En defensa de la Transición democrática.

Al hilo de la celebración en el Congreso de los 40 años de las primeras elecciones de la democracia, quiero expresar mi gratitud y homenaje emocionado a todos aquellos luchadores antifranquistas que durante años sufrieron la brutal represión del régimen franquista. Hombres y mujeres de distintas ideologías y organizaciones sindicales hicieron posible, tras la muerte del dictador, la vía de la Transición a la democracia y la libertad en 1977 con la elección de las Cortes constituyentes.

Viví y luché siendo muy joven para lograr una Transición que respondiera a las ilusiones y expectativas de una ciudadanía movilizada en las calles por la libertad frente a las porras de los grises. Y fui testigo de la arriesgada gestión política de los dirigentes demócratas, especialmente desde las filas de la izquierda y del nacionalismo histórico, sin olvidar la decisiva apuesta de Adolfo Suárez, surgido del propio régimen, o la contribución de Felipe González y de Santiago Carrillo.

El balance final de la Transición no podía ser perfecto porque la correlación de fuerzas a la salida de la larga dictadura no lo permitía. Franco murió en la cama, no tuvimos una rebelión de los claveles como en Portugal y la Transición española discurrió entre victorias arrancadas. contradicciones y renuncias.

Lo importante, en aquel momento, consistía en salir de modo decidido de la dictadura y empezar a construir ante Europa, con tenacidad y la credibilidad que inspiraba la dirección del PSOE, una democracia en lo político y en lo social. El proceso, inédito en Europa, se desarrolló con imperfecciones y dejó sin afrontar cuestiones relacionadas con torturas y violaciones de los derechos humanos durante la dictadura a las que no se pudo dar una solución justa y reparadora.

Asumo como socialista la defensa de la Transición, reconociendo las limitaciones de aquel descomunal desafío. En 1977 y en los años siguientes era muy difícil conciliar la reclamación de justicia frente a los crímenes de la dictadura con el objetivo de sentar las bases de la convivencia en paz y con la estrategia del PCE de cerrar heridas para avanzar en la necesaria reconciliación.

Es cierto que la Ley de Amnistía, en favor de los luchadores de la democracia, sirvió también para amnistiar a criminales y torturadores. Los liquidadores del franquismo no estaban dispuestos a pagar facturas del pasado. ¿Es jurídicamente posible y políticamente conveniente revisar la ley al cabo de 40 años para los casos de crímenes contra la humanidad? ¿Se alcanzará un consenso para crear una Comisión de la Verdad? ¿Se conseguirá del Parlamento la exigencia al Gobierno de que retire todas las condecoraciones a policías franquistas torturadores?

Afirmo la dignidad y el buen talante en la búsqueda de consenso por parte de los padres de la Constitución. Y lo hago frente a quienes, como Podemos, insisten en la actualidad en una lectura negativa de su gran labor y en una valoración tremendamente injusta del proceso seguido y de los logros de la Transición. La Memoria -imprescindible su conservación para no repetir errores y poder proyectar valores cívicos- nunca tendría que ir unida al odio y al rencor.

Sin embargo, es muy cierto que hay capítulos negros del franquismo, como los miles de asesinados republicanos que aún permanecen enterrados sin dignidad en las cunetas y la no exigencia de responsabilidad a los autores de crímenes que gozan de impunidad. Con un gobierno del PP que en 2017 no respeta el Estado de Derecho y desprecia la ley de Memoria histórica aprobada por Zapatero, no será posible cerrar de una vez esos capítulos.

Odón Elorza , Diputado Socialista por Gipuzkoa y miembro de la CEF del PSOE.

29 de junio de 2017 / Publicado en 20minutos.es 

Odón Elorza

Espacio de diálogo e interacción con el diputado socialista por Gipuzkoa.

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