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Catalunya 2015: ¿derecho a decidir o derecho a convivir?
Nunca fui de esos que "se ponen estupendos" al hablar de la unidad de España. Pero tampoco frivolizo con el significado de la pretendida ruptura de una convivencia de la diversidad que ha atravesado momentos difíciles durante los últimos siglos. Esto hace que me pregunte qué toca en 2015: ¿romper o convivir?
Traducir expresiones como derecho a decidir, su alcance y consecuencias en la coyuntura bien concreta de 2015 dominada por las crisis, la económica, la del modelo de España y la idea gravemente herida de Europa, es un ejercicio obligado. Preguntarse por los pasos a dar en la construcción de procesos que han llevado muchos años en países como Canadá o Reino Unido, antes de efectuar consultas pactadas y ajustadas a la legalidad, es una muestra de inteligencia.
Nos encontramos ante una huida hacia adelante como única salida del nacionalismo gobernante en Catalunya para superar/ocultar los desencuentros con el Gobierno de Rajoy para lograr un adecuado encaje de Catalunya en España y Europa, las políticas de continuados recortes de la Generalitat y el desprestigio de CDC tras los casos de corrupción de la familia Pujol. Una huida alimentada también por las torpezas de Mariano, una máquina de fabricar independentistas.
Admito que al sufrir durante años las experiencias cercanas de cómo asesinaba ETA en nombre de una idea fanatizada de patria, en nombre del derecho de autodeterminación y la independencia, he salido vacunado ante formulaciones como el pretendido y sagrado -para algunos- derecho a decidir. Sin embargo, debería importar mucho el cuando, el cómo y el quantum de voluntad democrática.
Pretender la secesión de Cataluña con un plan de medidas a seis meses vista tras unas elecciones forzadas, me parece una locura que obedece al juego de intereses que lleva a Mas a otra ceremonia de confusión para no perder el poder. Porque es consciente de que una derrota de Rajoy en las generales provocaría un cambio total de escenario y se abriría en España una etapa de renovadas ilusiones con el sugerente reto de abordar la recuperación del estado de bienestar y la reforma de la Constitución.
Pero ese sería un freno emocional a las ansias independentistas de una parte de la ciudadanía catalana que todavía hoy apoya el derecho a decidir como una reacción y rechazo a lo que significan Rajoy y el PP.
Me parece una actitud escapista que en esta coyuntura lo prioritario sea romper, confrontar a la sociedad y -aunque no se pretenda- cosechar como consecuencia la división de la ciudadanía. No deberíamos olvidar que un apoyo claramente mayoritario a la lista soberanista serviría, además de para abrir una crisis de Estado descomunal, para dar un montón de votos al PP en las generales y desequilibrar al PSOE y a Podemos. La derecha azuzará el miedo.
Llevo años defendiendo y escribiendo sobre la necesidad de una Ley de Claridad emanada de Las Cortes, la misma que sirvió para desarrollar con garantías las consultas en Quebec y Escocia. Hablo de una propuesta de calado democrático que requiere, eso sí, que en España se den las condiciones para plantearla. No sé cuando habrá oportunidad pero no renuncio, como solución, a la conjunción del principio de respetar la voluntad democrática ciudadana con el respeto al principio de legalidad.
Mientras tanto, prefiero mil veces el derecho a convivir en un nuevo marco constitucional sometido a consulta vinculante de la ciudadanía que un derecho a decidir que no garantiza el resultado -incierto y poco claro, me temo-, que conllevará inseguridad jurídica, confrontación y fractura social.
Ni siquiera insistiré en las pretendidas bondades del Federalismo, una estructuración del Estado que ha llegado tarde al conflicto político en Catalunya. Porque como vino a decir Edu Madina en su conferencia universitaria la pasada semana en el Palacio Miramar de San Sebastián, en una sala que ya acogió las ideas de diálogo constitucional de Ernest Lluch, "no se puede federalizar a quien se quiere ir; el federalismo sirve mejor a quienes quieren compartir desafíos y sueños". Es verdad.
Necesitamos dar respuesta a las posiciones del independentismo secesionista apelando a la defensa de la convivencia y la diversidad, expresando las ventajas de compartir retos e identidades en un mundo global. Y derrotando a Mariano y a los frentismos para iniciar la utópica tarea de transformarlo casi todo.
Odón Elorza / Diputado Socialista por Gipuzkoa
Para publicoscopia.com / 18 de julio de 2015