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El desafío constante de la regeneración democrática.

La reclamada regeneración democrática, tras sufrir años de involución y zonas de opacidad en el sistema democrático, exige otras formas de entender la política y de gobernar, haciéndolo desde la ética pública, la transparencia, la democracia participativa y la deliberación con la sociedad y la rendición de cuentas. En esos términos, gobernar para frenar el desprestigio de los políticos e instituciones no es tarea fácil porque aplicar una nueva cultura de valores, a la hora de gestionar el Gobierno, no se improvisa.

Debe quedar claro que regenerar la política y las instituciones es un objetivo que va más allá de combatir la corrupción. Supone poner en marcha procesos democráticos innovadores de cara a posibilitar Gobiernos y Parlamentos abiertos. Y una de las claves de esa apertura reside en empoderar a entidades y colectivos como interlocutores representativos de la sociedad civil para desarrollar una gobernanza relacional y compartida como paradigma de la concepción del poder.

Vivimos un momento histórico, reconociendo la crispación y las dificultades del actual escenario político, para liderar una catarsis de la vida política institucional. Catarsis que introduzca en el día a día una cultura de valores democráticos referidos a la forma de entender la política como herramienta para la búsqueda de acuerdos, la transformación del sistema económico para ponerlo al servicio del interés general, un reparto justo del crecimiento y la recuperación de mecanismos de la democracia atrofiados en años pasados.

La inesperada aprobación en mayo de la Moción de Censura ha abierto un tiempo excepcional para reforzar la democracia, un tiempo en el que ha de primar el diálogo político y social en línea con una permanente búsqueda de acuerdos y pactos; la interlocución con la sociedad y sus agentes desarrollando las buenas prácticas de una democracia participativa y deliberativa; el respeto al pluralismo y una información veraz desde los medios públicos de comunicación; la transparencia de las decisiones de un gobierno abierto en aplicación de un código ético y de buen gobierno; la cooperación, eficacia e integridad en el funcionamiento de las administraciones; la elección de los miembros de los órganos constitucionales, Consejo General del Poder Judicial, Presidencia de RTVE y otras instancias reguladoras en base a los principios de mérito, capacidad, prestigio, consenso amplio y no partidismo; y la rendición de cuentas y el sometimiento del Gobierno al control del Parlamento.

En respuesta a una etapa de oscuridad en España, marcada por la pérdida de vitalidad de la democracia y crecimiento de las desigualdades, el retroceso del Estado de Bienestar y la precarización del empleo, la perversión del principio de la división de poderes, la crisis territorial, el cáncer de la corrupción y el peso de los poderes económicos especulativos en las decisiones de gobierno, resulta obligado repensar los conceptos de gobernanza y de ciudadanía.

La regeneración se apoya en una gobernanza cívica que contribuye a la estabilidad política y a la transparencia. Y se entiende, de un lado, como la colaboración e interacción habitual y de buena fe entre las administraciones de diferente nivel y organismos público-privados con el objetivo de cooperar en la mejor defensa del interés general en un mundo globalizado. Por otro, la gobernanza busca una mayor eficacia y calidad en la gestión de las instituciones así como más legitimidad en sus decisiones, lo que les lleva a interactuar y deliberar antes de la toma de decisiones con las organizaciones de la sociedad civil.

El desafío constante de regeneración de la democracia no puede estar dirigida solo a los políticos. Ha de favorecer la existencia de una ciudadanía democrática participativa, defensora de la convivencia en ciudades con identidades compartidas, abierta a la comprensión de la diversidad y la importancia de los derechos humanos, corresponsable de su ejercicio ciudadano y consciente tanto de sus derechos básicos como de sus deberes y obligaciones cívicas. Entre estas cabe destacar la disciplina fiscal, la corresponsabilidad, las prácticas de solidaridad, los hábitos de vida saludables y los compromisos en favor de la sostenibilidad.

Las nuevas vías democráticas de acción política aquí esbozadas y los procedimientos participativos de deliberación en la toma de decisiones, darán a la ciudadanía y a la sociedad en general más confianza en la política. Si además van acompañadas de un ejercicio permanente de coherencia, pedagogía y realismo, sin cejar por ello en las transformaciones para avanzar en materia de igualdad y reparto de la riqueza, se podrá superar el mar de incertidumbres que tratan de ahogar la democracia.    

 

Odón Elorza  /  Diputado Socialista por Gipuzkoa

Secretario de Democracia Participativa y Transparencia en la CEF del PSOE

14 de noviembre de 2018 / Publicado en La Hora Digital .

Odón Elorza

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