Podemos fracasó y no hubo sorpasso.

Los Socialistas solo hemos parado el golpe; hemos resistido frente a los pronósticos y las sonrisas que se dibujaban para acudir a nuestro funeral, frente el vendaval del derecho a decidir y las fuertes mareas. Las eleciones del 26 de junio no han traído el anunciado sorpasso. La ilusión inicial de ayer noche, cuando el escrutinio daba al PSOE 95 diputados, se fue convirtiendo en una elemental satisfacción por haber parado el golpe del sorpasso de Unidos Podemos y obtener 84 escaños.

Lo terrible es que las fuerzas de izquierda hemos retrocedido, eso es lo grave. Por contra, la derecha más inmovilista ha resurgido con fuerza. El mapa electoral resultante es un desastre, una derrota para todos los demócratas si pensamos en los millones de familias que lo pasan mal, en el objetivo de revertir las políticas del Partido Popular que provocan pobreza y precariedad y en la nula voluntad de respuesta por parte de Rajoy a la corrupción de todo tipo. Pueden llegar más recortes en una Europa sumida en el desconcierto, con Rajoy de nuevo como espectador. A no ser que se produzca una catarsis política en España, llamada pacto reformista transversal, que Podemos ya rechazó y Ciudadanos había excluido. 

Hubo más de una oportunidad real para acabar con Rajoy y el PP en el anterior proceso de investidura, en base a un programa que en nada se parece a lo que nos espera si sigue Rajoy -que tiene muchos boletos- y que no merecía la descalificación que algunos hicieron del programa de cambio que defendió Pedro Sánchez.

Su contenido, reconociendo algunas claras limitaciones en política laboral, pensiones y SMI, podía iniciar las transformaciones estructurales que requiere esta país en casi todos sus ámbitos. Pero Iglesias ya tenía decidido que lo más importante era adelantar las elecciones para lograr un ansiado sorpasso a los socialistas, usando frases felices, cal viva y manipulaciones políticas muy sucias.

Son tiempos obligadas para hacer reflexiones y tomar determinaciones. Es lo que debemos hacer en el PSOE, que vivió, en tiempo electoral, unos episodios de intento de suicidio como consecuencia de torpes y desleales declaraciones. Inoportunas unas y despreciables otras, todas ellas provenientes de algunos líderes territoriales y ex dirigentes socialistas. Nos han hecho mucho daño desde la noche del 20D; daño a los principios, daño moral y electoral.

Necesitamos aprovechar que seguimos vivos para desarrollar un debate en profundidad sobre cómo hemos llegado a semejante situación interna, a colocarnos a un paso de perder la hegemonía en la izquierda. Es hora de debatir sobre cómo reforzar los mecanismos democráticos del PSOE, incluido su Congreso, el Comité Federal, el Comité de Ética y cómo abrir las consultas democráticas a las bases.

Es imprescindible una reflexión ordenada para dar cohesión al PSOE y reconstruir nuestras señas de identidad como partido socialista que debe implicarse en el proceso para refundar la Socialdemocracia. En una Europa sumida en profunda crisis y en el marco de un mundo globalizado e ínterdependiente dominado por las crecientes desigualdades, la xenofobia, el terrorismo y el crecimiento de los nacionalismos y el populismo.

El PSOE sigue liderando la oposición, aunque Podemos, los tertulianos subidos a la ola podemita o pepera, las malditas encuestas y el juego del PP con sus poderes mediáticos y económicos habían preparado el funeral de Pedro Sánchez y de los socialistas de convicción. A esa ceremonia se incorporaron gentes de nuestra casa, al parecer por afanes de poder. Confiemos en que los resultados electorales por comunidades nos empujen a la humildad.

Iglesias debería pensar en dimitir por no alcanzar ninguno de sus objetivos y por sostener a la derecha. Acumula muchos errores cimentados en mentiras, juegos de castas, mudanzas aceleradas de discurso e intrigas cortesanas para enfrentar a los socialistas. Pero, sobre todo, tendría que dimitir por haber favorecido la continuidad de la bestia negra que significa Rajoy. Aún ayer, Iglesias decía que no se arrepentía de su rechazo a la investidura de un Presidente socialista. ¡Cuánta soberbia!

El reparto de escaños nos da peor que hace tres meses. Rajoy se ha crecido y los enfrentamientos cruzados entre PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos hacen muy difícil lograr un acuerdo programático que resulte pragmático y aún más un acuerdo de gobierno. Ambas son cosas diferentes y podrían tener distintos protagonistas, aunque conectados por el interés general de proteger a una mayoría social y regenerar el Estado Social y Democrático de Derecho con sus instituciones y organismos.

Sin embargo, con calma, sin ansiedad y midiendo los pasos, porque le toca mover pieza al PP, no se debería descartar la gestión de un complejo escenario. Me refiero a un escenario presidido por la búsqueda de un acuerdo necesariamente transversal con 188 diputados, lo que exigiría bajar los humos a Pablo Iglesias y poner a prueba el discurso regenerador de Rivera. 

Luego vendría el intento de formar un gobierno presidido por Pedro Sánchez con presencia de personas pertenecientes o vinculadas a UP y C's. Difícil sí, pero merecería la pena intentarlo, en su momento, con total transparencia en la metodología negociadora.

Odón Elorza  /  Diputado Socialista por Gipuzkoa

San Sebastián, 27 de junio de 2016

Publicado en eldiario.es

Odón Elorza

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