PSOE e investiduras: tenemos un plan B.

Lo que realmente interesa a la ciudadanía no es que el PSOE debata -en medio de voces internas dispares- si votará no o abstención a la investidura de Rajoy. Tampoco sí, en una siguiente fase tras el inicial fracaso de Rajoy, una parte simbólica de los diputados socialistas se abstendrá para evitar las terceras elecciones, como piden algunos.

Lo que los electores progresistas y regeneracionistas quieren es no quedarse tirados ante la resignación de las fuerzas reformistas a soportar cuatro años más a Rajoy. Ellos nos exigen la estrategia y los compromisos ciertos para dar la vuelta a las políticas neoliberales que agudizan las desigualdades y el sufrimiento de mucha gente en España. Y esto se puede hacer, con independencia de la posición final de voto del Partido Socialista. 

Por tanto, lo decisivo es contestar a la pregunta de qué deberá hacer el PSOE, con convicción e inteligencia y asumiendo riesgos como colectivo de la izquierda, para situarse en la mejor posición para defender de un modo efectivo los derechos sociales y las demandas de millones de familias que sufren la crisis. Esa es mi reflexión. 

La clave para el PSOE reside en acertar en los pasos a dar para que al final del proceso de investidura estemos en disposición, desde el gobierno o desde una oposición con gran capacidad de iniciativa y de movilización, de empezar a revertir las políticas del PP. Ese objetivo se ve dificultado por las guerras internas de poder. Igualmente, desorienta el discurso continuista y la actitd exagerada en defensa del sentido de responsabilidad de Estado. Es lo que practican Felipe González y Alfonso Guerra en su afán de orientar o tutelar las decisiones del Partido Socialista. 

Llevamos ya nueve meses de democracia "congelada", con una ciudadanía harta de que los graves problemas del país y los personales se acumulen sin solución y de que pudiera seguir gobernando un partido que desprecia a la gente y se burla de la democracia y la ética pública. Sería malo que, en estos meses, no hubiésemos aprendido de los errores que cometimos tanto en la negociación con Ciudadanos como por no haber sabido llevar contra las cuerdas a Pablo Iglesias, el líder emergente -pero menos- que ha resucitado a Rajoy y es el responsable de que la derecha haya salido reforzada. 

Le toca ahora al PP hacer los deberes de la negociación y las cesiones que no quiso realizar tras el 20D, cuando jugó con Podemos a nuevas elecciones y don Tancredo Rajoy se echó la siesta. Que pase por ese calvario, que enseñe sus cartas y preferencias con compromisos si quiere ganar su investidura. 

Pero si Rajoy no logra la investidura, con los votos en contra del PSOE en las dos votaciones, da pie a pensar que ello será porque Pedro Sánchez podría estar pensando en intentar formar una alternativa programática de cambio que sume y que garantizase un gobierno estable. Estaríamos ante un plan B y supondría que Pedro Sanchez presentara un documento programático propio, nuevo y dirigido inicialmente a Podemos y Ciudadanos para abrir una vía negociadora sin líneas rojas previas al diálogo, sin vetos de nadie y con una metodología diferente a la del fallido proceso anterior.

Se trataría de buscar un pacto a tres bandas sobre un programa de gobierno con compromisos bien concretos en materias de emergencia social y empleo, fiscalidad, regeneración democrática, modelo territorial, Europa y reforma constitucional. Debiera contar con apoyo garantizado de los tres partidos del cambio, como mínimo, y el compromiso de Pedro Sánchez de presentar, como Presidente, una moción de confianza a los dos años.

En mi opinión, los socialistas estamos obligados a intentarlo tras un rechazo a Rajoy y pensando en las demandas de la sociedad. Deberíamos intentarlo con rigor, con ideas claras sobre los interlocutores - no cabe el engaño de hablar de un gobierno de izquierdas que ni suma ni es gestionable -, huyendo de teatralidades, de falsas expectativas y de ruedas de prensa para el boicot mientras dure la negociación. La complejidad de la tarea sería enorme, cierto, pero no habría que renunciar, de entrada, a lograr un gobierno de transición para evitar nuevos recortes, más corrupción y la continuidad del inmovilismo del PP. 

Soy consciente de la enorme desconfianza que levanta Pablo Iglesias entre los socialistas por su gestos desleales. Y del modelo liberal que representa Albert Rivera. Pero el solo hecho de intentar y buscar un acuerdo transversal aportaría coherencia al Partido Socialista y le facilitaría, como un paso previo, su refundación y la recuperación de su identidad. No cabe por el contrario refugiarse ya, con una abstención a Rajoy, en los cuarteles de invierno para curar las heridas con lo que hay en juego para millones de familias. Ni facilitaría al PSOE alcanzar un liderazgo real de una oposición desde la izquierda en la que competiremos con Podemos. 

Si un esfuerzo negociador a fondo del PSOE no tuviera éxito, entonces entraríamos en la tercera fase del proceso en el que habría que facilitar, con algunas abstenciones o ausencias, la investidura de Rajoy. Sería una respuesta a explicar por razones de responsabilidad democrática al no tener una alternativa propia de gobierno que ofrecer al país y para no bloquear una situación que llevaría a las terceras lecciones. Para evitar malos entendidos y la demagogia de Podemos, y contra lo expresado por excelentes compañeros, yo sería partidario de no negociar nada con el PP a cambio de nuestro gesto de pura coherencia democrática. Porque se entendería mal cualquier pacto y escenificación con Rajoy, ante un PP que no es fiable. Pero ese es otro debate.

En ese supuesto escenario de finales de agosto, se debería poner en marcha desde el Congreso una estrategia acordada entre la oposición -me refiero básicamente a las tres fuerzas del cambio, sin otras exclusiones-  que impulsaría iniciativas de proposiciones de ley de carácter alternativo a las políticas conocidas del Gobierno minoritario de Rajoy.

Su aprobación vía pactos -en reforma laboral, pensiones, cobertura a los desempleados, educación, fiscalidad, plan de emergencia social, SMI, ley electoral, etc - garantizaría, aunque hubiera que sortear obstáculos en el Senado, la regeneración social, moral y democrática. Quién sabe si en un momento posterior en el que "los tres astros estuvieran alineados", Pedro Sánchez podría presentar una moción de censura a Rajoy.

Odón Elorza, Diputado Socialista por Gipuzkoa

Madrid, 13 de julio de 2016  /  Publicado el 3 de julio en El Socialista Digital 

Odón Elorza

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