Los atentados en Bruselas y la lucha por nuestros valores.

Ayer volvimos a comprobar, con los atentados terroristas en Bruselas, que Europa no es una jaula de oro, feliz y protegida, sino el reflejo de las crisis económicas y de refugiados, de gobernantes grises, injusticias sociales y guerras que evidencian un mundo globalizado que va a peor. Además, constatamos la dificultad de frenar al fanático que se quiere inmolar para ganar el cielo llevándose con él a unos cuantos infieles.

Con ser una tragedia, los asesinatos yihadistas de ayer en Bruselas -y en otros lugares fuera de Europa que parecen afectarnos menos- deben servir para reafirmarnos en nuestros valores de referencia: la solidaridad, la libertad y la democracia.

Los europeos, tan desunidos y desorientados ante los episodios de ceguera política y exaltación nacionalista, hemos vivido un día de dolor y también de reflexión. Como ya sucediera con otros que sufrimos de modo muy especial en las ciudades de Madrid, Nueva York, Londres o París.

Pero en esta ocasión, además de expresar nuestra solidaridad con las víctimas del yihadismo, deberíamos dejar claro que no vamos a resignarnos a ceder parcelas de libertad, aún conscientes del esfuerzo colectivo que ha de merecer la garantía de nuestra seguridad. Y hemos de plantearnos cómo defender mejor nuestros valores democráticos. Eso vale también para no cometer más errores como el que los Estados de la UE acaban de realizar con un acuerdo que vulnera los derechos humanos de miles de refugiados en suelo europeo.

La ciudadanía europea espera de sus gobernantes que les ayuden a no caer en el pánico ofreciéndoles seguridad sin menoscabo de su libertad, que no favorezcan los discursos nacionalistas xenófobos. Y que dirijan con inteligencia, desde la colaboración y de manera sostenida las acciones policiales, diplomáticas y de organizaciones internacionales que combatan de modo efectivo a los terroristas, a sus fuentes de financiación y a los traficantes de armas.

Debemos mentalizarnos sobre nuestra fragilidad para luchar todos juntos por la causa de la libertad; eso sí, respetando el orden jurídico internacional y los principios del Estado de Derecho. Porque al terror no se le combate con poesía y banderas, con discursos y ofrendas florales; aunque todo ello sea necesario para reafirmar lo que nos une, acompañar el dolor y reconfortar nuestro espíritu.

Lo ocurrido en Bruselas, capital de Europa, nos tiene que hacer pensar en el hecho de que también en las ciudades europeas nos acostamos compartiendo el mismo horror que otras ciudades del mundo por las consecuencias del terrorismo y de las guerras. La pérdida de hombres, mujeres y niños que pasaban por allí, por una calle, un mercado, un aeropuerto o una estación del Metro.

Es lo que les sucede cada día a miles de personas inocentes, víctimas de un terrorismo salvaje y de las guerras en ciudades africanas, en Siria, Irak, Líbano, Túnez, Libia, Afganistán, Turquía, etc. O en las aguas del mar Mediterráneo. No lo olvidemos a la hora de sentirnos solidarios con esas víctimas.

Odón Elorza / Diputado Socialista por Gipuzkoa

23 de marzo de 2016 / Publicado en Publicoscopia.com  

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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