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Tiempo de pactos para compartir soluciones.

El bipartidismo ya es pasado y el Parlamento renace con más legitimación en la calle por representarnos mejor a todos. Los errores del bipartidismo se iniciaron antes de la mal gestionada crisis económica y afloraron de la mano de un desempleo insoportable y de los escándalos de corrupción. Por voluntad democrática de la ciudadanía se acabó el tiempo de las mayorías absolutas y de las mayorías amplias.

Comienza un ciclo de la política en el que se requiere más cultura de diálogo, entendimiento y pactos. Habrá que sumar, en principio con los afines; sumar con inteligencia y generosidad intelectual, con mentalidad abierta para buscar soluciones que se compartan cediendo todas las partes implicadas. Pactos también transversales en los grandes temas de Estado para alcanzar leyes duraderas.

Tengo la experiencia de haber participado, durante veinte años, en los gobiernos de coalición del ayuntamiento de San Sebastián en medio de un terrorismo que lo condicionaba todo. Sé bien lo que es liderar una alcaldía durante cinco mandatos, siendo -en ocasiones- segunda y tercera fuerza. Y lo difícil que es acordar con otras dos fuerzas un programa de gobierno para sacar adelante una ciudad que vivía crispada y paralizada por el desánimo, el terror y la kale borroka.

Pero nunca nos faltó la pasión por garantizar su gobernabilidad desde la convicción de que era imprescindible llegar a pactos; algunos cogidos con alfileres, otros sorprendentemente sólidos. Además, aprendimos a pactar las discrepancias para que, en temas tasados, cada grupo y cuidando las formas, pudiera defenderlos para no desnaturalizar su identidad. La experiencia proyectó cultura democrática y, en términos generales, funcionó. Para ello, en el camino pacté con cinco fuerzas políticas, con todas menos con HB.

Por tanto, no comparto la opinión de quienes sin intentarlo dan por imposible la alternativa de un pacto entre el PSOE y Podemos. Los desencuentros y descalificaciones que han existido en los pasados quince meses no pueden ser un impedimento insuperable. Menos aún puedo compartir maximalismos ni exigencias previas (líneas rojas les llaman) a incluir en los acuerdos, ni siquiera para sentarse a negociar.

Proclamas a modo de banderín de enganche electoral, como la consulta vinculante de autodeterminación para Cataluña durante el primer año de gobierno, parecen un brindis al sol, no son negociables por generar discrepancia total y por una imposibilidad legal cierta.

Pero eso no debe cerrar la vía para pactar un gobierno sobre aquello que es prioritario. Es un momento histórico -tras el final del bipartidismo, la persistencia de la crisis económica y la tensión secesionista en Cataluña- en el que tiene que primar la política de altura.

Hay que pensar, con prioridad, en las necesidades de la ciudadanía que sufre la crisis y en las reformas legales que permitan un modelo de crecimiento económico justo, tanto en las condiciones de empleo y en la vuelta a casa de los jóvenes expulsados como en la recuperación de derechos sociales y en una fiscalidad progresiva que permita una sociedad más equitativa. Sin olvidar que Euskadi también necesita otro interlocutor en La Moncloa para negociar la ley quinquenal del Cupo, culminar transferencias e infraestructuras y acordar las medidas que permitan avances decisivos en el proceso de paz y convivencia.

Ante semejante volumen de tareas, sin olvidar los trabajos sobre la reforma de la Constitución y la búsqueda de salidas políticas para recuperar la cohesión territorial en una España plurinacional y multicultural, ¿quien puede bajar los brazos?,¿quien tiene derecho a resignarse a cuatro años más de Rajoy? Los socialistas no debemos renunciar a intentarlo hasta el final, ni tenemos derecho a perdernos en peleas internas que nos lleven al suicidio.

 

 

Odón Elorza / Diputado socialista por Gipuzkoa

San Sebastián, 30 de diciembre de 2015

Publicado en El Diario Vasco el 5 de enero de 2016

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Seis movimientos del PSOE en la partida de ajedrez.

"La situación política del país con tantas personas sufriendo y con su vida plagada de incertidumbres no se asemeja a un frío tablero de ajedrez. Pero quiero aprovechar su vertiente de juego de estrategia para plantear cómo podría desarrollarse el escenario político de los pactos, en un intento de aportar ideas al debate surgido en el PSOE"

1- La reflexión estratégica. Supone asumir que vivimos un nuevo ciclo de la política presidido por la cultura del pacto en la que ha de primar el objetivo de intentar formar un gobierno alternativo al de Rajoy. Exige actuar desde una estrategia coherente que priorice los objetivos sociales y democráticos sin enredarnos en discusiones sobre la autodeterminación -que está fuera de cualquier acuerdo- y que puede ensombrecer el contenido de nuestros compromisos de transformación.

Es un tiempo para el diálogo y la búsqueda de entendimientos para compartir un programa socio-económico que permita salir de la crisis en condiciones de dignidad y justicia social. La gobernabilidad conlleva el precio de una imposibilidad de mantener la pureza de partida para traducirse en un programa mestizo compartido. Porque cometeremos un error si creemos que optamos a una gran victoria frente al desastre. Nuestra batalla se sitúa entre lo aceptable, marcado por los resultados, frente a la resignación del continuismo. No vamos a encontrar una panacea que resuelva los problemas enquistados en años pero sí la solución más adecuada para un tiempo de ruptura con dinámicas antidemocráticas y de avances en la construcción del nuevo modelo social.

2- Jugar al ataque. Los votos a la izquierda -PSOE, Podemos e IU- suman 11,6 millones frente a los 10,7 de PP y C's, sin hacer cábalas sobre la orientación de otras fuerzas "menos sumables". Por tanto, partiendo de la lectura de esta voluntad democrática hay legitimidad para intentar un jaque al rey. Consistiría en un gran pacto de progreso con formación de gobierno de coalición (pactando también cómo tratar, con lealtad al pacto, las diferencias insalvables) frente a la opción de una gran coalición conservadora que patrocina el PP y los poderes económicos. Un coalición continuadora del sufrimiento, la desigualdad y la indignidad. En este escenario, aportar una salida política negociada y legal para Cataluña será decisiva, algo que no parece imposible.

3- Un movimiento no previsto para descolocar. En un tablero en el que nadie hace movimientos audaces y muchos se decantan por cerrar ya la partida, no podría descartarse un acercamiento inteligente entre el PSOE y C's para pactar un gobierno en base a un paquete de reformas legislativas que limara o excluyera aquellas propuestas de C's manifiestamente rechazables en materia laboral y autonómica. Esta jugada, acompañada de una oferta concreta de acuerdos a Podemos, IU y PNV, sin arrinconar al PP en las leyes que deban permanecer por tiempo y en los trabajos de la reforma constitucional, dejaría en difícil situación a más de uno a la hora de votar la investidura de Pedro Sánchez.

4- Superar la tentación del enroque defensivo. El PSOE no puede permanecer sin iniciativa clara viendo las maniobras ajenas en favor de unas elecciones anticipadas con continuidad reforzada para Rajoy. De entrada, porque supone tratar con desdén la voluntad de los electores el 20D. Además, porque unas nuevas elecciones -con su gasto y el desgaste del clima político- ayudarían al PP a mejorar sus resultados de modo que sumara mayoría absoluta con C's, algo que lamentaríamos. Y por último, para no arriesgarnos a obtener un resultado peor si no hemos hecho los deberes en estos dos meses o si se impone la tesis de celebrar un Congreso ahora para cambiar de jinete en plena competición.

Comenzar de nuevo la partida demostraría que la vieja idea de la política se ha impuesto. Que somos incapaces de llegar a acuerdos que contengan programas mestizos -necesariamente por la diversidad política del país- y que no hemos sabido captar el mensaje mayoritario de que debemos entendernos para echar a Rajoy. Es cierto que hay unos cuantos interesados que desde la noche del 20 dan la partida por acabada cuando aún no ha empezado. No les hagamos caso, solo piensan en recontar sus votos, no en atacar los problemas de un país que necesita recuperar la confianza en una política de altura.

5- La jugada maestra de cara al inmediato futuro. Consiste en que Pedro Sánchez sepa usar la astucia y planificar sus iniciativas y contactos en la buena dirección para lograr subir a la tribuna del Congreso a defender su investidura. Será una ocasión de oro para exponer con tiempo y detalle un programa socio-económico para salir de la crisis con un modelo justo y solidario de recuperación. Entonces se vería cuál es la vocación de Podemos en función del sentido de su voto. ¿Sería coincidente con el PP o una abstención escapista para, en todo caso, evitar un gobierno con Pedro Sánchez que iniciara el camino de recuperación del estado de bienestar y la cohesión territorial en una España plurinacional?

6- Las piezas rojas se apoyan unas a otras en el tablero de la partida. La unidad interna del PSOE es una condición imprescindible para abordar esta etapa de investidura sí que quiere, realmente, asumir con responsabilidad el papel de liderar una alternativa al modelo neoliberal de Rajoy y el PP. La controversia provocada nos ha hecho perder credibilidad durante nueve días de declaraciones cruzadas y no puede convertirse en una huida apresurada a los inciertos cuarteles de invierno como oposición, renunciando a avances en la vía de los pactos. No se debe precipitar la puesta en movimiento -antes de tiempo y sin suficientes piezas de apoyo- de la pieza de la dama, con el peligro de perder la partida para siempre.

Resulta clave la unidad de los socialistas, de la mano de la coherencia programática con el contrato ciudadano ofrecido en campaña y del uso de la pedagogía explicativa en cada paso que demos hacia la consecución de un pacto de progreso. No es tiempo de congresos ni de disputas internas, algo que la ciudadanía deplora y castiga y que supondría el suicidio del PSOE. Si las diferencias se centraran en la dirección de los pactos, habría que consultar a las bases socialistas en un ejemplar ejercicio de democracia participativa.

Odón Elorza / Diputado socialista por Gipuzkoa

San Sebastián 2 de enero de 2016

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Es tiempo para el diálogo y no para disputas internas.

No salimos de nuestro asombro los miles de socialistas que asistimos atónitos, sin dar crédito a lo que oímos, a una crisis interna del PSOE en clave de lucha por el poder. Cuando toda la atención, todo nuestro esfuerzo y convicción deberían estar puestos en el cumplimiento de nuestros compromisos electorales.

Unos compromisos vigentes que, tras los malos resultados para el PSOE y la peor aritmética posible en el Parlamento, nos obligan a tratar de conseguir acuerdos con otras fuerzas de izquierda y de progreso. Se trata de salir de una crisis que sigue golpeando a millones de familias, con otro modelo socio-económico que no obedezca a la ideología neoliberal.

¿Cómo es posible abrir una crisis de dirección al día siguiente de la celebración de las elecciones generales con un proceso de gobernabilidad pendiente? ¿Cómo se justifica ante la ciudadanía y ante los electores semejante demostración de irresponsabilidad? ¿A qué vienen esos deseos de suicidarnos cuando la gran mayoría del país nos mira esperando respuestas a sus problemas, a sus justas demandas?

Es verdad que no resultará una tarea cómoda sentarse con Podemos a dialogar, ni sobran ganas de buscar unas bases de entendimiento con los de Pablo Iglesias. En primer lugar, para comprobar si es posible llegar a pactos una vez que fracasen los intentos de investir al candidato Rajoy. Pero estamos en política para eso, sin excusas, en un tiempo en el que ha de practicarse la cultura del pacto.

Se ha puesto final al bipartidismo por errores propios, que van más allá de la crisis económica, y por voluntad democrática de la ciudadanía. Se acabó el tiempo de las mayorías absolutas y de las mayorías amplias. Ahora toca dialogar conscientes de que hay que sumar con los afines, sumar con inteligencia y generosidad intelectual, con mentalidad abierta para buscar soluciones que podamos compartir cediendo todas las partes implicadas. Pactos también transversales en los grandes temas de Estado.

Tengo la dura experiencia de haber participado durante veinte años en los gobiernos de coalición del ayuntamiento de San Sebastián, en medio de un terrorismo que influía en todo y cada día. Sé lo que es liderar una alcaldía durante cinco mandatos, siendo -en ocasiones- segunda y tercera fuerza. Y lo difícil que es pactar con otras dos fuerzas un programa de gobierno para sacar adelante una ciudad crispada y paralizada por el desánimo, el terror y la kale borroka.

Pero nunca nos faltó la pasión por intentarlo y la convicción de que era imprescindible llegar a pactos; algunos cogidos con alfileres, otros sorprendentemente sólidos. Además, aprendimos a pactar las discrepancias para que, en temas tasados, cada grupo, cuidando las formas, pudiera defenderlos para no desnaturalizar su identidad. La experiencia proyectó cultura democrática y funcionó en términos generales. Para ello, en el camino pacté con otras cinco fuerzas políticas, con todas menos con HB.

Por tanto, no comparto la opinión de quienes dan por perdida, de antemano, la batalla de los pactos con Podemos sin intentarlo. No son un impedimento insuperable los fuertes desencuentros y descalificaciones que han existido en los pasados quince meses. Menos aún puedo compartir ningún tipo de exigencias previas (líneas rojas les llaman) a incluir en los acuerdos, ni siquiera para sentarse a negociar.

Es evidente que asuntos como el banderín de enganche electoral de Pablo Iglesias, sobre una consulta vinculante de autodeterminación para Cataluña durante el primer año de gobierno, son un brindis al sol, no negociables por discrepancia absoluta y por imposibilidad legal cierta. Pero no hay que cerrar vías a todo lo demás que es prioritario.

Más allá de asuntos llevados al límite, que deben quedar fuera del pacto, está un gran listado de temas referidos a las pendientes reformas legales sobre régimen laboral y empleo, reforma fiscal, educación, sanidad, dependencia, pensiones, desahucios, sanidad y copago, becas, regeneración institucional y lucha contra la corrupción, reforma local, modelo productivo, respeto a la división de poderes y a la independencia de los organismos reguladores, democracia participativa, parlamento abierto, sistema de libertades, inmigración, subsidios y ayudas a familias y parados de larga duración, plan de vuelta a casa para los jóvenes expulsados, etc.

Ante semejante volumen de tareas, sin olvidar la reforma de la Constitución y la búsqueda de salidas políticas para recuperar la cohesión territorial de una España plurinacional y multicultural, ¿quien puede bajar los brazos?, ¿quien tiene derecho a resignarse? No podemos ser los socialistas los que renunciemos a intentarlo hasta el final.

La ciudadanía que sufre pasará factura a las fueras políticas que dificulten aquel proceso, que muestren que no quieren sentarse a dialogar y dificulten los acuerdos. Porque la alternativa ya la conocemos y se llama cuatro años más de Rajoy como presidente inmoral, de mayor desigualdad aún, de empleo indigno, de exclusión social y confrontación territorial.

Para eso, que no cuenten con los socialistas de convicción.

 

Odón Elorza  /  Diputado socialista por Gipuzkoa

San Sebastián, 30 de diciembre de 2015  /  Publicado en eldiario.es

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¿Y si la militancia decidiera sobre los pactos?

No me parece ninguna barbaridad -ya lo practican en otras latitudes desde hace años- someter a consulta vinculante de toda la militancia socialista la decisión última sobre un pacto con contenidos concretos. Una consulta que sirva para unir y que se plantee por el órgano del PSOE una vez que el deseable proceso negociador se encuentre lo suficientemente avanzado.

Los pactos constituyen el tipo de materias que por su gran trascendencia tendría que decidir el conjunto de los socialistas tras un debate libre y clarificador; tras un debate democrático . Me refiere a cualquier pacto que finalmente considere la polifónica dirección del Partido Socialista.

La función democratizadora y legitimadora de la consulta serviría tanto para culminar un proceso negociador con Podemos - que habría que intentar hasta el amanecer por muy difícil que lo pongan, sobre todo si continúan las líneas rojas y las exigencias previas radiadas a todo el país -, como para someter al veredicto de las bases socialistas una suicida gran coalición o una abstención pactada que permitiera la investidura de un candidato del PP que no reuniera el indecente historial de Rajoy.

Tras el éxito de las primarias para la elección por las bases del secretario general con tres candidatos - hubo otros procesos que resultaron fallidos - el PSOE debe seguir aplicando iniciativas que sirvan para profundizar en la democracia participativa dentro de los partidos. Ayudaría a la recuperación de su prestigio como institución básica de la democracia.

Con estas elecciones hemos iniciado un nuevo ciclo en la historia de la democracia española que debiera servir para regenerar la vida política a partir de la puesta en valor de la cultura del diálogo y el pacto. La consulta a las bases conlleva lo anterior y además devolvería protagonismo a una militancia desanimada y al papel del partido como colectivo.

Sin embargo, la aritmética electoral del 20D y los pronunciamientos poco inteligentes de algunos políticos, en defensa de intereses partidistas y despreciando con su forma de actuar la búsqueda del entendimiento para sacar al país de sus diferentes crisis, nos amenazan con hundirnos en el lodazal de la vieja política.

No entremos de modo obsesivo al trapo de quienes juegan a priorizar sus banderines de enganche electoral frente a una respuesta social urgente -e intelectualmente generosa- a los sufrimientos de millones de familias. No hay nada mejor para que Rajoy se perpetúe que dediquemos tiempo y esfuerzos al señuelo imposible de la autodeterminación.

Sobran los agoreros y los políticos mediocres que apuestan por unas elecciones anticipadas, negando así una regeneración política que se base, ante la diversidad, en buscar el entendimiento y el pacto. Es tiempo para hablar desde la responsabilidad de defender a las victimas del paro y la exclusión, para actuar con pedagogía y sin maximalismos. Es tiempo para trabajar en positivo sobre acuerdos en medidas socio-económicas compartidas, no sobre problemas internos.

Pagará factura quien se dedique a poner barreras insuperables a una vía de esperanza. No tengo derecho a resignarme.

 

Odón Elorza  /  Diputado socialista por Gipuzkoa

Para Infolibre.es  /  San Sebastián 28 dic. 2015

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