Odón Elorza

Odón Elorza

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Mi opinión ante el debate sobre la reforma de la ley de secretos oficiales.

La opacidad y la sobreprotección de información clasificada como secreta por parte del Estado, han estado garantizadas hasta ahora por una ley que proviene del franquismo. El debate previsto para el otoño en el Congreso sobre la reforma de la Ley de Secretos Oficiales, me lleva a plantear algunas consideraciones democráticas que parten de la defensa, en términos razonables, del principio de transparencia y del derecho a saber de la ciudadanía.

Los papeles relacionados con el golpismo y el 23F, la guerra sucia contra el terrorismo de ETA y los GAL, los secretos de la larga dictadura franquista, la salida de España del Sáhara, el caso Mikel Zabalza (ver https://odonelorza.com/blog/item/1383-el-caso-mikel-zabalza-en-un-estado-de-derecho.html ) y otros asuntos de relevancia, han de desclasificarse como Secretos de Estado y, por tanto, posibilitar su conocimiento.

Este cambio tiene que producirse con ocasión de la aprobación de la nueva ley. Una ley de Protección de la Información Clasificada que establezca los ámbitos y materias que deben quedar protegidas por el Estado, las categorías y plazos de protección de documentos como Secretos de Estado, el procedimiento y requisitos a cumplir para solicitar la desclasificación, el papel del Tribunal Supremo ante las demandas de desclasificación y la identificación de los documentos existentes en los archivos secretos. Esto último con el objetivo de facilitar la accesibilidad a los mismos mediante la creación de un Registro que permita conocer qué asuntos o materias están protegidas bajo las categorías de Alto Secreto, Secreto, Confidencial y Restringido.

En 2022, y tras esperar 43 años, una Ley de Secretos Oficiales debe servir a la democracia. El anteproyecto aprobado en Consejo de Ministros ha levantado críticas y ofrece algunos agujeros negros. Por ejemplo: no contempla la prohibición de clasificar información que pudiera ser constitutiva de algún delito grave, fraude económico o corrupcióny ello con la finalidad de impedir que estas conductas delictivas quedaran impunes o prescritas. Por no hablar del pretendido carácter retroactivo de la ley sobre la información que ha sido secreta hasta hoy.

No pueden justificarse por la ley más esperas ni plazos más amplios de protección documental (se propone hasta los 50 años para información de alto secreto, ampliable a 65). Las personas físicas o jurídicas afectadas, los jueces, investigadores, historiadores, etc, tienen que poder acceder y conocer toda la verdad a partir del contenido de los documentos archivados como secretos oficiales. Hablamos de asuntos de gran trascendencia que tuvieron lugar hace más de 40 años. Es una cuestión de sensibilidad democrática. 

Ampliar los plazos para la desclasificación no sería entendido por la sociedad. De ahí que confíe en que el periodo que se abre en agosto para formular alegaciones y el debate con ocasión del trámite legislativo en el Parlamento, permitan aprobar una ley que se homologue a las más avanzadas en Europa y de la que los demócratas nos sintamos satisfechos. Para ello, será necesario un amplio consenso promovido por el Gobierno de coalición que permita compatibilizar el funcionamiento democrático del Estado con el mantenimiento de la seguridad y la defensa nacional.

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La guerra en Ucrania: entre la gestión de la ansiedad y el cambio de modelo para un planeta enfermo.

La guerra en Ucrania ha puesto a prueba la coherencia y la cooperación en el seno de la Unión Europea, una prueba de fuego que los Estados van superando de momento. Mientras, la ciudadanía europea se desespera ante los efectos, las convulsiones y graves incertidumbres que provoca este conflicto. No será fácil, con el contexto que se prevé en otoño, llevar la evolución de la situación con calma y resiliencia.

Vivimos una etapa crítica para la humanidad y la vigencia de los derechos humanos. Lo digo no solo por esta nueva tragedia humana que acontece en Europa -otras guerras no han cesado en el resto del Planeta- ni por las consecuencias económicas sobre nuestra sociedad de bienestar, sino también porque en este clima bélico avanzan el pensamiento político único, la militarización de las conciencias y de la economía.

También se extiende una cierta estigmatización de cualquier reflexión crítica del proceso seguido o de aquellas posiciones que defienden la necesidad de gestiones continuas y a fondo por parte de la alta diplomacia para encontrar una salida a la guerra provocada por el tirano imperialista Putin y que los demócratas condenamos.

Pero no deberíamos resignarnos a la cronificación de la guerra. ¿El sistema de lanzamisiles Himars de alta tecnología y los cohetes antiaéreos que EEUU viene entregando a Ucrania servirán para cronificar la guerra en un empate de larga duración? ¿Provocarán una carrera de armamentos y una escalada militar que active el riesgo de guerra nuclear, más aún tras el anuncio de Rusia del empleo de misiles hipersónicos? ¿ O por el contrario los misiles Himars y otras armas entregadas a Zelenski permitirán hacer ver a Putin que debe buscar un acuerdo diplomático? En todo caso, siempre con el acero como protagonista esencial de las guerras, un material de producción importante en Ucrania.

Mientras, la inflación, que ya empezó a subir en 2021 por los efectos de la pandemia en el mercado internacional, está disparada por la guerra con el incremento de precio de las energías y los alimentos. Todo ello, pone en claro riesgo de hundimiento a la economía europea en otoño, que aún dispone de los Fondos para afrontar la recuperación económica. No olvidemos la fuerte incidencia del trigo, paralizado en los depósitos de Ucrania, en la hambruna que padece la población de los países del sur.

La Europa democrática es débil en materia de defensa y ahora más dependiente de EEUU en suministro energético y en armamento. La potencia norteamericana actúa, como siempre, en defensa de sus propios intereses económicos y geoestratégicos. Con Biden o con Trump, enfrascados en su propia lucha electoral, la guerra en Ucrania es un escenario más de su confrontación de cara a las próximas elecciones legislativas en noviembre. En todo caso, la invasión de Rusia a Ucrania ha facilitado el cierre de filas en torno al poderío de Washington, con el compromiso de todos los socios de la OTAN de incrementar el gasto militar.

No pongo en duda el posicionamiento de la UE, la OTAN y EEUU en favor de actuar para que se respete la soberanía de Ucrania, con sanciones a Rusia, ayudas económicas y entrega de armamento a Zelenski. Pero, a raíz de la Cumbre de la OTAN en Madrid y la aprobación de su Concepto Estratégico, si creo necesario reflexionar sobre la realidad de la situación y hacia dónde vamos.

El nuevo concepto/objetivos de la estrategia militar y su relato político pasan por encima de la vida de las personas, de sus necesidades y derechos básicos. Seremos muy ingenuos si pensamos, desde un punto de vista simbólico, que la función del trigo se puede imponer al papel del acero, siendo ambas producciones de importancia decisiva para la economía de Ucrania.

La revitalización de la OTAN ha conllevado señalar a Rusia como principal amenaza directa y a China como un desafío sistémico, así como acordar el rearme y resucitar los bloques. Sin embargo, no sabemos si en la Cumbre se trató a fondo la búsqueda de una solución diplomática para lograr un final de la guerra que sea suficientemente digna, segura y estable para las partes. La diplomacia tiene el dificilísimo papel de plantear las cuestiones y los términos hipotéticos de unas negociaciones que permitan un final en el que no haya aparentes perdedores. 

Deberíamos preguntarnos si alguien cree posible una derrota militar de Putin, de una gran potencia nuclear como Rusia que ya no puede ser “ganada” militarmente de manera razonable. De momento, pese a las sanciones y daños que está recibiendo, Putin ha respondido cerrando más el grifo del suministro del gas ruso a países europeos en apuros, llevando al extremo su autoritarismo y ensayando el uso de armamento más sofisticado.

Por otro lado, la acción sobre los retos de la emergencia climática y la transición ecológica se ve paralizada, cuando no retrasada por la guerra, con la vuelta a las nucleares y al uso del carbón. Porque ya sabemos que la soberanía de los Estados reside en poseer fuentes propias de energía. Europa carece de recursos energéticos para hacer funcionar su maquinaria económica. Mientras, Putin hace descansar el sueño de su expansionismo nacionalista en el poder energético de Rusia para atacar, amenazar y desgastar a la Unión Europea.Aunque Biden, meses atrás, se comprometió a tratar de reemplazar el suministro de gas ruso.

La compatibilidad entre la guerra y la democracia resulta muy complicada de lograr por no decir excepcional. Lo saben muy bien las fuerzas ultras y populistas que buscan aprovecharse del clima de tensión y desestabilización. Sucede que el disfrute y prevalencia de los valores de la cultura democrática se pueden acabar resintiendo y depreciando -también en los Estados homologados- por las duras consecuencias de una guerra. En ese contexto, dominan objetivos que se ven prioritarios como la defensa y la supervivencia colectiva ante la inseguridad y el horror.

Son tiempos de ansiedad y sufrimiento ante tantas incertidumbres acumuladas y víctimas de las crisis. Tiempos que requieren liderazgos sólidos e ideas democráticas globales para gestionar la creciente ansiedad de la ciudadanía y avanzar en un cambio de modelo para el planeta.

Una situación de alarma que exige una redistribución justa de sacrificios, esfuerzos y contribuciones fiscales por parte de los grandes poderes economico-financieros. Se requieren medidas de imposiciones fiscales para quienes obtiene grandes beneficios de la guerra y de la emergencia energética, como la Banca y las grandes empresas energéticas; también para quienes hacen negocio directo con la venta de armamento y de tecnología militar.

Estas reflexiones obligadas me surgen tras revivir la excepcional película de 1959 del director Alain Resnais, “Hiroshima, mon amour”. Una nueva versión de aquella temática sería la demostración de que la barbarie, en este caso con motivo de la guerra de Ucrania, se volvió a imponer a la humanidad.

 

Odón Elorza / Diputado del PSOE

San Sebastián, 31 de julio de 2022 / Publicado en Ethic.es el 2 de agosto. 

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La ciudadanía donostiarra y los retos del futuro de San Sebastián.

Por diferentes canales surgen comentarios de preocupación sobre la marcha y el futuro de nuestra ciudad. Y compruebo, leyendo y escuchando opiniones, que hay por medio cuestiones de envergadura sobre las que se deberán tomar decisiones que marcarán el futuro de Donostia - San Sebastián. Será necesaria una deliberación abierta y un liderazgo claro.

Es innegable que durante once años, tras la derrota del terrorismo, han ido apareciendo pisos turísticos y nuevos hoteles, como setas, en edificios significativos. Mientras, se han paralizado actuaciones acordadas y dirigidas a promover vivienda protegida y de precio tasado para los jóvenes y familias, operaciones que formaban parte de la herencia que dejamos en 2011.

Se ha iniciado el proceso para la revisión del plan general de urbanismo de la ciudad. Un plan que ha de permitir avanzar con acierto en una ordenación urbana sostenible sobre los usos y desarrollos del escaso suelo disponible. Se trata de afrontar colectivamente los nuevos retos de San Sebastián en el escenario global del planeta. Se necesitan respuestas a la imprescindible cohesión territorial del municipio, la emergencia climática, la demanda de viviendas, el medio ambiente y las necesidades de una economía de innovación científica y tecnológica.

En estos años se han realizado cesiones y ocupaciones de suelo público que considero desacertadas y se ha carecido de ideas tractoras para potenciar una ciudad de vanguardia cultural. Se despreció primero y luego se desaprovechó desde la Alcaldía la enorme oportunidad que ofrecía la Capitalidad Europea de la Cultura en 2016 para crear nuevas redes, inercias e iniciativas culturales. Nadie rindió cuentas de aquella pobre celebración en una ciudad que parecía adormecida.

Por otra parte, distintos proyectos locales y territoriales se han aparcado o caído en el olvido por ausencia de ilusión. Finalmente, el Plan Estratégico 2030 se ha actualizado, entre la pandemia y una guerra, pero con escasa participación y sin definiciones precisas.

La ciudadanía debe saber que las decisiones estratégicas no pueden estar condicionadas por intereses económicos particulares, por actitudes partidistas o por la posición de vecinos que se desentiendan de una visión global de los intereses generales de la ciudad. Será preciso liderar un amplio consenso cívico y político sobre las prioridades de la gobernanza municipal.

El futuro no está escrito. ¿Queremos una ciudad equilibrada y controlada en su vocación turística? ¿Crecerá el deterioro del mantenimiento urbano? ¿Cambiará a fondo la movilidad -con ayudas de los Fondos Europeos- garantizando que los procesos de cambio sigan pautas de participación? ¿Podrán los jóvenes dejar de soñar y accederán a un piso en esta ciudad? ¿Se logrará la inclusión de la diversidad fruto del fenómeno demográfico? ¿Se atenderán las necesidades de cuidados a los más mayores?

Por tanto, nuestra ciudad no puede morir de éxito turístico. Antes tenemos que enriquecer su identidad y patrimonio y evitar que se nos vaya de las manos; implicar en las decisiones a la ciudadanía y a los agentes; promover valores humanitarios en un planeta lleno de incertidumbres; avanzar en la transición energética, ecológica y digital; fomentar la creatividad, la innovación y la convivencia; y atender las demandas sociales de la población. Porque Donostia-San Sebastián les pertenece.

Formulo estas opiniones sobre la ciudad en la que vivo con ánimo constructivo. Porque me siento en la obligación, como donostiarra y después de veinte años en la Alcaldía, de contribuir en la reflexión sobre los retos que tiene Donosti. Trato, además, de avanzar en su defensa, con rigor y plena libertad.

 

Odón Elorza / Diputado del PSE-PSOE por Gipuzkoa

Donostia-San Sebastián, 22 de junio de 2022 / Publicado en El Diario Vasco el 23 de julio de 2022

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Mi lealtad al PSOE, los cambios que vienen y el Comité Federal.

De entrada, reconozco la legitimidad y capacidad del Secretario General del PSOE para proponer cambios dirigidos a mejorar el funcionamiento del partido y del Grupo Parlamentario Socialista y reforzar así, cada cual en su papel, la difícil tarea del Gobierno. Hasta aquí expreso una obviedad.

El Comité Federal deberá ser quien, tras el necesario debate, tome los acuerdos correspondientes sobre los cambios de personas con total libertad. Sin embargo, su papel se podría ver mediatizado, reducido, a consecuencia de la innecesaria antelación con la que los designados ya lo han anunciado sin esperar -hasta con agradecimientos en twitter- y los medios más conectados con Moncloa han ido adelantando -en dosis digestivas- las decisiones de Pedro Sánchez.

Si todo el pescado está vendido, si el debate resultara escaso, si la cohesión y la fuerza del PSOE se identifican con la plena aceptación, sin intervenciones críticas que puedan considerarse impertinentes, ... entonces se corre el riesgo de convertir el Comité Federal en una especie de atrezzo con invitados y aplausos al encenderse la luz de aviso. Confío en que esto no sucederá por la gran inteligencia de sus miembros.

¿Será acertada la decisión de situar a dos excelentes ministras al frente de las tareas del Partido en Ferraz? ¿Tendrán tiempo y podrán hacer el papel político con lenguaje propio que corresponde al Partido como complemento del Gobierno? ¿Era necesario crear un comité de dirección, a modo de “núcleo duro” del Presidente, de composición muy monclovita, para concentrar el debate y las decisiones estratégicas de cara a las próximas convocatorias electorales? ¿En qué situación queda ahora la Ejecutiva Federal del PSOE salida del 40 Congreso?

Muchas preguntas que el tiempo, ese tiempo que avanza demasiado rápido en medio de tantas convulsiones y terribles incertidumbres, se encargará de responder. Por cierto, Pedro Sánchez ha tenido el acierto y la generosidad de curar heridas. Además, ha incorporado a su entorno a quienes le echaron de la dirección en octubre de 2016 con ocasión de un debate de fondo sobre la posición socialista en la investidura de Rajoy. Con la misma lealtad al PSOE que entonces, espero que aquel episodio no se vuelva a repetir.

Tras aquel “golpe” en el Comite Federal de 2016 hubo mucha militancia, entre ellos quienes votamos NO a Rajoy, que defendimos - a cuerpo y poniendo todo en juego- un proyecto de izquierdas, la coherencia del PSOE y la democracia interna. Me temo que una parte de aquella militancia puede estar hoy, como mínimo, confusa. Entonces no se equivocó.

 

Odón Elorza / Militante del PSOE

21 de julio de 2022

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