Carta abierta a los defensores de otras elecciones anticipadas.

Tras leer en las redes comentarios crecientes favorables a unas terceras elecciones, expongo mi rechazo a su celebración. Y lo hago en defensa de las reglas de la democracia y por respeto a la voluntad de los electores. ¿Por qué no, luego, unas cuartas? Es la política y los políticos quienes debemos gestionar, asumiendo las consecuencias, la voluntad ciudadana repetidamente expresada.

Me pregunto si se pueden "propiciar" unas nuevas elecciones y me resulta indefendible semejante posición política, la misma que siguieron hace tan solo unos meses, por intereses exclusivamente electorales, Podemos y el PP. Claro que Podemos no logró el sorpasso y encima resucitó a Rajoy. Me importa mucho menos la disparatada fecha del 25D para la repetición que el hecho de que alguien pueda estar apostando por ello olvidando que el resultado seguiría exigiendo pactos para formar gobierno y que podría darse otra subida del PP.

Vivimos un nuevo ciclo de la política en España tras la ruptura del bipartidismo que ha de garantizar la separación de poderes. Además, tiene que conllevar una democracia más crítica y participativa, la aceptación real del pluralismo, el desarrollo de la cultura de pacto y el empoderamiento del Parlamento ante el Gobierno. Unas nuevas reglas de juego.

Por su parte, la gravedad de la crisis institucional, económica y social, obliga a los partidos a proponer alternativas que aporten soluciones a los problemas y retos del país. En especial a los de izquierda, por defender a la mayoría social que sufre la crisis, el interés general y la dimensión protectora del Estado Social. Alternativas que partan de una reflexión pedagógica en la que no primen los intereses de poder o las conveniencias de un partido.

Es deseable que el Partido Socialista, la misma tarde del día 2 de septiembre y tras el fracaso de la investidura de Rajoy -que dejará un sabor a Moción de Censura- apueste por recuperar la iniciativa política. Urge ofrecer iniciativas que eviten el bloqueo para que España tenga un gobierno y una oposición que aporten respuestas a las necesidades de la gente y otro modelo de salida de la crisis. En ambas casos se requiere la rectificación de leyes impuestas por el PP que han provocado sufrimiento y más desigualdad.

Si no lo hacemos habremos perdido la mejor oportunidad - quizás la única que disponga el PSOE- para redimirnos. Aunque es evidente que, asumiendo en todo caso riesgos, el éxito o fracaso de las propuestas dependerá de cómo las planteemos y de qué respuesta nos den otras fuerzas.

Tenemos distintos caminos a seguir y todos entrañan riesgos para el PSOE. Pero estamos en política para asumirlos, por convicciones y para acercar los anhelos colectivos. Es el PP y sus voceros quienes presionan de modo sucio al PSOE y le imputan el bloqueo de una situación que, en realidad, es consecuencia del inmovilismo de Rajoy, en su línea de no incorporar rectificaciones en el diálogo con el PSOE. Tampoco el PP hace propuestas que recojan la derogación de leyes así como reformas ineludibles en medidas sobre pobreza, pensiones, educación y reforma laboral.

En febrero, los Socialistas no podíamos enrocarnos en una posición de rechazo a Rajoy como única respuesta a las políticas inmorales y a los comportamientos miserables del Partido Popular. Por eso tomamos la iniciativa, aunque con "plomo en las alas" que nos impidió ganar la investidura de Pedro Sánchez. Ahora deberemos movernos en campo abierto y hacer política sin la rigidez de aquellas líneas rojas, porque tras la reflexión hay que elegir una alternativa y hasta una segunda, sin miedo. No podemos prolongar, tras el 2 de septiembre, una posición centrada en el discurso de la resistencia al PP.

La democracia no se reforzará ni el PP se debilitará con la convocatoria de unas anticipadas, sino poniendo en práctica los principios de la negociación, la búsqueda de pactos programáticos reformistas y la apertura de vías de entendimiento y colaboración entre las fuerzas de la izquierda que traten, en conjunto, de dar una salida al bloqueo para avanzar en la aprobación de reformas legislativas.

Hay razones sobradas para repudiar el continuismo de Rajoy y, en coherencia, intentar sumar una alternativa al PP que devuelva la dignidad a un sistema democrático que no se sintió defendido cuando las direcciones del PSOE no presentaron una moción de censura tras el mensaje corrupto de Rajoy a Barcenas. Puede parecer un ejercicio voluntarista pero lo coherente, tras la derrota de Rajoy, es que el PSOE proponga un documento propio para sondear la disposición real de Podemos, de las fuerzas nacionalistas y hasta de Ciudadanos. Merece la pena intentarlo. 

Si no fuera posible para el PSOE formar un gobierno de progreso, habría que trazar una estrategia de diálogo y coordinación entre las fuerzas de la oposición. Deberíamos conseguir que el Congreso pasara a ser una institución fuerte con un control efectivo sobre el Gobierno, proyectando una visión plurinacional del Estado, acordando un calendario legislativo y condicionando los presupuestos. Teniendo, además, la posibilidad de presentar una moción de censura si fuera necesario.

Hay que poner la imaginación a trazar las líneas curvas y verdes de una política de acuerdos, avances y transformaciones que identifique a los Socialistas. La celebración de unas terceras elecciones no puede convertirse nunca en una alternativa política porque contribuye, entre otras consecuencias, a deslegitimar el sistema democrático.

Mantengo la convicción de que en ningún caso - nos lleve nuestra reflexión interna al gobierno o a la oposición - supondrá la renuncia a nuestros principios ni la rendición de nuestro programa. Y no me asusta ninguna reacción de Podemos sí, tras la mínima abstención técnica que permitiera gobernar a Rajoy sin mediar pacto -algo perfectamente discutible-, fuéramos capaces de ejecutar, día a día, una tarea de oposición incluyente, abierta a la sociedad y sin sectarismos.

La configuración actual del Congreso no tiene precedentes y el PSOE ha de basar su proyecto en la reconstrucción de España y la recuperación de los valores democráticos. Una oposición de mirada larga, con un perfil propio y objetivos sociales, de regeneración, fiscales y territoriales a compartir con una sociedad harta de comprobar que la política se ha convertido en un problema en vez de ser la solución.

 

Odón Elorza / Diputado Socialista por Gipuzkoa

San Sebastián a 27 de agosto de 2016.

* Publicada una versión reducida anterior en Infolibre

Odón Elorza

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