Ante las elecciones del 26 de junio de 2016: El país que queremos.

Lo que está pasando en España obliga a los Socialistas a explicar y defender un proyecto que seduzca y conecte con las demandas de la ciudadanía. Pero tenemos que estar convencidos de lo que decimos en esta campaña electoral. De modo que al hablar de ganar no estemos pensando, ni de lejos, en asegurar el escaño sino en ganar para devolver con actuaciones la dignidad y la seguridad a la vida de millones de familias que sienten lejano un Estado protector.

El adversario a derrotar es la derecha, la de siempre, inmovilista y reaccionaria, sin tener que dedicar tiempo a satanizar a otra parte de la izquierda, en mi opinión, menos coherente, más inclinada a enviar la carta a los reyes magos y más oportunista que nosotros.

Sabemos que España necesita un programa de reconstrucción política y social. Un plan transformador de una realidad dominada por las desigualdades y la desconfianza colectiva. Pero ha de ser creíble desde el punto de vista de la estabilidad presupuestaria para afrontar una situación de emergencia provocada por la crisis y las recetas neoliberales. Un programa de izquierda con el que poder plasmar tantas aspiraciones de cambio. En esencia, se trata de conseguir un crecimiento económico justo, recuperar derechos básicos, devolver la credibilidad al sistema institucional y hacer posible la regeneración democrática. 

No nos distraigamos ahora con la propuesta de última hora de Podemos en favor de una alianza al Senado. Porque una coalición para presentar listas conjuntas o se hace por afinidad política entre los participantes y con tiempo para madurar la relación de colaboración o se improvisa por puro oportunismo electoral, confundiendo los proyectos y al electorado. Y más aún si detrás se esconde una estrategia de ninguneo y sorpasso al PSOE.

Es cierto que el PP y Podemos ocupan las posiciones de los extremos del arco político (véase la encuesta del CIS), pero no vamos a satanizar el magma de las confluencias, mareas y franquicias como hace la derecha para meter miedo. Nos dedicaremos con prioridad, hasta el 26 de junio, a explicar en positivo el contenido de nuestro programa para la igualdad y a defender la necesidad de diálogo y pactos de progreso para sacar el país adelante. Esas son también banderas de nuestra identidad y ahí reside nuestra credibilidad.

Por eso reiteramos mil veces, ante quienes tratan de confundir a la gente, que nunca negociaremos ni apoyaremos la formación de un gobierno del PP y que rechazamos una gran coalición. Quienes acusan a la socialdemocracia de traición son los mismos que pugnan por robar esa etiqueta después de transitar por modelos ideológicos que nada tienen que ver con nosotros: por ejemplo los de Venezuela o Grecia. Por cierto, Tsipras gobierna por segunda vez con la derecha y Podemos no dice nada.

La incapacidad y el inmovilismo de Rajoy así como la ansiedad de Iglesias por el sorpasso explican los bloqueos en el reciente proceso fallido de investidura que ha defraudado las esperanzas de muchos electores y provocado hastío y decepción ciudadana hacia los partidos y la política. También nosotros hemos cometido errores y debemos aprender de las consecuencias que se derivan de las batallas internas de poder y del juego desleal. 

Lo esencial, lo que no debemos olvidar, es que demasiadas personas viven por debajo del umbral de la dignidad. España atraviesa una situación política y social excepcional por la existencia de diferentes conflictos. Nos enfrentamos a un alto nivel de paro, incertidumbres en el sistema público de pensiones, la corrupción, una elevada deuda pública, la estrategia de ruptura del nacionalismo de Cataluña, el problema de la financiación de las CCAA, la emigración obligada de miles de jóvenes, el fraude fiscal, etc.

Todo ello nos exige liderar con convicción la idea central de que es necesario sumar fuerzas para hacer realidad un paquete de leyes reformistas imprescindibles. La superación de este escenario de gran complejidad exige a todas las fuerzas políticas mucho más diálogo y menos vetos, capacidad de negociación en vez de una cerrazón y pactos de alcance transversal para los grandes temas de Estado. 

No estamos en 1977 ni salimos de una dictadura, cierto. Pero existen fuertes tutelas del poder económico, la gente lo está pasando muy mal, la democracia se ha debilitado y ha perdido capacidad para defender el Estado Social de Derecho. En esta coyuntura, el PSOE no puede fallar. 

 

Odón Elorza / Candidato a diputado socialista por Gipuzkoa

San Sebastián, 11 de mayo de 2016

Publicado en El Socialista y en publicoscopia.com

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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