Principios estratégicos para ganar las elecciones del 20D.
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"Quizás no vengan así formulados en el Programa Electoral del PSOE para el 20D, pero son tres principios estratégicos claves vinculados a lo que deben ser profundas convicciones de la nueva Socialdemocracia europea del siglo XXI que le saquen de su estado de bloqueo. Porque tan importantes como la oferta de acciones concretas y compromisos de gobierno van a ser los principios políticos que las inspiren y sostengan. Y en ellos, la diferencia con los que condicionan el modelo de sociedad de la derecha es total. Me refiero al Contrato con la ciudadanía para implicar a una mayoría social en el esfuerzo por aplicar una salida justa de la crisis, a la Gobernanza social como expresión de una democracia participativa y relacional que dé respuestas a la demanda de regeneración de las instituciones, y a la búsqueda de Pactos transparentes para garantizar acuerdos amplios sobre las reformas prioritarias."
Un proyecto para España que sea alternativo al modelo de involución social que representa el PP y que persiga el objetivo de salir de la crisis de una manera justa para quienes sufren las consecuencias, ha de proponer un nuevo Contrato a la Ciudadanía sobre políticas de Estado para aglutinar una mayoría social de progreso.
Partiendo de la base de que las bondades de la recuperación económica que pregona Rajoy, parapetado tras las frías cifras, no llega a los nuevos empleados en condiciones abusivas, ni a los parados sin cobertura, ni a los pensionistas, ni a los jóvenes, la difícil salida de la crisis que nos aqueja solo será posible con un reparto justo de sacrificios, vía reformas fiscales, y con la implicación colectiva real en el marco de una Gobernanza social y relacional del Estado.
Las dos ideas que resumen el programa económico del PSOE: "crecer para repartir" y "la recuperación he de ser justa", son afortunadas y descriptivas de un modelo socialdemócrata que busca marcar diferencias con otras atropelladas ofertas.
No tengo dudas de que si los socialistas logramos dar contenidos a ese vínculo de empoderamiento y complicidad con la ciudadanía, que supone la Gobernanza, y ponemos en valor una estrategia de Pactos durante la legislatura para consensuar las grandes reformas pendientes, ganaremos las elecciones generales del 20-D.
El contrato ciudadano sería la plasmación de un gran pacto cívico, capaz de articular compromisos sostenibles sobre otra política económica alternativa al modelo de la derecha neoliberal. Basado, también, en la corresponsabilidad social compartida para buscar una salida a la crisis que pivote sobre la justicia, la honestidad y la solidaridad como grandes valores. Que suponga la creación de empleo, el combate contra la exclusión, la eliminación progresiva de las desigualdades y un reparto justo de las cargas y los sacrificios en el marco de una reforma fiscal más progresiva y equitativa.
El contrato con la ciudadanía, movimientos y agentes sociales contempla la tarea de reconstruir juntos el estado del bienestar y la maltrecha estructura productiva del país, en ambos casos con garantía de sostenibilidad y desde una posición de corresponsabilidad social ante la crisis. Se trata de un contrato bilateral para una nueva etapa en la que los derechos y deberes de la ciudadanía ha de quedar clara, con un cumplimiento solidario de las obligaciones cívicas, empezando por la disciplina fiscal -incluido el devengo del IVA-, el uso eficiente de los servicios y equipamientos públicos, la correcta percepción de las prestaciones de ayudas públicas y la conciencia sobre su contribución en el logró de la eficiencia y la competitividad en los respectivos ámbitos económicos y lugares de trabajo.
Por su parte, la regeneración que desprecia el PP conlleva repensar el sistema democrático en favor de un funcionamiento abierto, transparente y participativo del Gobierno y del Parlamento mediante reformas legales urgentes.
Reformas que hagan posible los procesos de rendición de cuentas, las políticas relacionales y de interacción entre el Gobierno y colectivos, organizaciones y agentes sociales representativos de la sociedad, las listas electorales desbloqueadas, las primarias ciudadanas con plenas garantías democráticas, el respeto a la división de poderes, la independencia y el pluralismo informativo en los medios públicos de comunicación, la prevalencia de los mėritos y el prestigio cierto a la hora de designar a los componentes de los organismos reguladores y de control, la transparencia de las cuentas de los partidos, la prevención y castigo de la corrupción y un desarrollo favorecedor del uso de la iniciativa legislativa popular.
Esta línea de pactos explícitos contractuales con la sociedad, al igual que la apuesta estratégica por pactos con las fuerzas políticas para superar la complejidad de un mapa electoral previsiblemente muy fragmentado y de cara a poder consensuar las imprescindibles reformas pendientes, necesitará mucho diálogo, generosidad, pedagogía y menos fraseología. Además de apoyarse en un partido ilusionado y movilizado tras liderazgos sin mochila de corrupcion a la espalda, dispuestos a conectar en red y escuchar en la calle a la mayoría social de progreso.
Es el momento propicio para trazar desde el PSOE una vía de gobierno y de compromisos con la sociedad que supongan un avance en la construcción de un relato propio para la Socialdemocracia que le permita fijar su papel y ganar credibilidad. No tenemos derecho a perder más tiempo en iniciar políticas que busquen la transformación de un sistema que solo provoca desigualdades, ni a contener la rebeldía frente a la pobreza.
Para los socialistas, el reto es doble: el reencuentro con la ciudadanía y la reafirmación de nuestras convicciones y de los principios éticos para dejar clara la voluntad de gobernar a golpe de reformas consensuadas que, además de la fiscal, educativa, laboral y constitucional, entre otras, incluyan regular los mercados financieros especulativos, controlar la evasión y el fraude fiscal y gravar las transacciones financieras en una Europa que defienda a las personas. Sin duda, una alternativa que trascienda al hecho de ocupar y gestionar el poder sin educar en las utopías necesarias y sin propuestas de transformaciones estructurales del sistema.
Una consideración final. Un país que no sepa valorar debidamente la trascendencia de los gobiernos de coalición con su incidencia en los procesos de madurez democrática de la sociedad y en el que escasee la cultura del pacto, será un país ingobernable donde faltará predisposición al ejercicio de lealtad política con el interés general de la ciudadanía.
Odón Elorza / Diputado Socialista por Gipuzkoa
Para publicoscopia.com / 25 de octubre de 2015