Tras la cita de Sánchez e Iglesias: no nos resignamos.
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La reunión del miércoles entre Pedro y Pablo se ha hecho esperar demasiado y su resultado no abre la puerta a la esperanza; pero es un paso. Sin pérdida de tiempo y sin agotar más días en reproches, PSOE y Podemos deben ser conscientes de lo que se juega un país en crisis profunda, en lo social, en la ética de gobierno y ante el desprecio a su realidad plurinacional. Ambos deben responsabilizarse de la ilusión por el cambio que habían depositado el 20D millones de personas afectadas en su vida por las crisis.
Las reuniones de trabajo con Ciudadanos para discutir el programa han de celebrarse de inmediato, sean o no públicas, vengan o no acompañadas de esas ruedas de prensa que condicionan el margen respectivo de maniobra y que llevan al riesgo de teatralizar las posiciones.
Tendrán que reconocer los tres que la verdad política limita la dimensión de su imprescindible colaboración histórica para iniciar un nuevo ciclo para la democracia social en España e impedir que las políticas antisociales y el inmovilismo acampen en La Moncloa. No será tarea fácil pero la obligación de Podemos y PSOE es llegar a un entendimiento básico para que se den las siguientes consecuencias:
1- Hacer posible la regeneración democrática plena, lo que exige situar al PP en la oposición.
Tienen que aprovechar la oportunidad porque ambos saben que no se iniciará un tiempo de transformaciones ni se llevaría a efecto un programa regenerador de actuaciones radicales con otro gobierno de Rajoy o de quien le sustituya. Es muy posible que unas elecciones anticipadas reforzasen la suma de voto de las derechas con lo cual la regeneración del sistema, el cambio en la designación de los órganos reguladores que garanticen la división de poderes y el combate contra la corrupción no se abordarían con fuerza ni credibilidad.
2- Incorporar mejoras creíbles y concreciones al acuerdo suscrito entre el PSOE y C's.
Se ha dicho desde el PSOE que ese acuerdo está abierto a incorporar objetivos creíbles y cubrir lagunas, siendo deseable que Pedro Sánchez disponga de un margen de maniobra suficiente, en política laboral entre otras, para dar satisfacciones a Podemos e IU. Aunque no se alcancen todas las demandas que estos desearían, sí se podrían pactar objetivos relevantes como la nueva reforma exprés del135 de la CE. Porque no se trata de hacer una enmienda de totalidad al programa transversal ya pactado ni tampoco de pedir a otras izquierdas la simple adhesión y el voto sin más a un texto que conlleva -ciertamente- cesiones por parte del PSOE.
3- Reconocer que el inicio de un nuevo ciclo político (proceso constituyente para otros) requiere alimentar la convivencia y el entendimiento transversal entre partidos.
Llegan tiempos en los que no sería inteligente tirar por la borda el esfuerzo que han realizado el PSOE y C's para acordar un programa de gobierno. Esta estrategia es imprescindible para romper la derecha y abordar con un consenso suficiente una reforma sostenible de leyes sectoriales básicas para la recuperación de los derechos sociales e intentar sentar siquiera las bases de una reforma constitucional necesariamente consensuada. Todo ello sometido al protagonismo de un Parlamento reformado y con un PP en crisis profunda.
4- Pactar el apoyo parlamentario a un gobierno acotado en su composición, en sus objetivos y prioridades y en su duración.
Es un compromiso ineludible del PSOE hacia Podemos, que conlleva reconocer la modalidad de un 'Gobierno Parlamentario' que contaría con una comisión plural de seguimiento. Un gobierno que aportaría otra voz en Europa frente a los mercados financieros y las medidas neoliberales de austeridad, que rendiría cuentas cada año del grado de cumplimiento del programa pactado e incorporaría en la gestión de Ministerios de relevancia a independientes pactados o propuestos por Podemos y C's. Para el caso de que no fuera posible un gobierno tripartito para el cambio.
5- Sean o no, finalmente, socios de gobierno, PSOE y Podemos han de colaborar con generosidad por el bien del país.
Se puede convenir que aún no se dan las condiciones suficientes de empatía, confianza y la correlación general de fuerzas que son necesarias para formar un gobierno de coalición de las izquierdas. Esta realidad solo se remedia iniciando procesos de colaboración efectiva entre el PSOE y Podemos a nivel de Ayuntamientos y Gobiernos Autonómicos. Así ha sucedido siempre. Forzar las cosas sin procesos previos de convivencia es engañarse porque los rechazos mutuos y los condicionantes que ambas partes han ido planteando desde el 20D hacen presagiar la formación de dos gobiernos en uno. Algo destinado al fracaso porque saltaría por los aires.
Posdata :
¿Qué obtendría Pablo Iglesias en el "peor de los escenarios"? Evitar un riesgo cierto en unas anticipadas, liderar la oposición teniendo al gobierno bien amarrado y capitalizar su generosidad para hacer realidad el inicio de la segunda parte de la transición. Albert Rivera, por su parte, ampliaría su espacio político de centro-derecha liberal con grandes probabilidades de ocupar el papel de un PP en crisis.
¿Y Pedro Sánchez? Pedro, además de presidir un gobierno y consolidar su autoridad ante los dirigentes socialistas territoriales, tendría la gran oportunidad de recuperar para el PSOE su identidad socialdemócrata siempre que logre sortear las dificultades de una gestión de gobierno que la troica intentará condicionar, arrastrando la herencia que deja Rajoy y sometida a un control exhaustivo del Congreso.
Odón Elorza / Diputado Socialista por Gipuzkoa
31 de marzo de 2016