El Gobierno del PSOE se enfrenta, además, al reto de mostrar otra cultura política en el ejercicio del poder. Las ideas claves de este deseado cambio se traducen en una Gobernanza ética y guardan relación con la práctica del diálogo y la búsqueda del pacto con los Grupos del Parlamento, la interlocución con la sociedad y sus agentes, la transparencia, la actitud de humildad y una concepción práctica de la democracia que incorpore su dimensión participativa y deliberativa.

Por ello, la estrategia de Gobierno Abierto, ha de ser transversal a todos los ministerios, y conlleva medidas para fomentar la transparencia y la rendición de cuentas por parte de los responsables públicos, así como la participación y la colaboración en los ámbitos ejecutivo, legislativo y de la administración pública. Es preciso transformar los portales web del Gobierno en espacios abiertos y accesibles a la inmensa mayoría ciudadana, con información tratada para hacerla comprensible, implementando adecuadamente los pilares de transparencia, participación y colaboración con otras administraciones y con organizaciones de la sociedad.

Hablamos de una Gobernanza ética que obliga, así mismo, a la rendición de cuentas de todos los cargos públicos a través del portal de transparencia para conocer sus declaraciones de renta, bienes e intereses, la agenda de actividades, los viajes que realizan con dinero público y su cometido. También pide impulsar iniciativas participadas, desde una estrategia incluyente, por los movimientos y colectivos interesados.

El Gobierno del PSOE se convierte, por encima de sus limitaciones, en un referente de la nueva Socialdemocracia del siglo XXI en Europa. Un proyecto Socialdemócrata que ha de dar respuestas a los desafíos de los complejos fenómenos que han surgido en un mundo global e interdependiente en el marco de una Europa desfigurada y carente de liderazgos en la izquierda.

Son necesarias respuestas de una repensada Socialdemocracia europea frente al crecimiento de las desigualdades y el populismo nacionalista de la derecha neoliberal, respuestas concretas ante la incidencia de la economía digital y la cuarta revolución industrial en el empleo, también para encauzar el fenómeno de las nuevas migraciones y frenar el cambio climático. Queda un último desafío al que el Gobierno del PSOE deberá hacer propuestas para acabar con la desregulación en la que se mueve un capitalismo financiero especulativo que, desde el autoritarismo de los mercados, escapa a la fiscalización de la política democrática y está secuestrando la soberanía popular.

Odón Elorza  /  Diputado del PSE-PSOE por Gipuzkoa

San Sebastián, a 9 de junio de 2018. Publicada la primera versión en el boletín.com

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Un Gobierno ético, para un tiempo de épica, que se convierta en referencia de la nueva Socialdemocracia.

No hubo gestos de euforia, tampoco ninguna celebración. Los socialistas hemos sentido una profunda alegría por haber expulsado de La Moncloa a Rajoy y un evidente vértigo al acceder al Gobierno en condiciones muy difíciles para la gobernabilidad. Es imposible negar la gran complejidad del escenario que tiene que afrontar el nuevo Gobierno del PSOE y los límites objetivos que acompañarán al equipo ministerial del Presidente Pedro Sánchez. Por eso tendremos un gobierno ético y consciente de la dimensión épica de la tarea que se avecina.

Con este panorama y la práctica de la resiliencia, le corresponde al PSOE abrir un capítulo nuevo en la historia de la democracia en España. Le tocará liderar una auténtica catarsis de la vida política institucional que suponga prevenir y acabar con las tramas de corrupción, recuperar el prestigio de las instituciones como parte de la regeneración democrática, aplicar una orientación social al proceso de recuperación económica de la mano de una redistribución de la riqueza para acabar con el empleo precario y la devaluación salarial y otra cultura en el ejercicio del poder. Las ideas claves guardan relación con la ética política y se llaman diálogo, regeneración, transparencia y redistribución de la riqueza.

En solo una semana se han sucedido acontecimientos tan decisivos como la aprobación de los Presupuestas Generales del Estado, la consulta interna en Podemos relacionada con la compra de un chalet por sus máximos dirigentes, la detención de Zaplana, la primera de las sentencias sobre la trama de la Gürtel, la dimisión de Zidane (!) y la inesperada aprobación de una Moción de Censura del PSOE contra Rajoy.

No ha habido tiempo suficiente para hacer la digestión con calma de las convulsiones que estamos viviendo ni para reflexionar sobre el triunfo de la democracia sobre la impunidad. El único que intentó hacer la digestión, con muy mal resultado, fue el propio Rajoy con su larga sobremesa en el restaurante cercano a la Puerta de Alcalá.

La España doliente de estos años de crisis económico-financiera y de peligrosa decadencia del sistema democrático, ha observado atónita el acto final de ceguera y soberbia política por parte de Mariano Rajoy, responsable, en última instancia, de la cadena de casos de corrupción vinculada al PP y de la precarización y los recortes sociales que sufre la mayoría de la ciudadanía.

El PSOE ha sido coherente e hizo algo que no habíamos previsto pero que era la única respuesta tras la sentencia para devolver la dignidad a la democracia: la presentación de una Moción de Censura constructiva. Rajoy pudo optar por su dimisión, aceptando las reiteradas peticiones que le formuló Pedro Sánchez durante el tenso debate del jueves. Esa dimisión, le hubiera mantenido al frente de un Gobierno en funciones durante el proceso de investidura que se habría abierto por el Rey con un periodo de dos meses y, en caso de resultar fallido, durante los 54 días siguientes hasta la celebración de elecciones anticipadas.

Tenía esa salida -en mi opinión generosa- pero hubiera sido insoportable para la democracia que Rajoy permaneciese en Moncloa, previsiblemente hasta noviembre, con un gobierno y un país paralizados. Esa era la traducción de lo que pedían algunos editoriales -elecciones anticipadas pero no tanto- y a lo que jugaba Rivera y su movimiento patriótico nacional de Ciudadanos que han cometido contradicciones que le pueden costar muy caro.

Es Rajoy, hoy por fin fuera de la política, quien nos ha traído al actual escenario y corresponde a los socialistas desarrollar un esfuerzo de responsabilidad e ingeniería política a varias bandas. Impresionante desafío, en medio de un campo minado, en el que el diálogo con las fuerzas políticas para impulsar las medidas de emergencia social, la interlocución con la sociedad (también con la Generalitat desde la legalidad), la creatividad en las formas y los marcos de participación, la humildad y la labor de pedagogía a la hora de explicar a la ciudadanía la realidad, marcarán esta corta legislatura.

Ahora se trata de planificar con acierto, y a modo de anticipo de la próxima legislatura, las prioridades de un programa corto de gobierno para su aplicación en un tiempo limitado. Esto exigirá diseñar un itinerario de diálogo y concertación, en especial con Podemos y PNV, para garantizar la aprobación de las leyes. Para ello, ya ha anunciado el Presidente que una de las primeras tareas será levantar el veto a las leyes paralizadas en la Mesa del Congreso relacionadas, en particular, con la igualdad de género, la reforma laboral, las ayudas a la dependencia y las pensiones.

Por otra parte, se abordará el trabajo de elaboración inmediata del presupuesto para 2019 vinculado a una necesaria revisión de la fiscalidad porque sabido es que la herramienta de las cuentas públicas, con mayores ingresos y una más eficiente gestión de la administración, es el único instrumento para cambiar la vida de millones de familias hoy sumidas en la precariedad y la incertidumbre.

El reto de fondo consiste en empezar a proyectar desde este Gobierno de España la alternativa Socialdemócrata para el Siglo XXI frente a las políticas neoliberales y patrioteras de las derechas. Me refiero a garantizar desde una izquierda alternativa el papel del Estado de Bienestar en una democracia ética, defender un modelo federal de cohesión territorial para este país y un nuevo modelo económico productivo para España que se adecue a los tiempos de la transición ecológica.

Un nuevo proyecto Socialdemócrata que dará respuestas a los desafíos de los complejos fenómenos del mundo de la globalización y la interdependencia en el marco de una Europa desfigurada, frente a un crecimiento de las desigualdades y el populismo, la incidencia de la economía digital en el empleo y la desregulación de un capitalismo financiero especulativo que, desde los mercados, está secuestrando la democracia y la soberanía popular.

Odón Elorza Diputado del PSE-PSOE por Gipuzkoa

San Sebastián , a 5 de junio de 2018 

( Artículo publicado en El Diario Vasco el 4 de junio y luego adaptado )

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Una democracia en decadencia.

UNA DEMOCRACIA EN DECADENCIA

Mientras nos entretenemos con apasionados debates en la calle y en nuestras casas sobre la compra del famoso chalet, el asunto del vídeo de las cremas o las trampas para obtener un máster, y los trileros tratan de despistarnos aún más en defensa de sus intereses privados, corremos el peligro de olvidarnos de la grave crisis que sufre la democracia en España. Porque no podemos caer en la banalización de la política, sin negar importancia a las polémicas citadas. Todas nos recuerdan que la ética y la coherencia han de presidir la vida pública.

Pero no perdamos la atención sobre todo aquello que realmente degrada el sistema democrático. Me refiero al hecho de que un PP corrupto continúe en el Gobierno de la Comunidad de Madrid -su auténtico laboratorio de la corrupción- gracias a que Ciudadanos pasa de la regeneración democrática. A la aprobación, en un Pleno de esta semana, de un presupuesto continuista y frívolo, como consecuencia de la complicidad entre el PNV, Rivera y Rajoy, a pesar del Cupo Vasco que figura de modo expreso en el capítulo de ingresos del Estado. O al veto urgente del Gobierno que impedirá que se debata en el Congreso una enmienda del PSOE al presupuesto que proponía la eliminación del factor de sostenibilidad de las pensiones, en realidad un factor para recortarlas.

Mientras Quim Torra, un ultra nacionalista nada honorable, okupa en Cataluña el puesto de President, ni existe ni se espera un plan estratégico de alcance político del Gobierno de España para ir restando argumentos y apoyos al secesionismo. Carencia aprovechada por Puigdemont para seguir jugando al victimismo. Y por Rivera con el tira y afloja del 155, en su línea de un populismo españolista rancio -modelo Aznar- y usando la mercadotecnia para ganar votos con el enfrentamiento entre territorios. Ante la ausencia de la política como herramienta para la resolución de conflictos, tampoco el cerco judicial en exclusiva resolverá nunca una confrontación que se va a enquistar y hará arraigar de forma radical el independentismo entre los catalanes más jóvenes. Perderá la democracia y aumentará la inestabilidad política en esta España plural en perjuicio de las aspiraciones de las izquierdas.

Por otra parte, la gestión de la crisis económico-financiera y las brutales consecuencias traducidas en empleo precario, salarios indignos, recortes de derechos sociales y de libertades o la propia violencia de género, han provocado el sentimiento, en buena parte de la ciudadanía, de que la democracia y sus instituciones no han servido para dar una respuesta tranquilizadora y justa a sus padecimientos e incertidumbres.

Sostengo la idea de que no puede haber democracia real en una sociedad sumergida en un mar de desigualdades crecientes. El sistema democrático tiene que afrontar los problemas de la desigualdad y debe garantizar que el parlamento legisle frente al secuestro de 52 leyes por el Gobierno con el apoyo de Ciudadanos. No hay democracia de calidad si la radio televisión pública no actúa con independencia y respeto al pluralismo. Si la familia Franco sigue siendo Grande de España y ostentando el Ducado. Tampoco si la política no prevalece en los grandes conflictos y es sustituida por la inacción y la judicialización. Ni hay democracia si la descarada corrupción del caso Bárcenas no obliga a Rajoy a asumir responsabilidades. Para colmo, las reformas que serían necesarias para reforzar la espina dorsal de nuestro sistema de cohesión social y territorial - la Constitución - se han convertido en una misión imposible ante un desprecio manifiesto a los principios de diálogo, redistribución, convivencia y búsqueda de consenso.

También los fraudes, la inmoralidad, el populismo, la falta de transparencia y la incoherencia, contribuyen a intoxicar la vida democrática en España y a provocar el hastío hacia los comportamientos de la llamada clase política. En definitiva, asistimos al descrédito de la política por la pérdida de reputación de los políticos.

Los diputados tenemos que colocar una y otra vez sobre la Mesa de un Congreso que mantiene unas reglas de funcionamiento desfasadas, los asuntos vitales para avanzar en la regeneración del sistema democrático, con otra forma de hacer política. Por ejemplo, obligar al Gobierno a rendir cuentas sobre los negocios de los fondos buitre, a que aplique la ley de Memoria y el Pacto contra la violencia de género o movilizar a la opinión pública contra la opacidad fiscal que imponen Rajoy y el PP y que nos impide conocer lo que pagan a Hacienda corporaciones como Amazon, Apple, Google o las empresas del IBEX, en aplicación del principio contributivo tributario del art. 31 de la CE, imprescindible para efectuar la redistribución de rentas y beneficios.

Los ejemplos muestran que vivimos en España una profunda crisis del sistema democrático y no debemos olvidarlo ni acostumbrarnos a este paisaje lleno de sombras y sospechas, como ya ocurrió con la corrupción. Con lo que está en juego, no basta una actitud ciudadana de desconfianza y desafección hacia las instituciones.

No esperemos más para levantar, de nuevo, las banderas más revolucionarias; las de la democracia. Y si bien es verdad que en este mundo globalizado, interdependiente y digital, los aires democráticos nos llegan muy contaminados, ello no representa un consuelo sino un gran desafío. Los comportamientos neofascistas de Putin o Trump, entre otros, la intoxicación y manipulación creciente de las redes sociales, la ausencia de un liderazgo político mundial en valores, sumado al descrédito de la UE y la ONU por su inoperatividad ante las guerras asesinas de poder, aportan aún más escepticismo ante la situación de una democracia decadente en el planeta y el avance de los nacionalismos y la xenofobia.

Es el momento de la regeneración y de las convicciones democráticas.

Odón Elorza,  Diputado Socialista por Gipuzkoa

San Sebastián, a 21 de mayo de 2018. Publicado en eldiario.es

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