Cómo y para qué transformar el Congreso en un Parlamento Abierto.
- Escrito por Super User
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De aquel intento de rodear y tomar el Congreso al grito de no nos representan, del secuestro del Parlamento por una derecha corrupta para imponer leyes antisociales, a un compromiso vivo y urgente de transformar el Congreso para introducir la democracia participativa en desarrollo de la representativa.
La mayoría absoluta del PP impidió reformar el reglamento del Congreso y a la vez despreció su función, abusó del decreto-ley, rechazó las comisiones de investigación sobre casos de corrupción, impidió la rendición de cuentas de Rajoy y abusó de su poder para que el Parlamento legislara en contra de los derechos básicos de la ciudadanía. Aunque es cierto que la reforma debiera haberse abordado antes.
Tenemos un complejo camino legislativo que recorrer y no contemplo otra opción que hacerlo de la mano de un gobierno de progreso que se construya en un proceso negociador, sin exigencias imposibles y sin golpes de espectáculo.
Por esa vía hemos de recuperar los derechos sociales y laborales de la gente. Y un paso imprescindible a dar en el proceso de regeneración global del sistema institucional reside en el cambio de funcionamiento del Congreso, democratizando sus reglas de juego que hace años quedaron desfasadas y permitieron la degradación de la democracia en España.
El Congreso ha iniciado su marcha para recuperar la confianza y reconectar con la realidad de un país muy plural. Y lo hizo en un día plagado de apelaciones rancias y de gestos de indignación happy que han hecho que el compromiso de lograr un Parlamento Abierto quedara ocultado. Menos mal que el PSOE anunció al día siguiente la presentación de una proposición para que se constituya la ponencia de la Comisión del Reglamento del Congreso.
Necesitamos un Parlamento Abierto que realice el mayor control sobre el gobierno de turno para que tenga que rendir cuentas ante el órgano que representa la soberanía popular; que facilite la creación de comisiones de investigación; intensifique la vida del Parlamento habilitando los meses, hoy vacacionales, de enero y julio para celebrar Plenos y Comisiones con el objetivo de dar salida a tantas proposiciones de ley, preguntas de control a Ministerios y solicitudes de comparecencias incumplidas; potencie el papel de las comparecencias y audiencias dirigidas a entidades y colectivos en el Congreso para escuchar sus preocupaciones; reoriente el derecho de petición; cree foros deliberativos entre ciudadanos, entidades y parlamentarios; e impulse la presentación de iniciativas parlamentarias incluyentes por estar redactadas tras consultas y contrastes con los sectores y organizaciones afectadas, así como con expertos,
Debemos abrirlo incorporando nuevos cauces de participación de la sociedad, de sus organizaciones y agentes sociales en el desarrollo legislativo. También tenemos que reformar la ley de la iniciativa legislativa popular para facilitar el ejercicio ciudadano de la misma y ampliar su alcance.
En relación con el papel a jugar por las nuevas tecnologías se deberá potenciar la presencia en las redes sociales de la institución con su actividad y la de los parlamentarios para poder interactuar con la ciudadanía. Y facilitar su acceso a una página web transparente que ofrezca la documentación, informes y acuerdos en formatos abiertos y comprensibles. Un Parlamento abierto ha de concebirse como un espacio de diálogo y debate permanente, lo que exige un compromiso de escucha y respuesta a las personas y una comunicación bidireccional. Todo ello con el apoyo de guías de buenas prácticas, cursos formativos a parlamentarios y funcionarios y nuevas herramientas digitales.
Estas podrían ser algunas de las principales innovaciones a incorporar al Reglamento con urgencia. Porque, además, esta reforma forma parte del proyecto global de regeneración de las instituciones.
Nuestro modelo institucional ha estado alejado de la calle y ha soportado y convivido con la corrupción, cuestiones a las que no hemos dado aún suficiente respuesta. Hay todavía muchos políticos que entienden que la democracia se limita a delegar el voto para cuatro años o que la democracia representativa es un modelo acabado.
No hay tiempo que perder. Debemos redefinir los objetivos y el funcionamiento de la democracia del siglo XXI para dar paso a una nueva cultura política basada en la ética, la participación cívica, la transparencia de los partidos y la lucha por la igualdad.
Odón Elorza / Diputado Socialista por Gipuzkoa
San Sebastián, a 23 de enero de 2016 / Publicado en publicoscopia.com