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Cómo defender una democracia amenazada. / Mi aportación al 40 Congreso Federal del PSOE.

En este documento analizo, con preocupación, las amenazas, debilidades, retos y nuevos procesos relacionados con la democracia. Lo enmarco en un escenario en el que los populismos, los nacionalismos excluyentes y la extrema derecha buscan desprestigiar la democracia así como deslegitimar sus instituciones.

El objetivo de estas reflexiones es el de llamar la atención, en particular de los Socialistas, sobre la necesidad de desarrollar, con iniciativas políticas y promoviendo el activismo ciudadano, una democracia avanzada para el siglo XXI. Y hacerlo desde una posición crítica y no complaciente con el modelo existente. 

Para ello, aporto algunas respuestas teniendo en cuenta: los cambios sociales y la desafección ciudadana hacia la política y los partidos, las demandas de más participación y transparencia, los fenómenos y la complejidad que nos plantea la globalización y la incidencia de las tecnologías y las redes sociales sobre el sistema democrático.

El documento se estructura en los siete apartados siguientes:

  1. Las amenazas a la democracia y los nuevos tiranos del siglo digital. 
  2. El PSOE y la defensa de la democracia. 
  3. Los Órganos de Cooperación y la Gobernanza como vías para profundizar la democracia en la España Autonómica. 
  4. Un Parlamento abierto a las necesidades de la democracia. 
  5. Democratizar la globalización para salvar el planeta. 
  6. Luchar por reformas y también por la transformación del Mercado neoliberal.
  7. Una propuesta para la reflexión del 40 Congreso Federal del PSOE. 

    Con el paso del tiempo aprendí que el Socialismo es la traducción de la Democracia llevada hasta sus últimas consecuencias en políticas de igualdad, libertades, fiscalidad, redistribución de la riqueza, participación y sostenibilidad para la supervivencia del planeta.

 

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1. LAS AMENAZAS A LA DEMOCRACIA Y LOS NUEVOS TIRANOS DEL SIGLO DIGITAL.

España 2021: la última encuesta del CIS otorga a VOX un 13,8 % de intención de voto (tuvo un 15,1% en las elecciones generales del 10N). Mientras se mantenga en un nivel tan elevado de voto, la extrema derecha seguirá condicionando a un PP que practica un discurso populista y una estrategia irresponsable, contrarias a los valores de la democracia y a los intereses de Estado.

Tenemos un PP con un líder, Pablo Casado, acomplejado que continúa por el camino que le marca la Presidenta Ayuso. La posibilidad de un gobierno del PP y VOX, con sus políticas neoliberales y carencias democráticas, representa una amenaza real para la democracia. Un retroceso hacia una democracia autoritaria con pérdida notable de libertades y derechos sociales así como una involución autonómica.

En un escenario de crisis cíclicas y avance de los postulados populistas, aquí también crecen los seguidores de personajes como Trump, Le Pen, Abascal, Orbán, Salvini o Putin, entre otros dirigentes ultra nacionalistas y populistas. Lo hacen en un contexto internacional favorable, al abrigo del discurso de VOX que cuenta con 52 diputados en el Congreso y aprovechando el blanqueo que hace el PP a sus socios ultras. 

Casado y Diaz Ayuso, en peligrosa competencia con VOX, alimentan con sus discursos las posiciones políticas más retrogradas en la sociedad española y aspiran a gobernar juntos en España. Pero además, tenemos a los partidarios de una democracia iliberal o autoritaria incrustados y actuando desde todos los aparatos del Estado.

Precisamente por esta razón y porque la democracia arrastra déficits que van deteriorando su calidad así como disfunciones en el funcionamiento de instituciones y partidos, es necesario avanzar en el proceso de regeneración democrática. 

En consecuencia, el PSOE, como fuerza más importante de la izquierda y partido de referencia en Europa para los movimientos de progreso, ha de activar y aplicar nuevos mecanismos de la democracia para perfeccionar el modelo, promoviendo un debate cívico abierto en donde surjan ideas, iniciativas y propuestas. El objetivo es defender la democracia ante el crecimiento de los populismos y de una extrema derecha que, desde la oposición o el gobierno, quieren restringir las libertades y derechos que hemos conquistado.

Si los Socialistas no actuamos a tiempo llegarán las seudodemocracias y las democracias autoritarias con el apoyo en las urnas de sectores de la ciudadanía que parecen no ser conscientes de cómo se inicia un camino hacia la tiranía. Es llamativo observar cómo, en estos últimos años, aumenta en las encuestas de organizaciones internacionales el número de personas que no ven imprescindible vivir en sus países bajo la cobertura de las reglas de una democracia.

En España, las amenazas a la democracia se llaman populismo (Diaz Ayuso es un claro ejemplo), nacionalismos excluyentes y una extrema derecha neofranquista. Estas fuerzas intoxican la vida política, deslegitiman las instituciones democráticas, practican el discurso del miedo y del resentimiento y proponen medidas involucionistas.

Los entramados de corrupción y los abusos de poder, la extensión de las desigualdades y la precarización del empleo, especialmente entre la juventud, también deterioran el sistema democrático. Además, la democracia, en todo el planeta, se ve sometida a la presión del capitalismo financiero de la globalización, un capitalismo que rechaza todo control democrático y que actúa con injerencias sobre las decisiones de los Estados. Todo ello despierta en la ciudadanía una desconfianza creciente y juega, a la vez, en contra de la resiliencia y la eficacia de la democracia.

En España vivimos una fuerte polarización de la sociedad, enfrascados en polémicas que desgastan y pueden poner en crisis nuestra democracia si no encontramos pronto soluciones a los problemas. Necesitamos respuestas al bloqueo anticonstitucional del PP que impide la renovación de órganos constitucionales como el Tribunal Constitucional, el CGPJ, el Tribunal de Cuentas o el Defensor del Pueblo, y su elección con criterios que garanticen la capacidad e independencia de sus miembros en el ejercicio de sus funciones.

Necesitamos medidas efectivas para la separación de poderes como asignatura democrática imprescindible; necesitamos una redefinición de los llamados delitos de expresión y su acogida en una reforma del Código Penal. Y necesitamos garantizar el buen funcionamiento de los medios públicos de comunicación que, respetando el pluralismo y la libertad de expresión, difundan valores democráticos.

Por otra parte, se requiere la concreción de un sistema de gobernanza para el diálogo en un Estado plural y descentralizado. Una gobernanza que se apoye en la Conferencia de Presidentes y en los Órganos de Cooperación de cara a la toma de decisiones compartidas, desde la lealtad, entre las diferentes administraciones. Y urge aprobar reformas legislativas que resuelvan algunos desfases que arrastra el sistema electoral en la LOREG. Por no hablar de la gran asignatura pendiente, como es la reforma de la Constitución que, en una coyuntura de crispación política, se hace imposible alcanzar cualquier consenso. Menos aún si se trata de hacer más transparente y racional el funcionamiento del Rey y la Familia Real.

Como datos para fundamentar las anteriores preocupaciones, basta citar dos trabajos recientes sobre el estado de la Democracia en España. En el Eurobarómetro de la Unión Europea de 2021, los 1007 españoles encuestados destacan en los primeros doce meses de la pandemia que, por su labor, los sanitarios son el colectivo que más confianza les transmite, mientras que los políticos, encargados de gestionar la crisis sanitaria, suspenden. El 75% de los españoles recela del Gobierno y del Congreso, mientras que el 90% desconfía de los partidos políticos. Solo un 7% les da un voto de confianza. Fuentes del Gobierno confían en que, “con las elevadas tasas de aprobación de la campaña de vacunación y la puesta en marcha de los fondos europeos para recuperar la economía, esos elevados porcentajes de desaprobación de la clase política irán disminuyendo.”

Por su parte, en las conclusiones del Documento sobre la Calidad de la Democracia en España 2020, elaborado por la Fundación Alternativas, los expertos le dan una puntuación de 6,3 puntos y ponen de manifiesto que “las principales debilidades de la democracia española son la corrupción y las indeseables injerencias financieras e internacionales”.

También indican que “hay muchas cuestiones concernientes a la participación y la sociedad civil que son mejorables. En especial, las relacionadas con los medios de comunicación y a los representantes de la ciudadanía. En definitiva, hay una alta desconfianza en los líderes políticos y en sus mediadores, a lo que la situación de competencia política entre Gobierno central y las comunidades autónomas en torno al estado de emergencia y otras medidas de prevención de la expansión del virus no ha ayudado a mitigar.”

A todo ello debemos prestar atención en nuestro 40 Congreso Federal.

2. EL PSOE Y LA DEFENSA DE LA DEMOCRACIA.

Nos preocupa que crezca la apatía ciudadana hacia la democracia. Esto va unido a la cuestión de cómo responder a las amenazas y a los nuevos retos globales que tiene que abordar un sistema democrático para el siglo XXI. Y cómo hacerlo generando nuevas energías desde la propia sociedad. Porque no es suficiente actuar solo desde las instituciones y los partidos. De ahí la importancia de crear mecanismos que promuevan un movimiento cívico transversal que actúe para proteger y reforzar la democracia frente a la deslegitimación de las instituciones que provocan el PP y VOX, los discursos de odio y el desprestigio del Parlamento.

La Socialdemocracia representa una izquierda con vocación de gobierno que persigue la transformador de las reglas del Mercado, un paso más allá de las políticas reformistas, y salvaguardar una democracia que, superando apariencias formales, ha de ser participativa, incluyente e igualitaria.

La Socialdemocracia, en la era digital y de transicion energética, ha de interactuar de modo permanente con la sociedad -escuchar, dialogar y deliberar- para perfeccionar la calidad de la democracia. Es preciso repensar la democracia del siglo XXI, lo que se traduce en democratizar la globalización y en defender las bases de un sistema democrático que se ven amenazadas por nuevos fenómenos tecnológicos, políticos, sociales, económicos y financieros de gran complejidad.

Sabemos que la democracia arrastra un desgaste crónico provocado por vicios de la política y de los partidos. Entre ellos, la corrupción, los abusos de poder y los déficits en transparencia. Se producen, además, una polarización extrema que se ha convertido en pandemia e impide el diálogo así como crisis cíclicas que provocan el desánimo y la desafección ciudadana hacia los políticos e instituciones.

Lo anterior favorece en conjunto el discurso populista y la antipolítica. De hecho, hay países en los que la ciudadanía renuncia, por miedo, a libertades y derechos a cambio de una falsa seguridad. Esos discursos retrógrados y cargados de odio incluso gobiernan bendecidos por las urnas.

¿Asistimos al ocaso de la democracia como antesala de las autocracias, las democracias autoritarias y el resurgimiento de los tiranos? Hay sobrados ejemplos en el mundo aunque, afortunadamente, Trump ya fue desalojado del poder en USA.

Mientras, la izquierda no puede retroceder en la defensa de una igualdad social, en la presencia de la mujer en todo tipo de cometidos en pie de igualdad con el hombre, en la redistribución de la riqueza y en la plena recuperación de las decisiones económicas como ejes de su IDENTIDAD y de una estrategia democrática. Solo así impediremos que avancen los diversos populismos autoritarios, los gobiernos de tecnócratas que devalúan el papel de los partidos y las élites financieras del planeta que condicionan absolutamente la economía y se convierten en interlocutores privilegiados de gobiernos débiles.

Desde la defensa de esos valores y de la dignidad de la democracia, la izquierda tiene que superar un enfoque reduccionista y formal de la democracia representativa, atendiendo las demandas de una sociedad crítica que desconfía de los partidos y que exige más participación, transparencia y rendición de cuentas por parte de los gobiernos de todos los niveles. Pero una estrategia para reforzar la democracia necesita ideas para innovar el sistema, pues una democracia dormida o sometida al poder no es válida.

La democracia tiene que ser una herramienta viva que ayude a consolidar avances contra las desigualdades, una redistribución más justa de la riqueza por la vía de una fiscalidad progresiva y una regulación ética que garantice los comportamientos de los partidos, cargos públicos y estamentos influyentes en la sociedad así como la integridad en el funcionamiento de las administraciones públicas. La gestión de los Fondos Europeos para la recuperación económica y la resiliencia deben reflejar estos compromisos de actuación en una sociedad democrática avanzada, como expone la Constitución en su preámbulo.

 

3. LOS ÓRGANOS DE COOPERACIÓN Y LA GOBERNANZA COMO VÍA PARA PROFUNDIZAR LA DEMOCRACIA EN LA ESPAÑA AUTONÓMICA.

España es un Estado plurinacional y descentralizado, con una distribución del poder que descansa en una estructura autonómica y con una sociedad que demanda más participación en las decisiones públicas. En este complejo escenario y con ocasión de la pandemia ha funcionado un modelo de gobernanza, como apuesta del Gobierno presidido por Pedro Sánchez, que ha evidenciado la necesidad de fortalecer los principios de lealtad y cooperación entre las diferentes administraciones.

La gobernanza, como sistema operativo propio de una democracia de participación, exige promover un funcionamiento regular de la Conferencia de Presidentes, las Conferencias Sectoriales y otras Comisiones, en especial el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, al constatar que son órganos válidos de cooperación multilateral entre el Gobierno Central y las CCAA.

Las consecuencias de la pandemia y de los estados de alarma o el proceso de vacunación han subrayado la importancia de utilizar mecanismos democráticos que permitan la gestión eficaz de una situación inédita. La activación de los órganos de cooperación, con sus lógicas dificultades y carencias, han servido para poner en práctica una gobernanza entre los Gobiernos de España y de las Comunidades Autónomas, basada en el diálogo, la consulta, la cooperación y las decisiones compartidas para dar respuestas urgentes a los efectos del virus COVID-19.

Para transitar en la nueva normalidad se deben aprovechar con regularidad unos órganos que estaban dormidos para cuestiones como afrontar la reforma de la financiación autonómica y la participación de las CCAA en los procesos de formación de la voluntad del Estado en los asuntos europeos. De ahí, la creación de una Conferencia Sectorial con las CCAA para tratar la gestión de los Fondos Europeos.

Uno de los objetivos es que estos órganos de cooperación multilateral -propios del Federalismo- contribuyan a reducir la conflictividad entre el Gobierno Central y los Gobiernos Autonómicos, la tendencia de algunas Comunidades a la exclusiva relación bilateral con el Estado, la insuficiente participación autonómica en materias que les afectan dentro del ámbito de decisiones de la Comunidad Europea y la ausencia de una cultura política de cooperación en España. En conjunto son misiones que fortalecerán nuestro sistema democrático.

En las naciones europeas de estructura federal, parecidas herramientas para la cooperación sirven para tratar las cuestiones más trascendentes del país. En España, ahora, las administraciones tendrán que afrontar, desde la Conferencia Sectorial con las CCAA que trata de su implicación en la gestión de las ayudas de la Unión Europea, el reto de lograr una gestión eficaz y transparente de los Fondos Europeos de ayuda Next Generation para la recuperación económica y la colaboración en la transición ecológica y la transformación digital.

Avanzar en la consolidación del modelo institucional de gobernanza democrática para una toma de decisiones compartidas entre el Estado y las Comunidades Autónomas, requerirá una actitud leal entre las partes y un funcionamiento planificado y continuado de los órganos de cooperación. Se trata de alcanzar una mayor integración y cohesión del Estado Autonómico y de prestar un mejor servicio público a la ciudadanía.

Ademas, es preciso avanzar con ese modelo democrático para el ejercicio del poder que supone la gobernanza, mediante los procesos deliberativos de participación democrática en la sociedad, con sus organizaciones cívicas y los agentes sociales.

 

4. UN PARLAMENTO ABIERTO A LAS NECESIDADES DE LA DEMOCRACIA.

El Congreso es la institución democrática más representativa y el centro de la actividad política española. Por tanto, quien más puede hacer por fortalecer una democracia avanzada. Pero es una obligación de quienes forman parte del Congreso adoptar las medidas necesarias para reforzar su papel e intervenir en la vida parlamentaria con respeto a los valores democráticos.

El objetivo consiste en lograr que el Congreso gane en credibilidad ante cierta sensación de fatiga del actual parlamentarismo y mejore su funcionamiento para desarrollar sus funciones con eficacia en una sociedad cada vez más compleja por los nuevos desafíos a los que se enfrenta.

El preámbulo de la Constitución expresa que la Nación española proclama su voluntad de establecer una sociedad democrática avanzada. El artículo 66 señala que las Cortes Generales representan al pueblo español y ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución. El artículo 23 reconoce que los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes. El artículo 67.2 indica que los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo. Por su parte, el artículo 72 establece que las Cámaras del Congreso y Senado regulan su funcionamiento por medio de sus propios Reglamentos y su reforma requerirá la mayoría absoluta.

El Congreso ha de dar respuesta al déficit de representación que arrastra el sistema democrático y neutralizar con su actividad las amenazas a la democracia que significan los movimientos populistas, autoritarios y los discursos de odio. La capacidad del Parlamento para hacer que la ciudadanía se sienta representada reside en su competencia de dar una respuesta ágil a problemas e incertidumbres de la población y a los nuevos retos de los tiempos.

Desde hace años, pero de modo más patente tras la explosión de la crisis económico-financiera, la pandemia y los casos de corrupción, indicadores como el barómetro del CIS y estudios de entidades y organizaciones independientes que trabajan en favor de la regeneración de la vida pública, coinciden en destacar la desafección y pérdida de confianza ciudadana en los políticos, los partidos y las instituciones. En la actualidad, la democracia representativa ya no se entiende como una simple delegación de voto de los electores en los representantes elegidos cada cuatro años.

En este escenario, el papel del Congreso asignado por la Constitución es trascendental y mejorar su funcionamiento pasa necesariamente por reformar su Reglamento, por estar desfasado y no ser el instrumento adecuado para hacer frente a los nuevos desafíos del parlamentarismo moderno. Su Reglamento tampoco recoge las posibilidades que ofrecen las tecnologías ni responde a las demandas de una democracia más participativa en el siglo XXI.

Por esas razones, el Congreso se debe dotar de un Reglamento que perfeccione los mecanismos de la democracia representativa en favor de un Parlamento Abierto que innove los procedimientos de deliberación y de producción legislativa. La reforma del Reglamento ayudará a dar respuestas más eficientes a los complejos problemas tanto nacionales como europeos y de la globalización. Y hará posible una relación más fluida de los representantes políticos con los electores, la sociedad civil y sus organizaciones en los procesos de toma de decisiones, aprovechando las potencialidades de la tecnología de la comunicación.

El Reglamento del Congreso fue aprobado en 1982, y desde entonces solo se ha reformado para aspectos muy puntuales. La espera de una reforma integral se hace larga pero para abordar esta actuación no se parte de cero. A lo largo de los últimos años han sido numerosas las organizaciones cívicas, entidades y expertos que han reflexionado sobre las carencias de nuestro sistema parlamentario, aportando alternativas y documentos de gran interés para contribuir a sentar las bases de un nuevo modelo parlamentario en España.

El PSOE tiene la principal responsabilidad de adaptar el funcionamiento del Congreso a los requerimientos de los nuevos tiempos, a las necesidades de la democracia y a las demandas de la ciudadanía. Para ello ha de actualizar sus reglas, haciendo más ágil y eficaz la tarea legislativa y la de control al gobierno e innovando las vías de participación, su modelo de transparencia e integridad.

Más allá de las reformas en su funcionamiento, urge la aprobación por el Congreso de leyes comprometidas por el PSOE para este mandato y que ayudarán a la profundización de la democracia. Entre ellas: la eliminación del voto rogado, cambios en la LOREG como la regulación de los debates electorales en la televisión pública, la protección de los denunciantes y alertadores de casos de corrupción de acuerdo con la directiva europea, una nueva ley sobre secretos oficiales, la aprobación de una ley de gobierno para La Corona así como la aplicación de la ley de transparemcia para que Familia Real haga su declaración de bienes y patrimonio por cuanto que la democracia ha de estar siempre por encima de la corona.

Es imprescindible convertir el Congreso en un espacio de respeto y educación en los valores de la democracia, primando actitudes como la escucha, la deliberación, la búsqueda del consenso y la integración de las demandas ciudadanas.

 

5. DEMOCRATIZAR LA GLOBALIZACIÓN PARA SALVAR EL PLANETA.

A. Los problemas y debilidades de la democracia y su pérdida de calidad están presentes en todo el planeta, lo cual complejiza su análisis y dificulta las soluciones. Bastaría con recordar que China, India y Rusia (y por poco USA, que se salvó en un match ball de la continuidad de Trump, ejemplo del populismo extremista) son grandes potencias mundiales con regímenes dictatoriales o con democracias iliberales o autoritarias.  

Las amenazas a la democracia se extienden por países de todos los continentes, también en una Europa en la que la extrema derecha avanza en las instituciones e incluso dirigiendo Gobiernos en Polonia o Hungría entre otros. Estos movimientos van de la mano del populismo autoritario, el ultra nacionalismo excluyente y la extrema derecha. En un tiempo en el que las bases de la democracia se ven vulneradas por los fenómenos de la globalización, es obligado repensar también la democracia en su aplicación a una dimensión planetaria o global.

Se trata de adaptarla teniendo en cuenta las incertidumbres de la población, el funcionamiento de la sociedad y la economía en una era digital y la necesidad de medidas políticas urgentes y globales ante la grave emergencia climática. El reto consiste en avanzar en el objetivo de democratizar una globalización descontrolada y desregulada.

La democracia ha de ser resiliente y solidaria ante unas incertidumbres que son producto de la globalización y de la emergencia climática; ambas nos plantean enormes desafíos. Hablamos de las migraciones y de los movimientos de refugiados, de los mercados financieros especulativos y desregulados, la concentración e incremento de la riqueza en unos pocos que va en paralelo al aumento de las desigualdades y la hambruna, la necesidad de prever y planificar la lucha contra las pandemias y otras catástrofes naturales asociadas al calentamiento global, el fanatismo terrorista, la corrupción internacional, y los ataques informáticos que afectan a la economía y la seguridad nacional de los Estados. Hablamos también de la revolución digital con sus efectos en el mercado de trabajo y las poderosas estrategias para la manipulación de la información en las redes sociales.

Vivimos en un mundo en el que la democracia representativa liberal que respiramos se ve contaminada por las nuevas estructuras globales que no reflejan valores democráticos. En especial por una élite financiera surgida de un capitalismo insaciable y globalizador, las estrategias de poder de las grandes corporaciones multinacionales, las poderosas plataformas digitales y los fondos de inversión. Todas ellas mandan sobre la política y presionan a los Estados, tratan de influir en la opinión pública y mediatizar el voto, tutelan el sistema económico, fomentan un mercado especulativo en favor de obtener más beneficios y toman decisiones contrarias al interés general de la población y de las economías nacionales.

Su incidencia en la calidad de la democracia y en la reducción de la soberanía nacional resulta evidente por la prevalencia de los grandes intereses privados y la utilización -con fines de manipulación y del control de las emociones- de las tecnologías de la comunicación, la inteligencia artificial, el uso de los algoritmos y de unas redes sociales que son intoxicadas con la posverdad y las fake news.

B. Las incertidumbres y amenazas señaladas exigen la apertura de un debate con generación de ideas y reforzamiento de las políticas de coordinación, cooperación global y solidaridad internacional. En especial en la Unión Europea que ha de reforzar su papel y el de sus organismos, tanto para afrontar los retos e incertidumbres arriba expresados como para ayudar a fortalecer las democracias parlamentarias en el Planeta, así como para construir procesos democratizadores de las instancias supraestatales que permitan una gobernanza de la globalización con la adopción de  decisiones y medidas justas.

Antes, el sistema democrático tenía al Estado-Nación como marco de referencia. Ahora, muchas decisiones nacen deslegitimadas al imponerse desde instancias supra estatales alejadas de los Parlamentos, de las reglas democráticas, de la transparencia y del electorado, disminuyendo el control democrático y la participación ciudadana y acentuando la desconfianza popular hacia centros de poder inaccesibles.

De ahí que las actuaciones en favor de aportar mayor legitimidad y justicia social a las decisiones de la gobernanza de un planeta dominado por la ideología neoliberal, han de formar parte de una estrategia diplomática global de los Estados que aborden la transformación de los actuales organismos internacionales.

Los Socialistas tenemos que asumir el reto, o mejor la utopía necesaria, de definir un modelo de gobernanza supraestatal para democratizar la globalización económico-financiera. Esta gobernanza requiere la reforma del funcionamiento de organismos como la ONU, el G7, el FMI, el Banco Mundial, la OMC o la OMS, entre otros. Una reforma que resulte eficaz para lograr un orden planetario más igualitario e inclusivo, basado en el diálogo, el respeto a los derechos humanos y la cooperación transnacional en la toma de decisiones por parte de los organismos políticos y económicos multilaterales y supra estatales.

Recientemente, el G20 y la OCDE, en un escenario en el que todavía se mantiene la elusión fiscal practicada por los poderosos y las multinacionales así como los paraísos fiscales, han aprobado la tramitación por los Estados de un impuesto mínimo para las grandes empresas multinacionales del 15% sobre los beneficios obtenidos en cada país. Aunque se partía de una propuesta del 21%, será el paso inicial de un largo camino que hay que recorrer sin demora para gobernar la globalización de una forma más justa y democrática.

C. La historia se repite. Resistir y transformar este estado de cosas obliga a defender los valores democráticos, proponer soluciones de fondo y movilizar sin complejos a la mayoría de la sociedad que cree en la democracia. Actuar conforme a sus valores en lugar de apoyarse en la tecnocracia política mediante el uso constante de técnicas de encuesta y mercadotecnia para averiguar qué es lo que la gente quiere escuchar y ofrecerlo en una pseudodemocracia.

En esta ingente tarea es necesario buscar la alianza y el protagonismo de la sociedad civil mundial, con sus organizaciones sociales, foros y ONGs que deben jugar un papel de presión, concienciación y movilización en defensa de la democracia.

Como demostración de la pérdida de valores democráticos, cabe analizar el comportamiento de los Estados ricos y de algunos poderosos organismos internacionales en relación con la pandemia del Covid-19. Es vergonzoso que las vacunas contra una pandemia global no lleguen aún a todos los rincones del planeta por el rechazo de las grandes farmacéuticas a aumentar la producción suspendiendo las patentes y por los intereses ocultos de algunos gobiernos. Asistimos a un claro ejemplo de las graves carencias del orden mundial en valores democráticos.

Esto pone de manifiesto la trascendencia de que organizaciones civiles de solidaridad, justicia fiscal y derechos humanos presionen con la reclamación de vacunas eficaces para toda la población del planeta y denuncien los intereses económicos de las farmacéuticas y la complicidad de gobiernos.

Sufrimos las catástrofes que son consecuencia del calentamiento global causado por la sobreexplotación de los recursos naturales y la degradación de la biodiversidad. Venimos observando este verano, de una manera sorprendente, grandes inundaciones y sequías, hambrunas y enfermedades, incendios y mayor deshielo de glaciares.

No hay tiempo que perder. Se requieren decisiones planificadas, valientes, solidarias y justas para salvar la vida del planeta y la humanidad. Y ya sabemos que las políticas ecologistas de los Estados solo serán eficientes si forman parte de compromisos ciertos de cooperación en el marco de una gobernanza global compartida. 


 

6. LUCHAR POR REFORMAS Y TAMBIÉN POR LA TRANSFORMACIÓN DEL MERCADO NEOLIBERAL.

Llega un otoño político caliente a España en medio del compromiso del Gobierno de coalición para avanzar con reformas en la reactivación de la economía junto a un cambio de modelo económico y la superación de conflictos que afectan a la calidad de nuestra democracia y al estado de bienestar.

Será preciso explicar con transparencia los problemas cercanos, como el de la subida de la tarifa eléctrica, la sostenibilidad de las pensiones o el alcance del SMI. Enfrente, seguirá la estrategia de la distorsión y la antipolítica que practican el PP y VOX. Está en juego la credibilidad y el prestigio de la vida política.

Se preven grandes tensiones en el escenario internacional ante la gravedad de las incertidumbres y conflictos globales. Como la pandemia, las migraciones, la crisis climática o la confrontación económica entre las potencias de USA y China. Un escenario en el que se celebrarán procesos electorales en Alemania y después en Francia.

En este mundo conectado e interdependiente, no olvidemos que las decisiones políticas de mayor trascendencia están relacionadas con las consecuencias y los retos de la globalización y son afrontadas desde instancias internacionales que deben democratizarse para posibilitar una gobernanza supraestatal justa y eficaz.

Decisiones para lograr una regulación de los Mercados que implique cambios sistémicos de las reglas de un Mercado descontrolado y especulativo. Un Mercado que responde a la doctrina neoliberal imperante que rechaza cualquier intervención de los Estados y que provoca cada vez más desigualdad, injusticia y pobreza.

Vivimos un tiempo de emergencias e incertidumbres. Y corresponde a las fuerzas democráticas del planeta liderar de manera consciente -con un papel fundamental para Biden- propuestas para conseguir transformaciones de fondo en el modelo de una sociedad capitalista en crisis.

Cuando hablamos del Mercado no podemos admitir reglas sagradas e intocables cuyo mantenimiento va en perjuicio de la inmensa mayoría de la población. Se impone un cambio de paradigma que permita una sociedad planetaria más inclusiva y cohesionada, que evite finalmente una explosión social y una involución hacia modelos de democracias autoritarias.

Necesitamos algo tan elemental como la aplicación real de una fiscalidad global y de mínimos a las empresas multinacionales del planeta, a las grandes fortunas y plataformas tecnológicas. A la vez, se debe exigir a la UE, la OCDE y el G7 la efectiva eliminación de todos los paraísos fiscales.

Por otra parte, es una medida solidaria y de cooperación global imprescindible la defensa, en el marco de la Organización Mundial del Comercio, de la suspensión temporal de las patentes sobre vacunas y otros medicamentos esenciales en manos de las grandes farmacéuticas; si realmente queremos controlar la pandemia y que la población de todos los rincones del planeta acceda a las vacunas sin más dilación. Igualmente, se impone proponer y gestionar ante la UE una regulación más justa del mercado mayorista del sector energético en el que las empresas eléctricas constituyen otro poder intocable.  

Tampoco debemos olvidar otros conflictos y desafíos de ámbito planetario. Como la necesidad de alcanzar acuerdos en las instancias transnacionales para la asignación de cuotas de cooperación solidarias de cara a la acogida de refugiados y migrantes -empezando por la UE-; los pasos a dar para construir una gobernanza democrática de la globalización desde la que frenar el cambio climático y responder a las situaciones de emergencia; o el control de las tecnologías de la comunicación, la inteligencia artificial y el mal uso de los algoritmos para evitar que se conviertan en armas al servicio de las élites tecnológicas y financieras.

No se trata de plantear quimeras. Se trata de actuar sobre cuestiones claves de las que dependen la supervivencia del planeta, la vigencia de los derechos humanos y la fortaleza de la democracia. Sobre ellas, ha de prevalecer el interés general frente a los grandes intereses privados.  

 

7. UNA PROPUESTA PARA LA REFLEXIÓN DEL 40 CONGRESO FEDERAL DEL PSOE.

En este contexto surge la iniciativa de promover un fortalecimiento del compromiso cívico con la democracia, mediante una iniciativa abierta y sin tutelas a la participación de organizaciones, colectivos y sectores de la ciudadanía, a todos los activistas defensores de la democracia que quieran contribuir a vigorizarla en España. No podemos ser ingenuos ante las dificultades del reto pero, sin duda, merecerá la pena intentarlo porque hay mucha gente demócrata, sin afanes partidistas, que desearían aportar ideas y compromisos.

Conscientes de los problemas señalados, hemos de favorecer la creación de un instrumento nuevo, una Red de Ideas que contribuya a completar el proceso de regeneración de la democracia y su acercamiento a la calle. No se trata de montar “un chiringuito modelo Ayuso” o un laboratorio oficial para expertos. Desde estas premisas, puede ser el PSOE quien promueva un espacio ciudadano de reflexión, difusión y movilización, abierto con generosidad a la sociedad civil para trabajar en una red de protección de la democracia que se extienda por todo el país y que aproveche además las ventajas de conectividad que ofrece internet.

Uno de los cometidos de una Red Ciudadana de Ideas, con actividad presencial y telemática, consistiría en defender un “modelo de democracia avanzada” en la sociedad, en las instituciones y los partidos. Tanto desde el punto de vista de los criterios políticos para su evolución como para reforzar su dimensión social y de participación ciudadana. Así lo establece como aspiración la Constitución en su preámbulo.

Vamos tarde en la elaboración y aplicación extensa de propuestas que alimenten e impulsen procesos de participación de la ciudadanía en la vida políticas a todos los niveles, códigos de información transparentes, un Parlamento abierto y eficaz en sus funciones legislativas y de control, una deliberación pública ante cuestiones de trascendencia y una metodología accesible a la hora de presentar -de un modo periódico- la rendición de cuentas por parte de las diferentes instituciones.

Entre las tareas de esta Red Cívica estaría, además, el seguimiento y la selección de “Buenas Prácticas” políticas realizadas en los Gobiernos así como en los Parlamentos, Ayuntamientos y organismos constitucionales y supervisores.

La iniciativa de crear una Red Ciudadana de Ideas para proteger e innovar la democracia debiera ser objeto de debate en el próximo 40 Congreso Federal del PSOE. Bastaría con recordar que la ciudadanía, con motivo de incertidumbres vitales que van desde las pensiones al desempleo y continuando por la pandemia y la emergencia climática, adopta una actitud descreída de la política y los políticos y permanece en estado de alerta por los fallos del sistema. Frente al riesgo de retroceso de la democracia, el Congreso de los Socialistas tiene que hacer propuestas para corregir los vicios y carencias del sistema y para que la sociedad se organice y responda con confianza y de forma activa.

Esta situación, junto a la estrategia de las derechas de acoso y desestabilización del Gobierno de Coalición que preside Pedro Sánchez, incluso utilizando el discurso de la antipolítica, configura un escenario propicio para aumentar la confusión ciudadana. Frente al modelo de democracia avanzada y resiliente que defienden los sectores progresistas, las fuerzas del virus ultra plantean la involución hacia sistemas políticos autoritarios que restringen libertades y provocan mayor injusticia social.

Es la hora de movilizar las conciencias, despertar el activismo cívico y articular respuestas concretas desde la izquierda y los sectores progresistas en todos los frentes y en todos los escenarios, del más cercano al global. Está en juego la democracia.

En definitiva: En este escenario adquiere pleno sentido fijar la mirada en el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de Naciones Unidas: “La libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana. Es esencial que los derechos del hombre y la mujer sean protegidos por un régimen de derecho, a fin de que no se vean compelidos al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”

Ante el panorama descrito, nada puede unir más a la humanidad que la bandera de la DEMOCRACIA para poner en valor sus convicciones y principios. Como conclusión, no olvidemos nunca que defender la democracia exige fomentar un activismo colectivo para innovarla y, a la vez, para responder a cualquier intento de involución, de asfixia desde las redes y a la amenaza autoritaria que representan el populismo y las fuerzas ultranacionalistas. Estos movimientos avanzan con una amplia representación en toda Europa. En España, la antipolítica populista se llama VOX, un partido ultra que está apretando el espacio electoral de sus socios del PP.  

 

Odón Elorza / Secretario de Democracia Participativa y Transparencia en la CEF y Diputado del PSE/PSOE por Gipuzkoa.
San Sebastián, septiembre de 2021

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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