¿Estamos ante una 3a guerra mundial no convencional?
- Escrito por Super User
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Ha quedado claro en París que la libertad está en peligro y parece que nos enfrentamos a una difusa guerra no convencional que mezcla los frentes de combate, en países alejados de los territorios del occidente, con una estrategia de acción terrorista en un ámbito tan extenso como el planeta en el que el yihadismo siembra el pánico sin límites.
De nuevo han atacado el corazón simbólico de Europa, la ciudad de nuestros sueños y valores: París. El último acto de barbarie ha ocurrido, y no por casualidad, en lugares de disfrute para los "infieles", como una sala de conciertos, restaurantes, terrazas o un estadio de fútbol. Pero no olvidemos que, además del reciente atentado contra el avión de turistas rusos en cielo de Egipto o el ataque con explosivos de Daesh a la manifestación de la izquierda y de Kurdos en Ankara, cada día podemos leer en los medios, con un tratamiento informativo poco destacado, matanzas salvajes absolutamente indiscriminadas en Nigeria, Afganistán, Siria, Yemen, Pakistán, Líbano, Irak o en buen número de países africanos. A lo que habría que añadir lo que algunos llaman "víctimas civiles colaterales" por acciones de bombardeo o de drones por parte de potencias occidentales como USA, Rusia o Francia, entre otras, en diferentes escenarios.
Con lo sucedido en París (129 asesinados y 100 heridos muy graves) nos viene a la memoria los atentados cometidos en Madrid el 11M, en New York contra las torres gemelas, en Londres, ... Y nos invade de nuevo la sensación de dolor, impotencia y miedo, mucho miedo. Somos conscientes de que el fanatismo religioso yihadista, que no representa al islam, ataca nuestros valores y quiere acabar con nuestra libertad. ¿Cómo responder con inteligencia desde la política? Desde luego sin precipitaciones en caliente y sin caer en errores como el de pensar en enviar tropas a Siria o improvisar misiones militares sin contar con un plan integral y sin la decisión del Congreso.
No es fácil combatir a quienes están dispuestos a inmolarse portando un arma y un chaleco con explosivos para asesinar a decenas de personas inocentes que pasaban por allí. Toca preguntarnos con qué políticas defenderemos mejor la seguridad global y la paz internacional sin grave merma del estado de derecho, las libertades ciudadanas y los derechos humanos. Difícil respuesta.
¿Cuántos policías y soldados se necesitan en nuestras calles para prevenir atentados, detener a sus autores y colaboradores o controlar a sospechosos? ¿Cuantos drones serán necesarios para asesinar, sin juicio previo y con procedimientos que nos llevan a la seria reflexión sobre el desprecio a la legislación internacional, a todos los líderes de los grupos yihadistas en cualquier recóndito lugar del mundo? ¿Cuántas cumbres de Estados y cuanta mayor cooperación entre las agencias de inteligencia y especialista antiterroristas serán precisas para hacer frente a un ejército en parte invisible y garantizar la seguridad a la ciudadanía? ¿De qué entidad, con qué límites y legitimidad cabe desarrollar una acción militar, desde la unidad internacional en torno a la ONU y en el marco de una política integral contra Daesh?
Los valores de la sociedad occidental y nuestras vidas no se defienden solo con discursos retóricos y buenas palabras como le acabo de escuchar a Pablo Iglesias. No cabe el desarme moral ni el "desarme" de las instituciones que deben defendernos. Y lo digo consciente de que no hay nada peor que alentar el odio y la xenofobia, que no tenemos que olvidar los graves errores de USA y las grandes naciones europeas con la invasión de Irak o con la fallida diplomacia internacional en la gestión de los conflictos de Afganistán, Libia, Siria, Eritrea y un sin fin de países.
Estemos atentos al clásico debate sobre las restricciones a la libertad de las personas para garantizar su seguridad en un equilibrio inestable. Y no escapemos a nuestra responsabilidad de apoyar estrategias de más alcance para derrotar a los grupos terroristas que patrocina el llamado Estado Islámico. Por tanto, necesitamos un plan de actuación integral.
Un plan que permita la unidad generosa de las fuerzas políticas en una situaciación de excepción. Lo mismo que, en esa estrategia, se precisa el apoyo y colaboración ciudadana con las fuerzas de seguridad, la búsqueda de una eficiente cooperación internacional entre las distintas fuerzas policiales y de inteligencia, la definición de un modelo europeo solidario y común en materia de acogida a exiliados e inmigrantes, la diplomacia preventiva que dibuje un plan de futuro para Siria, la reforma de la ONU para hacer su papel más operativo a la hora de velar por la paz mundial, la neutralización de la red de financiación y apoyo al terrorismo que implica a gobiernos árabes con doble discurso, la búsqueda de una implicación del mundo musulmán y el acuerdo internacional sobre una nueva política que controle el comercio de armas. ¿Demasiadas tareas? Se lo debemos a las víctimas.
El nuevo concepto de "seguridad humana" conlleva, junto a lo anterior, que USA y la UE promocionen la democracia frente a los dictadores, refuercen las políticas educativas que defiendan los derechos humanos y promuevan el diálogo intercultural e interreligioso. Porque no se puede caer en el grave error de criminalizar a los creyentes del islam.
Frente a los populistas y la extrema derecha debemos dejar claro que un mundo más justo, libre y menos vulnerable exige, también, luchar con programas de inclusión social contra la desigualdad y la pobreza en el interior (los barrios de marginados) y en el exterior de Europa. La UE debe aprobar planes de prevención de los procesos de radicalización a los que son vulnerables jóvenes de segunda y tercera generación de inmigrantes que padecen una crisis de asimillación cultural y a los que ISIS y los grupos terroristas dan una salida ofreciéndoles una identidad colectiva -presidida por el odio- que les cohesiona.
Odón Elorza Candidato socialista al Congreso por Gipuzkoa
Para publicoscopia.com / 15 de noviembre de 2015