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Mi defensa de la Reforma Constitucional.

Al hilo de la tardía abdicación del Rey resulta obligada una reflexión libre sobre la gravedad de los acontecimientos en España y sobre el papel que ha podido desempeñar el Rey desde la jefatura del Estado, por acción o por sus silencios. No comparto que haya que callar por razones de responsabilidad de Estado o del desgastado consenso de 1978 y aceptar toda una serie de frases huecas como balance de su labor. Esa es la estrategia del PP, abrazar el continuismo del sistema y congelar una Constitución devaluada y unas reglas de juego democrático que precisan una seria revisión.

Dice el art 61.1 de la Constitución: "El Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos ...”

Por eso, ante las políticas de involución social y regresión democrática, frente a tantos retrocesos sociales que convierten la Constitución en papel mojado a la hora de proteger derechos y prestaciones básicas para la gran mayoría de las personas, afirmo que la monarquía no ha cumplido de modo ejemplar sus funciones. Porque ha dejado hacer y deshacer al gobierno, a la banca y a los grandes empresarios, más allá de las frases bien intencionadas por Navidad. Porque no ha ejercido su capacidad de arbitrar e influir desde Zarzuela a la vista de las medidas que han provocado más desempleo, pobreza, desigualdad y el sufrimiento a millones de familias.

Cabe preguntarse que ha hecho y dicho el Rey para tratar de evitarlo; por ejemplo, si ha llamado la atención a un gobierno que acuerda recortes y elimina derechos. O si ha tenido la casa real un comportamiento ejemplar, diferente al de partidos e instituciones, a la hora de aplicar la transparencia a sus actividades, a sus gastos y a su patrimonio. ¿Ha denunciado el Rey a quienes se llevan el dinero a paraísos fiscales? Dejo a un lado el caso de Urdangarín y la Infanta.

Mi conciencia me dice que este automatismo en la sucesión real planteada a la ciudadania en términos continuistas y como una derivada de lo que ya se votó hace 36 años, no casa con el clamor en la sociedad que pide ser tenida en cuenta, más participación en las decisiones y más calidad de la democracia. No decidamos por ellos aduciendo que "no es de patriotas reabrir ciertos debates".Tampoco merecen ser descalificado quien pida ahora un referéndum de compleja tramitación, sí, y al margen de una revisión global de la Constitución. Objetivo este a priorizar en la agenda política para que la consulta se pueda efectuar lo antes posible y conforme a la ley.

Somos muchos los que no vamos a abdicar a la reforma constitucional ni renunciar al debate sobre la forma de Estado. Eso sí, sin estridencia, sin demagogia - que también se están dando en búsqueda del aplauso fácil y la aventura - , sino con cultura y madurez democráticas. Porque es sano y signo de vitalidad de un país, aunque somos conscientes de que ni la república tiene propiedades milagrosas contra el desempleo, ni la monarquía es la única garantía de estabilidad y concordia entre los españoles. Sabemos que la democracia no es patrimonio de ninguna de las formas de Estado y que la discusión entre república o monarquía sólo se resuelve desde el ejercicio pleno de la democracia.

En algunos titulares de periódicos he podido leer: "El Rey abdica para impulsar las reformas que pide el país". ¿No será para salvar la corona? Si el titular fuera cierto, el nuevo Rey debería influir para que el gobierno desbloquee los intentos del PSOE de una puesta al día de la Constitución. Pero bueno, si observamos la actitud de Rajoy llegaremos a la conclusión de que, hasta hoy, la derecha no ha querido reconocer que la Carta Magna se ha devaluado y que necesitamos un nuevo pacto constitucional acorde con la realidad sociopolítica y como respuesta a las crisis que nos angustian y al descrédito de las instituciones en buena medida por la corrupción.

La reforma de la Constitución es una bandera que levantaron Rubalcaba y el PSOE para algo de mucho más alcance que la inclusión del federalismo como una varita mágica que permitiera mantener el vínculo de Cataluña con un Estado plurinacional.

Cuando la ciudadanía pide otra política económica, la regeneración del sistema político y una democracia participativa tiene que obtener respuestas y decisiones. Pero se encuentra con el inmovilismo del PP que se ha convertido en el muro a derruir para acometer esos retos y la reforma de la Constitución 36 años después.

Es responsabilidad del PSOE plantear iniciativas para alimentar una movilización de la sociedad que impulse la discusión en el Parlamento y en la calle, facilite acuerdos políticos amplios - no olvidemos que los grandes cambios en la Constitución exigen una mayoría de 2/3 de los diputados - y asegure un referéndum para que la ciudadanía decida.

Una reforma cuya profundidad tendría relación con las demandas, necesidades y anhelos de la ciudadanía. Una reforma que incorpore garantías en políticas sociales y en derechos, una nueva articulación territorial, las bases de la regeneración del sistema democrático-electora y la modificación de la regla de oro del polémico artículo 135 de la Constitución. Y si tuviera el apoyo necesario, el cambio de la forma de Estado. No se trata de proponer una reforma tutelada y limitada aunque la clave reside en alcanzar un consenso lo más amplio posible.

Hay poner en marcha el compromiso del PSOE con un proceso de participación democrática que ha de comenzar ya y que culminaría en la siguiente legislatura. Al nuevo PSOE le toca abrir el melón de la Constitución, sin tabúes, sin miedo, recuperando la pasión por la democracia y defendiendo una reforma que avance en la lucha contra la desigualdad y actúe como un revulsivo de la sociedad española frente al agotamiento del sistema. Una reforma que aporte confianza y otra alternativa económica para la salida de la crisis.

 

Odón Elorza   /  Diputado Socialista por Gipuzkoa

Publicado hoy en El Diario Vasco y El Correo, 6 de junio de 2014.

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Tiempo de rebelión para diputados.

Vivimos la transición a una nueva cultura política en la que debemos hacer valer la ética pública, la defensa de los intereses generales y la construcción colectiva del futuro. Y quiero pensar que somos muchos los políticos que valoramos la rebelión ciudadana frente a quienes gestionan la crisis con desprecio a los derechos básicos de la ciudadanía y a la democracia e imponen un modelo social involucionista y reaccionario.

En este escenario, el PP contribuye a desprestigiar más las instituciones. De un lado, provoca la judicialización de la política al no querer pactar las leyes e imponerlas con su mayoría absoluta en el Congreso, lo que no deja otra vía que acudir al Tribunal Constitucional. De otro, deslegitima el Parlamento al rechazar propuestas para regenerar la democracia y las instituciones, así como al impedir toda investigación sobre casos de corrupción y negar, con un funcionamiento tutelado de las Cámaras, el control democrático y la rendición de cuentas del Gobierno. Por tanto, anula funciones decisivas del Parlamento y provoca la respuesta en la calle. Pero no acaba de desatar una soñada rebelión del Parlamento.¿Quizás en primavera?

Mientras, la rebelión ciudadana desgasta al Gobierno y deja en evidencia el papel de algunos partidos ante la crisis. Basta con recordar que son las mareas ciudadanas las que frenan en los tribunales algunas privatizaciones y recortes; movimientos sociales quienes defienden cada día a los desahuciados y logran pronunciamientos de la UE y hasta de los jueces; vecinos como los de Gamonal los que paran los pies a alcaldes que no entienden de participación ciudadana y colaboran en homenajes a generales golpistas de la guerra civil; que son abuelos desesperados los que ponen freno a los abusos permitidos de las preferentes; familiares de represaliados por el franquismo que nos recuerdan el abandono desde la transición a su justa causa de la mano de un relator de la ONU; y entidades y acusaciones populares de diverso pelaje quienes elevan denuncia tras denuncia al juez de turno por los casos de corrupción y prevaricación de tesoreros, políticos, banqueros y tramas de empresarios sin escrúpulos.

Claro que todo lo anterior también forma parte de la acción política pero hemos de reconocer que pone de manifiesto las carencias de los partidos en esta coyuntura. Pudiera parecer que, en un momento de desafección como este y ante la opinión pública, los políticos y partidos somos perfectamente prescindibles a la vista de los escasos resultados obtenidos. Esto sería un error. Para demostrarlo es preciso que los diputados y diputadas asumamos la imperiosa necesidad de compartir la cabeza de esta rebelión cívica en favor de una democracia social y participativa, de la lucha contra la exclusión, la pobreza y las desigualdades que se han instalado en España con intención de quedarse.

Las encuestas nos hacen ver a los Socialistas que no acertamos a la hora de recuperar la credibilidad perdida y devolver la autoestima a las bases del Partido Socialista. Ya sabemos que a las encuestas se les aplica la cocina que interesa a quien las encarga. Pero marcan tendencias como la quiebra del bipartidismo, la caída continuada del PP, la hibernación del PSOE y el alarmante aumento de la abstención; todo coincidente. En cualquier caso, no podemos pensar que remontaremos gracias a reformas legislativas extremistas del PP -como la del aborto- o a los errores de Rajoy.

No digo que los Socialistas no trabajemos con firmeza desde la oposición, con dedicación y rechazando las medidas y leyes del Gobierno. No minusvaloro las iniciativas y las críticas de nuestros dirigentes a las políticas del PP. Afirmo que es necesario un plan de acción sostenido tras la reciente Conferencia para explicar nuestras posiciones. Afirmo que la gente que lo pasa mal no nos ve -de momento- como una alternativa capaz de aplicar lo que defiende Rubalcaba: la reconstrucción del Estado del bienestar derogando las leyes involucionistas, la reforma fiscal y la reforma de la Constitución.

Sobran más diagnósticos y apunto que ayudaría volcarnos en cuatro ejes estratégicos para el PSOE: - la elección en primarias abiertas de liderazgos que resulten compartidos, cívicos y no partidistas, integradores y no excluyentes, que expliquen y convenzan a la ciudadanía de por qué ahora planteamos cosas que no hicimos cuando gobernábamos; - dar a conocer una agenda propia por la regeneración de la vida política y la recuperación de la pasión por una democracia participativa; - construir una alternativa económica en un proceso de implicación colectiva y de transparencia que sea creíble y que no renuncie a transformar gradualmente el sistema; - y explicar a fondo y con pedagogía nuestro relato de corresponsabilidad política para reconstruir un estado del bienestar sostenible y salir de esta crisis económico-financiera, institucional, de modelo territorial y europeo.

Además, necesitamos una rebelión pacífica de los diputados defendiendo la libertad de votar en conciencia, modificando un reglamento rígido del Congreso que impide el control del Gobierno y el tratamientos de iniciativas que esperan a ser tratadas más de un año mientras en los meses de enero y julio el PP rechaza convocar Plenos y Comisiones.

Una rebelión ante los obstáculos que impiden incorporar la opinión de la calle a debates trascendentales y la creación de cauces de participación ciudadana en los procesos legislativos, para dar mayor legitimidad al Congreso y acercarlo a las personas. Lo inmediato es que los diputados abramos con transparencia el debate pendiente sobre ese tramposo plan de regeneración democrática y contra la corrupción que ha presentado Rajoy y explicar nuestras propuestas por todo el país.

 

Odón Elorza / Diputado del PSE-PSOE por Gipuzkoa

4 de marzo de 2014

Publicado en El País .

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Recuperar la confianza para evitar el estallido social.

Confianza es la palabra clave de un vocabulario propio de esta crisis en el que destacan otras como incertidumbre, paro, corrupción, impunidad, indignación, hastío y descrédito. Porque la recuperación de la confianza se ha convertido en el auténtico reto de quienes seguimos en política para construir, en el marco de una democracia ética, un proyecto alternativo al modelo ideológico que pretende imponer la derecha en España.

Un proyecto con el que identificarnos y una estrategia de acción con la que afrontar los efectos económico-financieros de una crisis que hunde sus raíces más allá de la explosión de la burbuja inmobiliaria y que es producto de la tiranía de los mercados especulativos en un sistema que nos repugna.

No hay duda; necesitamos otra forma de entender y gestionar la política para encontrar salidas que generen confianza en quienes están padeciendo el drama del desempleo, los desahucios o la pérdida de ayudas sociales. Salidas no exentas de complejidad y sacrificios, pero repartidos con sentido de la justicia y explicados sin más engaños.

Una posición política que parta de la autocrítica por los errores cometidos por la socialdemocracia en la gestión de la crisis y su acomodación a los poderes económico-financieros, que mantenga una firmeza insobornable en la depuración de responsabilidades, busque el reencuentro del ejercicio de la política con los valores éticos y despierte de su letargo con pasión en la defensa de una democracia participativa en la toma de decisiones. Todo ello frente al modelo ideológico que la derecha gobernante está imponiendo.

Es posible que sólo así podamos recuperar la CONFIANZA perdida en el futuro del País, profundizar en la democracia como sistema de gobierno para el logro del bienestar y la convivencia ciudadana, en unas instituciones hoy pendientes de regeneración y en una Unión Europea que se aleja de sus principios sociales.

Ante la opinion extendida de que vivimos en un estado de corrupción y más allá de las buenas palabras y las acusaciones de "y tú más", sólo caben medidas políticas que mejoren los mecanismos de prevención, persecución y enjuiciamiento de la corrupción y de los delitos fiscales. Decisiones inmediatas que requieren reformas legislativas contundentes por la vía de acuerdos transparentes entre los partidos y las organizaciones sociales.

Cuestiones claves como los indultos arbitrarios del Gobierno, la prescripción de ciertos delitos, la no inhabilitación para concursar de empresas corruptoras, la carencia de medios para reforzar y agilizar la tarea de fiscales y jueces, la falta de transparencia en la financiación de los partidos, la dependencia de los organismos de control y reguladores, las limitaciones de la actual ley electoral, la no investigación de todos los agujeros bancarios, etc, han de ser resueltas con propuestas de urgencia por una Ponencia en el Congreso de los Diputados.

Partimos de una constatación real: O se aborda una reforma legal profunda para prevenir y castigar la corrupción y se practica otra forma de hacer política o se producirá el estallido social y la ruptura total de la sociedad con los politicos. No obstante, reconozco que llegamos tarde porque la opinión pública y la ciudadanía ya no creen en la capacidad de autoregeneración de los propios partidos. Será muy difícil que la ciudadanía vuelva a confiar en nosotros, los políticos, y en los partidos para plantear una segunda transición.

Existen, por tanto, razones sobradas para exigir voluntad política a los diferentes gobiernos, empezando por el del Presidente Rajoy, y a los dirigentes políticos para atacar la corrupción, los vicios y comportamientos inmorales, acabar con la financiación irregular de los partidos, aprobar una ley de transparencia que elimine la opacidad en su funcionamiento y democratizar los procesos para la toma de decisiones en los partidos así como la selección de sus candidatos.

En resumen: la crisis con sus consecuencias en millones de familias que viven en la precariedad, el desempleo y la incertidumbre, cuando no en la desesperación, ha acentuado la desconfianza generalizada en los políticos, las sospechas y el rechazo hacia el sistema político institucional en España, debilitando la democracia en favor del populismo. El tiempo de las palabras ha concluido y debemos pasar a los hechos. Mañana será muy tarde para recuperar la confianza.

 

 

Odón Elorza / Diputado Socialista por Gipuzkoa

10 de febrero de 2013

( Ante este panorama un grupo de "resistentes" del pensamiento progresista plural hemos tenido el atrevimiento de crear en las redes un Foro Ético para luchar contra los molinos de viento de la corrupción y contribuir a dignificar el ejercicio de la política y a descontaminar la democracia. Un Foro Ético virtual que aspira a ser un espacio libre en la red para el encuentro y la reflexión de muchos huérfanos políticos en torno a propuestas dirigidas a la sociedad y a los partidos, especialmente al PSOE, para que se vuelquen en la regeneración democrática y la defensa de los derechos sociales y servicios públicos que garanticen la dignidad en la vida de las personas )

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¡HAGAMOS UN CONTRATO CON LA CIUDADANÍA!

Vivimos tiempos de descrédito para los políticos y las banderas no las levantan ya los partidos. Sólo por eso el PSOE debería enganchar con una idea fuerza o relato de comunicación que le ayude a recorrer el camino de la regeneración democrática, la larga reconstrucción del estado del bienestar y la reforma constitucional. ¡Casi nada!

Y nos preguntamos si el objetivo de la próxima Conferencia socialista no debiera ser el de acordar una propuesta realmente innovadora que devuelva la esperanza a una ciudadanía que expresa cada día su desafección hacia el sistema político tradicional y su angustia al sentirse abandonada e invadida por el fatalismo.

Esa realidad se traduce en las calles en "mareas humanas de diferentes colores" que son la expresión de una energia ciudadana que lucha por ser escuchada en la defensa de los derechos básicos y la dignidad de los suyos y por disponer de más cauces de participación y control sobre lo que hacemos los políticos y las instituciones.

¿Y cuál estå siendo nuestra respuesta? Algunos socialistas comunicamos hace meses al PSOE que una de las ideas fuerza del proyecto alternativo a construir de la mano de una mayoría social de progreso, ha de consistir en proponer un nuevo "Contrato a la Ciudadanía".

Supondría la plasmación de un pacto cívico basado en la ética política, en una concepción participativa de la democracia capaz de articular otra política económica global alternativa al modelo involucionista de la derecha neoliberal (una utopía obligada) y en la corresponsabilidad social compartida para buscar una salida a la crisis que pivote sobre la honestidad y la solidaridad como grandes valores, la creación de empleo, el combate contra la exclusión, la eliminación de las desigualdades y un reparto justo de las cargas y los sacrificios dentro de una reforma fiscal.

Por un lado, se trata de un contrato de compromisos ciertos por una regeneración del sistema político que empodere a la ciudadanía y la implique en la gobernanza profundizando así en mayores cauces de participación en los tres niveles de la administración.

Es preciso repensar el funcionamiento de la democracia y actuar con reformas legales que hagan posible los procesos de rendición de cuentas, la práctica de las consultas y del referéndum, las listas desbloqueadas, las primarias ciudadanas con plenas garantías democráticas, el respeto a la división de poderes, la prevalencia de los mėritos y el prestigio cierto a la hora de designar a los componentes de los organismos reguladores y de control, la transparencia de las cuentas de los partidos, la prevención y castigo de la corrupción y un desarrollo favorecedor del uso de la iniciativa legislativa popular.

Este pacto contractual necesitará mucha pedagogía y contar con nuevos liderazgos sin mochila, dispuestos a conectar en red y escuchar a la calle, también a las bases socialistas. Y conllevará un compromiso de todos los cargos públicos con un código de honestidad y de servicio público; en definitiva, abrirnos a otra forma de sentir la política y de ejercerla desde valores firmes en la defensa del interés colectivo y no de privilegios o intereses personales.

La otra cara del contrato entre los socialistas con la ciudadanía, movimientos y agentes sociales aborda la tarea de reconstruir juntos el estado del bienestar y la maltrecha estructura productiva del país, en ambos casos con garantía de sostenibilidad y desde una posición de corresponsabilidad social ante la crisis.

Porque se trata de un contrato bilateral para una nueva etapa en la que muchas cosas deberán cambiar, con derechos y deberes para todas las partes, con un cumplimiento solidario de las obligaciones cívicas (como la del pago de impuestos, incluido el IVA), el buen uso de los servicios y equipamientos públicos y la correcta percepción de las prestaciones de ayuda.

Al hilo de la corresponsabilidad nos viene a la memoria la demagógica denuncia de la vicepresidenta del gobierno contra los supuestos 520.000 parados a quienes acusa de defraudar al Estado, olvidándose de los comportamientos inmorales e ilegales de los gestores financieros y los continuados delitos de los evasores y defraudadores fiscales de cuello blanco. Porque la corresponsabilidad es exigible a todas las personas, sí, incluídos aquellos políticos que practican el doble lenguaje y las falsas promesas electorales.

Habría que formular de manera pública y solemne este contrato de compromisos que culmine en un programa de gobierno de cara a las elecciones generales y que incorpore mecanismos democráticos para el seguimiento y control de su cumplimiento. Por ejemplo: obligarse a una consulta si se pretendiera un incumplimiento grave de una promesa electoral o ante la aprobación de una medida de gran impacto social que no viniera recogida en el programa.

El reto es doble: el difícil reencuentro con la ciudadanía y con nuestra identidad socialista. Y sólo será posible con la reafirmación de los principios éticos y manifestando nuestra voluntad de gobernar para transformar una sociedad infeliz por injusta, actuando sobre los poderes económicos y regulando el mercado financiero en una Europa que defienda a las personas. Sin duda algo bien diferente al simple hecho de ocupar y gestionar el poder.

Precisamente, cuando más desorientada se percibe a la socialdemocracia en Alemania, Francia o Gran Bretaña, con algunos tics más propios de fuerzas neoliberales o de extrema derecha que pueden llegar a desfigurar para siempre su alma, más deberemos esforzarnos en trazar aquí una vía propia que permita devolver la dignidad a la política y la credibilidad a los socialistas. No tenemos derecho a perder más tiempo ni a contener la rebeldía.

Odón Elorza / Diputado Socialista por Gipuzkoa

Publicado en eldiario.es el 3 de nov. de 2013

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