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PROPOSICIÓN NO DE LEY sobre la Guerra, la Amenaza Nuclear de Putin y los Derechos Humanos.

                                          A LA MESA DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

 

El Grupo Parlamentario Socialista, de conformidad con los artículos 193 y siguientes del Reglamento de la Cámara, presenta la siguiente PROPOSICIÓN NO DE LEY sobre la Guerra, la Amenaza Nuclear y los Derechos Humanos para su debate en la Comisión Constitucional.


Congreso de los Diputados, 27 de abril de 2022.

 

EL DIPUTADO

ODÓN ELORZA GONZÁLEZ

 

             
                                                          EXPOSICION DE MOTIVOS :

 

El derecho a la vida sigue siendo, obviamente, el principal de los derechos humanos. Se contempla en diferentes Tratados internacionales, comenzando por la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 que, en su Artículo 3, proclama que “todo individuo tiene derecho a la vida”. Nuestra Constitución recoge este elemental derecho en su artículo 15.

Esta Carta Universal fue elaborada pocos años después de que una nueva amenaza, inédita hasta entonces, se cerniera sobre el conjunto de la humanidad. Se trataba de la aparición de las armas nucleares, capaces de desatar un holocausto nuclear y acabar con la vida de todas las personas que habitan el planeta.

Pues bien, el pasado 27 de febrero, el Presidente ruso, Vladimir Putin, acompañado de altos cargos de Defensa, ordenó poner las fuerzas de disuasión del país, que incluyen las armas nucleares estratégicas, en régimen de alerta máxima, en servicio de combate. De esa forma, a la guerra provocada por Rusia con su invasión de Ucrania, una decisión totalitaria, injustificable y de efectos terroríficos, añadía la amenaza de utilizar armas nucleares contra Ucrania u otros Estados de Europa por vez primera desde el final de la II guerra mundial en 1945.

Con la orden de elevar el nivel de alerta de los dispositivos nucleares, Putin intensificaba su guerra premeditada contra Ucrania. Con esa alerta, a la muerte de miles de personas, a los crímenes de guerra, a los millones de huidos y refugiados, a los bombardeos indiscriminados sobre población civil, a la destrucción y al sufrimiento, añadía la posibilidad de desencadenar, de manera voluntaria o involuntaria, una escalada de la guerra que puede desembocar en una guerra nuclear.

El Presidente de Rusia echaba por tierra los trabajosos avances logrados en materia de control internacional para la reducción de riesgos y limitación de la proliferación de armas nucleares, y alejaba el sueño de un desarme nuclear. Porque la actitud de Rusia con la invasión de Ucrania podría conllevar un parón, para muchos años, de aquellas iniciativas dirigidas a frenar y desescalar la carrera de los arsenales nucleares.

El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, subrayaba el pasado 6 de agosto de 2021, en un mensaje dirigido al Memorial de la Paz de Hiroshima en Japón, con ocasión del aniversario del bombardeo atómico de aquella ciudad, su compromiso con la consecución de un mundo libre de armas nucleares. Así mismo instaba a los gobiernos a redoblar sus esfuerzos para avanzar en el desarme nuclear bajo control internacional. “La única garantía contra el uso de las armas nucleares es su total eliminación”, señaló António Guterres.

La bomba atómica lanzada sobre Hiroshima por parte de los Estados Unidos, el 6 de agosto de 1945 durante la Segunda Guerra Mundial, provocó un sufrimiento inimaginable a los habitantes de esta ciudad, matando a miles de personas con el bombardeo y a otras muchas en los años siguientes. En total, los bombardeos atómicos produjeron 166.000 víctimas en Hiroshima y 88.000 en Nagasaki.

Desde el inicio de la era nuclear, en 1945, los arsenales atómicos se han convertido en uno de los grandes riesgos de la seguridad internacional, pero todas las grandes potencias que los han desarrollado miran con total desconfianza lo que hacen los otros antes de renunciar a su arsenal.

Durante las décadas de la Guerra Fría, la humanidad fue muy consciente de esta apocalípsis que estuvo cerca de materializarse en la crisis de los misiles de Cuba en octubre de 1962. La concienciación contra la existencia de armamento nuclear dio paso, sin embargo, con la desaparición del bloque soviético en los años noventa, a otra época en la que, contra toda evidencia, ese peligro latente se comenzó a percibir con menor intensidad. Pero las armas nucleares seguían ahí.

Sin embargo, a lo largo de los años se han producido avances en forma de tratados internacionales para evitar la proliferación del armamento nuclear. Entre ellos, el más importante es el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares de 1968, que otorga a la Organización Internacional de la Energía Atómica la responsabilidad de verificar su cumplimiento. Este Tratado ha sido ratificado por 191 Estados. Pero, reconociendo su importancia, afecta principalmente al esfuerzo por impedir que nuevos países adquieran armas nucleares, sin comprometer a los que ya la poseen. Cada Estado se compromete a no desarrollar, ensayar, fabricar, adquirir, almacenar, estacionar, usar o amenazar con armas nucleares.

Por otra parte, el Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares es de 1996 y ha cumplido 25 años a la búsqueda de un mundo libre de armas atómicas. Y pese a contar 185 firmas, el Tratado aún no ha entrado en vigor ya que todavía requiere la ratificación de ocho países: Estados Unidos, China, Irán, Israel, Egipto, India, Pakistán y Corea del Norte. La ONU sostiene que no se puede aspirar a un mundo libre de armas nucleares sin una prohibición de estos ensayos y el cumplimiento de dicha prohibición.

El 22 de enero de 2021 entró en vigor ese Tratado Internacional para la Prohibición de las Armas Nucleares, que es el primer acuerdo multilateral aplicable a escala mundial que prohíbe íntegramente las armas nucleares. Con la ratificación del tratado, cada Estado se compromete a no desarrollar, ensayar, fabricar, adquirir, almacenar, estacionar, usar o amenazar con armas nucleares, a eliminar sus programas nucleares, a desactivar sus armas nucleares y a destruirlas de manera irreversible. También contiene disposiciones para abordar las consecuencias humanitarias relacionadas con el ensayo y el empleo de armas nucleares, obligando a los Estados a proporcionar asistencia tanto a víctimas como a los Estados firmantes del tratado que se vieran afectados por su uso y a la restauración del medio ambiente.

Este Tratado fue aprobado en la Asamblea General de Naciones Unidas por 122 votos a favor y firmado por 84 países. Los Estados que disponen de armas atómicas como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China o Rusia (que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y con derecho de veto) y los países de la OTAN, incluida España, no asistieron a la votación de esta asamblea, no han firmado el tratado y se oponen al mismo.

No obstante, aunque el acuerdo es vinculante, solo 59 de 197 Estados lo han ratificado y ha entrado en vigor formando parte de la legislación internacional. En su mayoría, estos países se encuentran en Latinoamérica, África y el Pacífico, aunque hay alguna excepción en Europa, como Irlanda o Austria. Los países que han ratificado este Tratado se comprometen a eliminar sus programas nucleares, a desactivar sus armas nucleares y a destruirlas de manera irreversible.

El Tratado es una victoria de la sociedad civil organizada. Ha sido fruto de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés), de la que la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF), entre otras muchas organizaciones, forma parte, y cuya labor fue reconocida con el Premio Nobel de la Paz en 2017

El Tratado de Prohibición de Armas Nucleares, según sus defensores, constituirá un «compromiso político inequívoco» para lograr y mantener un mundo libre de armas nucleares, según el derecho internacional humanitario y el derecho internacional de los derechos humanos. Sin embargo, a diferencia de una «convención general sobre armas nucleares», no contiene todas las medidas legales y técnicas necesarias para alcanzar el punto de eliminación.  

También se han hecho esfuerzos en la reducción del número de ojivas nucleares. Son destacables en este sentido los Tratados Salt y Start firmados entre EEUU y la Federación Rusa. El último de los cuales fue el día 4 de febrero de 2021 y alcanzaron un acuerdo sobre la prórroga del Tratado START III para reducir el número de misiles nucleares de ambas superpotencias. Pese a que en los últimos años se han seguido desmantelando ojivas o cabezas nucleares, a inicios de 2021 nueve países todavía poseían aproximadamente 13.080 armas nucleares, de las cuales 3.825 estaban desplegadas con fuerzas operativas y unas 2.000 de ellas se mantenían en estado de alerta operativa alta.

El mundo solo será seguro cuando todos los países hayan renunciado a esas armas y se produzca su total desaparición. Pero se está lejos de conseguir dicho objetivo; más bien parece lo contrario. Se detecta, en los últimos años, una carrera entre diversos países por intentar conseguir este tipo de armamento nuclear, cada vez más sofisticado, y un desinterés manifiesto de los que ya lo tienen de renunciar a él.

Lo cierto es que no se controlan debidamente las ojivas nucleares existentes. Incluso se sigue investigando para crear nuevas armas nucleares, más sofisticadas y mortales. Llevamos una década estancados en el necesario camino hacia la desaparición de este peligro cierto para la supervivencia del planeta. Todo ello no solo hace de nuestro mundo un lugar mucho más inseguro; lo hace también menos comprometido con los derechos humanos y aleja el objetivo de la Paz.

Frente a ello, en línea con la lucha de diferentes ONG’s y colectivos de autoridades locales, es necesario reforzar toda alianza que cree sinergias internacionales para cambiar esta tendencia. Todas las instituciones, como el Congreso de los Diputados, deben ser conscientes de lo que se juega la humanidad y manifestar la firme voluntad de rechazar las amenazas de guerra nuclear y caminar hacia la abolición total del armamento nuclear.

Es verdad que el camino hacia su eliminación presenta muchos desafíos de todo tipo, incluida una ONU devaluada. Desafíos políticos, jurídicos, pero también desafíos técnicos. Sin embargo, es la única vía que, a largo plazo, puede garantizar la seguridad del planeta. Por eso, tenemos que lograr la abolición con la máxima urgencia.

En las últimas semanas, la invasión de Rusia a Ucrania y la amenaza nuclear lanzada por Putin nos ha devuelto la pesadilla de una guerra nuclear. De nuevo, se percibe que mientras exista armamento nuclear, cada vez más tecnológico, más potente y mortífero, el derecho humano más preciado, el derecho a la vida de todos y todas, queda en manos de la voluntad arbitraria de un tirano o de un autócrata. Y para nada se descarta la posibilidad de que, en un acto de desesperación o de error de cálculo, puedan utilizar estas armas desatando una guerra de consecuencias devastadoras para la supervivencia de nuestro Planeta, ya sometido a los graves riesgos del cambio climático.

Somos muy conscientes de que la humanidad se enfrenta a graves problemas, pero solo dos tienen el potencial para acabar con nuestra especie, dependiendo asimismo de nuestra propia voluntad de evitarlos: una catástrofe climática y la guerra nuclear.

Sobre este segundo desafío, es preciso exigir a los Estados democráticos la máxima implicación en la causa del desarme nuclear. Y a sus respectivos Parlamentos corresponde prevenir una guerra nuclear, defender la paz y los derechos humanos y promover una profunda reflexión para que la sociedad tome plena conciencia del significado y consecuencias inmediatas de un conflicto nuclear.

 

En base a las anteriores consideraciones, el Grupo Parlamentario Socialista presenta al Pleno la siguiente,

 

                                                     PROPOSICIÓN NO DE LEY: 

 

“El Congreso de los Diputados insta al Gobierno a:

1. Proclamar que la defensa de la paz, los derechos humanos y la supervivencia del Planeta, ante la reciente amenaza de utilización de armas nucleares por parte de Vladimir Putin, es un objetivo prioritario de la acción política para España y el conjunto de la Comunidad Internacional. Por ello, denuncia y condena, de entrada, la guerra provocada por Rusia contra Ucrania tras la invasión del pasado 24 de febrero, que supone una violacion flagrante del derecho internacional.

2. Condenar la amenaza de una guerra nuclear formulada por Putin que nos sitúa ante el riesgo real de que “se apriete el botón rojo nuclear”, a la vista de las declaraciones provocadoras e irresponsables del Presidente de Rusia.

3. Reafirmar, en este contexto, su pleno compromiso con el sistema democrático en el marco de la Unión Europea frente a las amenazas contra la convivencia democrática y la paz en el mundo por parte de los regímenes totalitarios y los líderes autócratas que alientan guerras, siembran el odio y practican o justifican el terror.

4. Solicitar a todos los Estados que poseen armas nucleares que apoyen la Agenda para el Desarme Nuclear de la ONU y favorezcan los avances de las conversaciones y la negociación de los Tratados sobre su no uso, la reducción de arsenales y la desaparición de cualquier amenaza nuclear”.

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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