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De Moncloa a Santa Pola: la catarsis.

Quién podía imaginar, hace solo unas semanas, que viviríamos la salida de Rajoy a Santa Pola y un cisma en el PP; que Pedro Sánchez aparecería junto a Merkel y Macron como líder europeo de una emergente Socialdemocracia para discutir soluciones al fenómeno de las migraciones y sobre el futuro del euro; que las mujeres serían mayoría en un Gobierno de España y en un país sacudido por la violencia machista; o que el proyecto de mercadotecnia y nacionalismo español de Rivera empezara a desinflarse.

El escenario político está cambiando a gran velocidad, lo mismo que este mundo global e interdependiente y dominado por un mercado de capitalismo financiero especulativo que carece de regulación. Por eso son necesarias nuevas formas de entender los gobiernos desde la democracia, con soluciones políticas basadas en el diálogo y la negociación para dar respuesta a los numerosos conflictos que deja la herencia del PP -junto a algunos errores del PSOE en el pasado- y a los nuevos fenómenos de la globalización en una Europa desfigurada por su crisis de valores.

Sin negar su complejidad, es la oportunidad histórica para iniciar, cuarenta años después de aprobada la Constitución, una segunda transición en España, que ha comenzado como un ejercicio de catarsis ética, épica y democrática. Una catarsis de la sociedad que se inició con el triunfo de la Moción contra la corrupción y que siguió con la dimisión de Rajoy como líder del PP y su salida de la política. Pero el proceso de purificación del sistema democrático no puede quedarse en lo emocional y debe tener una firme continuidad para que culmine, lo antes posible y desde un consenso general, con la reforma de la Constitución.

Corresponde al Presidente Pedro Sánchez y al Gobierno del PSOE abordar las tareas pendientes de regeneración de una democracia enferma. Lo cual se traduce en fortalecer sus defensas, aprobar medidas para prevenir y combatir la corrupción y recuperar la confianza de la ciudadanía en el papel de las instituciones, en particular en el Congreso.

La Moción de Censura que presentamos los socialistas tras la sentencia de la trama Gürtel, respondía a la gravedad y extensión de una corrupción que señalaba a Mariano Rajoy como máximo responsable político y que dejaba en evidencia los comportamientos inmorales con los que el PP ejerció la labor de gobierno. También era una respuesta al deterioro de la democracia que arrastramos desde hace tiempo.

Si algo espera una sufrida ciudadanía, tanto de Pedro Sánchez como de este Gobierno Socialdemócrata, es decencia y un cambio de cultura política en el ejercicio del poder.

Porque además de las dolorosas consecuencias que afectan a la dignidad de la vida de millones de familias, provocadas por la gestión antisocial de la crisis económico-financiera, hemos padecido años de opacidad, corrupción y amiguismo, abusos de poder, prepotencia y desprecios al Parlamento.

El hartazgo de la calle reclama al nuevo Gobierno la máxima transparencia, un alto nivel de moralidad política y más diálogo entre las fuerzas políticas y con la sociedad en la búsqueda de soluciones. Son demandas ciudadanas que no suponen coste económico y que exigen inteligencia y generosidad para lograr acuerdos en el Parlamento y un liderazgo cívico compartido por parte del Presidente de Gobierno.

Las ideas claves de este deseado cambio en el funcionamiento de la democracia se resumen en una Gobernanza cívica que significa:

- la práctica del diálogo social y la búsqueda del consenso con los grupos del Parlamento,

- la interlocución con la sociedad y sus agentes para hacer efectiva una justa redistribución de la riqueza,

- el respeto al pluralismo, también desde los medios públicos de comunicación, con una RTVE de todos y para todos,

- la transparencia en las decisiones de gobierno y una conducta honesta,

- la búsqueda de la colaboración, la eficacia y la integridad en el funcionamiento de las administraciones,

- la elección de los responsables de los órganos constitucionales y otras instancias en base a los principios de mérito, capacidad, consenso amplio e independencia,

- la rendición de cuentas sobre las decisiones del Gobierno y la aplicación del programa de gobierno,

- el sometimiento al control del Parlamento,

- y una concepción de la democracia que desarrolle sus dimensiones representativa, participativa, deliberativa y digital.

Acometer la regeneración democrática del sistema requiere medidas legislativas y actuaciones que permitan la reforma del Congreso. Además, una clara voluntad política de autorregulación por parte del Gobierno, dotándose de un código ético de conducta y abriéndose a procesos de participación y deliberación en la toma de decisiones con organizaciones, agentes y colectivos ciudadanos. Todo ello en línea con las recomendaciones de GRECO, con los criterios que señala el Consejo de Europa y los planes que caracterizan a un Gobierno Abierto.

Odón Elorza / Diputado socialista por Gipuzkoa

Secretario de Transparencia y Democracia Participativa en la CEF del PSOE

San Sebastián, 2 de julio de 2018 / Publicado en El Diario Vasco. 

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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