20 años escoltado bajo el terror de ETA. Memoria de un alcalde de San Sebastián.

Hablo desde una Memoria herida, construida sobre las situaciones y circunstancias dramáticas que viví como alcalde de San Sebastián, junto a magníficos concejales y colaboradores socialistas durante 20 duros años, desde 1991 a 2011.

Aquel largo periodo, negro para Euskadi, ha supuesto una carga de indignidad para la historia de Euskadi. Indigno por las acciones de ETA, pretendidamente "en nombre del pueblo vasco" y por la insuficiente reacción de la ciudadanía frente al terrorismo de ETA y las acciones de la kale borroka.

Desde mi experiencia doy testimonio de que no estuvimos a la altura de las circunstancias. La ciudad de San Sebastián no dio, en muchos momentos difíciles, una respuesta suficiente de rechazo a ETA. No hubo, por parte de la sociedad donostiarra desde sus diferentes estamentos y por extensión desde la sociedad vasca, una respuesta colectiva y continuada a ETA de suficiente magnitud en defensa de la vida, los derechos humanos, la libertad y la democracia, en la calle y desde las instituciones. Podría dar innumerables ejemplos de lo anterior. Pero no quiero dejar de poner en valor la actitud valiente y generosa de quienes repetidamente - y en minoría- salían a la calle a expresar su rechazo a ETA.

Aprovecho hoy este Foro sobre la Memoria, organizado por el Gobierno Vasco en San Sebastián, para hacer estas reflexiones tras 25 años en los que nadie me preguntó por la cuestión. Soy sincero al afirmar que no fuimos lo suficientemente rotundos y claros a la hora de rechazar y condenar sin paliativos todos los asesinatos de ETA.

Costó tiempo que sectores importantes de la sociedad donostiarra dejaran de guardar "el silencio de los corderos" y proclamaran la falta total de legitimidad de la violencia de ETA. Tampoco podemos estar orgullosos de la insuficiente respuesta colectiva que dimos como apoyo y solidaridad a quienes sufrían el acoso de ETA o las amenazas de HB. Eran varios miles de personas: policías, militares, políticos, jueces, periodistas, intelectuales, empresarios,..

Necesitamos una catarsis colectiva porque creo, aún hoy, que la sociedad donostiarra, que vio asesinar a más de cien personas en sus calles y a centenares de heridos, no es consciente o no quiere reconocer que el miedo y el silencio dominaron nuestras vidas. Que la "policía secreta" de ETA en los ayuntamientos, empresas, barrios, universidades y calles, logró su objetivo al controlar los comportamientos y limitar la reacción frente al terrorismo de gran parte de la ciudadanía. Y aquello sonaba a una cobarde complicidad.

Arrastramos ante la historia un problema de dignidad democrática por no haber respondido con más rotundidad, con más claridad a ETA. Tampoco hemos de olvidar episodios confusos y lamentables del PNV y de la iglesia vasca.

Por todo ello, Euskadi necesita una catarsis. Hoy tras el miedo, un silencio cómplice, nuestro mayor enemigo es el OLVIDO de lo que realmente pasó y del sufrimiento de las victimas. Es imprescindible trabajar por cultivar una Memoria justa, reparadora y democrática.

Reconozco que yo tampoco estuve -en ocasiones- a la altura de lo esperado de un alcalde demócrata y comprometido con la defensa de las derechos humanos. También tuve silencios y ausencias. Y me dejé llevar por la prudencia y por una falta de coraje cívico.

No acepto que se pretenda repartir las responsabilidades ante "la existencia de distintas violencias". Ni aceptó la teoría del conflicto. Es cierto que padecimos - y los hechos quedan fuera de mi etapa en la alcaldía- otro terrorismo; el de los GAL, que empezó en 1983 y desapareció en 1987. Siempre condené sus asesinatos, desde el del dirigente de HB Santiago Brouard hasta el caso Lasa y Zabala. Y no dudé en exigir al Estado de Derecho su intervención para acabar con los GAL y "limpiar el cuartel de Intxaurrondo". En cualquier caso, es importante destacar que los GAL desaparecieron en 1987 y ETA siguió asesinando 23 años después.

Los GAL hicieron, además, un daño incalculable a la democracia española al restar legitimidad -a los ojos de sectores de la sociedad vasca- a la lucha del Estado y de las fuerzas de seguridad contra ETA. Aquello me parecía muy grave y por eso ni me callé la denuncia, ni acudí, años después, a las puertas de la Cárcel de Guadalajara.

A pesar de ETA, del ambiente de violencia, de la kale borroka, los socialistas -entre otros- supimos mantener la pasión por renovar y modernizar San Sebastián. No consiguieron frenar nuestros proyectos, los de una buena parte de la ciudadanía demócrata y donostiarra. Durante aquellos 20 años permanecí escoltado y mi vida careció de libertad, con movimientos muy restringidos. Sentía la asfixia de no poder respirar en libertad, algo que también sentí en los años finales de la dictadura franquista. Pensaba que aquello no acabaría nunca.

En esos años sufrí de cerca el asesinato de amigos personales, asistí al levantamiento de cadáveres aún calientes, acudí a funerales tristes y poco concurridos aquí en Euskadi, participé en centenares de concentraciones y manifestaciones. Mi vida está salpicada de cicatrices por los atentados contra ciudadanos y amigos como Enrique Casas, el General Garrido, Jose Antonio Santamaria, Gregorio Ordoñez, Ernest Lluch, Fernando Múgica, Froilán Elespe, Juan Mari Jauregui, Alfonso Morcillo, José Ramón Recalde, José Luis López de Lacalle, entre otros muchos.

Lo único positivo de aquella etapa de alcalde, desde el punto de vista de la presencia de la violencia en todos los poros de la ciudad, fue el aprendizaje de que solo desde las más profundas convicciones democráticas y desde la pasión por la libertad se puede sujetar el miedo, dominar el pánico y aprender a vivir con el riesgo. En definitiva, son las convicciones las que no te permiten huir.

Odón Elorza Ex-Alcalde de San Sebastián (1991-2011)

Donosti, 31 de mayo de 2016

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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